CENA BENÉFICA ORGANIZADA POR LA I.O.H. DE CARLOS V.
Por Francisco M. de las Heras y Borrero, Doctor en Derecho y Correspondiente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación.
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| EL Príncipe Alexander – HijO del Rey Chwa II – Saluda a Francisco Manuel de las Heras. |
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| La biznieta del Príncipe Alexander saluda de rodillas al Príncipe Mulondo. |
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| El Príncipe Alexander obsequió a Francisco M. con algunas fotografías históricas. |
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| Francisco Manuel conversando con Muzana María, esposa del Príncipe Alexander. |
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| Detalles de los recuerdos históricos del salón. |
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| Francisco Manuel con las Princesas Evylin Nachwa y Rose Nakamanya. |
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| Francisco Manuel escucha con atención las explicaciones del Príncipe Alexander. |
Ya estaba informado de la concesión por parte del Rey Afroboliviano, D.Julio I, de la Gran Cruz de la Orden del Mérito del Príncipe Uchicho, cuyo diploma acreditativo le anuncio le voy a entregar en ese momento. Noté cómo el viejo príncipe se emocionaba, mientras clavaba fijamente su mirada en la fotografía del Rey Afroboliviano, que momentos antes le había entregado. Interesado, pregunta ciertos detalles de su vida. También le comuniqué lo importante que es para el Rey Afroboliviano entablar contacto con sus hermanos los reyes tradicionales africanos. Me aseguró, agradecido, que el diploma ocuparía un lugar de honor en su salón.
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| El Príncipe Alexander muestra satisfecho los documentos entregados por Francisco Manuel. |
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| La entrevista fue muy animada. |
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| Escudo del Gremio de Halconeros de la Real Caza de Volatería. |
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| Carlos I ( Carlos V de Alemania) a caballo en Mühlberg (Tiziano 1548).Museo del Prado (óleo sobre lienzo). |
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| Federico II Hohenstaufen. |
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| Reyes Católicos. Láminas en tonos verde representando los retratos de Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón. |
Dada por el Señor Virrey de Sicilia en nombre de S. M. Siciliana al Gran Maestro de la Orden Gerosolimitano; y de juramento de Devoto Homenaje prestado por el mismo por medio de su embajador el dia 22 de julio 1.760.- Palermo- junto a Stefano Amato. Con permiso de los superiores.
Habiendo el Gran Maestro de Malta hecho pasar a este puerto la escuadra de sus cuatro galeras, destinando su General y Comendador Fr. D. Pascual Gaetani de Aragona a presentarse a este Señor Virrey, para recibir de sus manos, como procurador de S. M. Siciliana, la investidura de las islas de Malta, Gozzo y el Castillo de Trípoli; y prestar además en nombre de la Religión el juramento de fidelidad y de voto homenaje; adornado a tal efecto el sobredicho Comendador de suficiente poder de procuración; se celebró el día 29 de julio de la forma siguiente:
Envió S. E. el Señor Virrey al Comendador una carroza de seis caballos con dos cocheros, en la cual, el sobredicho Comendador acompañado por el príncipe de Butera, por quien fue también asistido en toda la función, se trasladó al Regio Palacio, acompañado por los más nobles de esta capital así como de la Orden de Jerusalén.
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| Comitiva de una representación de Caballeros de la Orden de Malta, ataviados a la usanza del siglo XVI. Valetta año 2005. |
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| El Halcón Maltés. Valetta 2005. |
Los caballeros del Comendador se quedaron en el salón y los pajes pasaron a la primera antecámara, y a la puerta inmediata a la sala de los alabarderos llegó el Comendador acompañado de dos gentileshombres de S. E. y de allí pasando a la cámara de la audiencia, encontró en la antecámara anterior a los pajes puestos en fila.
Estaba el Señor Virrey bajo el dosel en pie con silla a su espalda, almohadón a sus pies; delante había un pequeño buffete con su almohadón, sobre el cual estaba el libro de los Evangelios con el santísimo crucifijo y a los pies del buffete había otra almohadilla para uso del Comendador, donde arrodillado debía de prestar el juramento.
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| D. Antonio de Castro y García de Tejada recibiendo el Halcón Maltés en nombre de S.M. D. Juan Carlos I . Valetta, año 2005 |
Su excelencia el Señor Virrey estaba asistido por todo el Sacro Real Consejo, situado a un lado del trono. El protonotario estaba a la derecha de S. E. y precisamente delante del buffete sobredicho y al mismo lado, un poco más atrás, estaba el capitán de la guardia de S. E.
Habiendo entrado el Comendador en la cámara de la audiencia, después de las acostumbradas reverencias al Señor Virrey, invitado por éste, subió la pequeña escalera del trono, hizo el cumplido a S. E. que entonces se cubrió e igualmente se cubrieron el Comendador y el Protonotario, juntamente con el Sacro Regio Consejo, habiendo podido haber hecho lo mismo los asistentes que suelen cubrirse delante del Señor Virrey.
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| El Halconero Mayor con el Halcón del Rey. Valetta 2005. |
Después de esto el Comendador expuso la embajada en nombre de la Religión, alegrándose de la sucesión de este reino por la majestad de Fernando IV, nuestro Señor, a lo que correspondió el virrey en términos de gratitud y asegurando el Comendador que se encontraba en todo feudatario al Real trono de S. M.
Después de esto, habiendo presentado el Comendador la cédula del juramento al susodicho protonotario del Reino D. Ignacio Papé Duque de Giampilieri, por orden del Señor Virrey fue leída del tenor siguiente; permaneciendo el Señor Virrey con todo el Ministerio y el Comendador en pie, después de haber entregado su capelo al portero de la cámara:
Yo fray Pascual Gaetani de Aragona, Prefecto General de las armas marítimas de la Orden, procurador y nuncio especialmente destinado para estas cosas, por el eminentísimo y reverendísimo Señor fray Manuel Pinto, Gran Maestro de la sagrada casa del Hospital de Jerusalén y a todos los sucesores en el maestrazgo, a toda la Orden y al convento de la misma casa y a mí mismo y a Vos ilustrísimo y Excelentísimo don Juan Fogliano de Aragona, Marqués de Pellegrino y Valdemozola, Barón de Vico, Ponte, Alvarola, Riva y Carmiano, Señor de Castrinovi y Vichizolo,etc., Caballero de la Real Orden de San Genaro, Comendador en la Constantiniana de San Jorge, con sala y ejercicio de su sagrada Real Majestad; en este reino de la Sicilia ulterior y las islas adyacentes Prorrey y Capitán General, y en esta (Palermo), representando la persona de la sagrada regia Majestad FERNANDO, rey invictísimo de ambas Sicilias y Jerusalén, solemnemente presto y prometo juramento de homenaje y fidelidad según la forma del Privilegio por Dios y la cruz del Señor Nuestro Jesucristo y sus sagrados cuatro Evangelios, tocados por mí corporalmente, por las almas de mis principales, y de mí mismo, (prometo) tener, luchar y reconocer el Feudo noble, libre y franco, conforme a los pactos y condiciones contenidos en el Privilegio de la concesión hecha por la cesárea Majestad de Carlos V Emperador de romanos, dada en Castello Franco el día 23 de marzo de la tercera Indicción 1530; ejecutado en la ciudad de Messina el día primero de junio de predicha tercera Indicción; y por la católica Majestad de Felipe II rey de las Españas, de las Dos Sicilias y Jerusalén, etc. dado en Bruselas de Brabante el día 27 de junio, de la segunda Indicción de 1559; ejecutado en Palermo el día 14 de febrero de la tercera Indicción de 1560 por la misma sacra regia Majestad, y después de él felices y luengos días a los sucesores en el reino; concedidas las islas de Meliveti y Gaudisi, y también la ciudad y el castro de Trípoli, al dicho gran maestro, a los sucesores y al convento predichos, por la dicha cesárea Majestad de Carlos V emperador de los romanos. Y también se tenga relación de observar todas y cada una de las cosas que se contienen en concreto en el cesáreo y regio Privilegio de la cesión del mismo.
Estando presentes para toda y cada una de estas cosas, el ilustre marqués Don Vincencio Natoli, presidente del Tribunal regio del patrimonio, el ilustre marqués Don Angelo Cavalcanti Consultor de S. E., y el ilustre marqués Don José Asmundo Paternó Presidente del Tribunal del consistorio de la sacra real Conciencia, y otros muchos en número suficiente. Acabada la lectura y arrodillado el Comendador delante del buffete y puestas sus manos sobre los Evangelios, y la cruz, prestó el juramento de fidelidad y de voto homenaje, conforme a la susodicha fórmula de la Cédula respondiendo ASÍ LO JURO, y besando los Evangelios y la cruz.
Con la circunstancia que después de tan solemne función, el Comendador estaba adornado del Poder para la presentación del Tributo anual del Halcón, que solía practicarse el día primero de noviembre, y que en esta ocasión era presentado anticipadamente (el halcón) en nombre del Gran Maestro al Señor Virrey, que tomándolo en su mano ( como era costumbre hacer en nombre del Católico rey de las Españas), de nuevo respondió en términos de gratitud.
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| Portada del último núm. de la Revista. |
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| Artículo dedicado a nuestra Casa Troncal. |
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| Portada de la Obra. |
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| Frachada del Monasterio de Franciscanas Descalzas de Jaén |
Este don Juan, por escritura de 22 de julio de 1602 ante Juan Morales, asegura que, dado que don Diego de Ceballos fundó en tiempos pasados un patronato que reformó posteriormente por otra escritura ante Miguel Milán el 20 de mayo de 1580, señalando por patronos a su sobrino don Bernardo de Ceballos y a los descendientes de éste, y también a don Melchor de Soria y Vera su padre; y por cuanto don Bernardo Ceballos había fallecido sin descendencia ni generación ninguna, el patronato le pertenecía al otorgante como hijo primogénito de su padre; y por cuanto en la fundación no se fija iglesia ni altar donde decir las misas, ni se fijaba residencia para los capellanes, en uso de las facultades que como patrón le corresponden señala por iglesia la de San Bartolomé, en la que radica la fundación de su padre, en el altar primero de la derecha, entrando por la puerta que linda con las casas de su morada, y el capellán estará obligado a residir y servir en dicha iglesia todos los días de las Pascuas de cada año, y servir en el coro de la misma; y si tal capellán tiene algún impedimento, sea cual fuere, éste podrá nombrar otro sacerdote que le sustituya en sus obligaciones. Y como primer capellán nombra a su hermano don Diego, presbítero y beneficiado.
8.– Melchor de Vera (Soria) y Aguilar. Primogénito del anterior por varonía, nació en el año 1609. También fue llamado Melchor de Vera Aguilar y Villavicencio. Ostentó el cargo de caballero veinticuatro de nuestra ciudad, por real cédula de 15 de agosto del 1643. Caballerizo de su majestad, y familiar del santo oficio de la Inquisición en Jaén, falleció el año de 1650 habiendo testado ante Salvador de Medina el 9 de febrero de 1648.
Estuvo casado con doña María Isabel de Haro Porcel y Benavides, natural de Baeza, hija de los señores Alonso de Haro y Porcel, caballero del hábito de Santiago, nacido en Baeza, y de doña Felipa de Ortega Carvajal y Benavides, que era de Úbeda. Fue vecino de la feligresía de San Bartolomé, y testó ante Cristóbal de Mírez Hortuño. Fueron padres del presbítero y arcediano del cabildo catedralicio don Juan de Vera y Haro, y de doña Francisca, (nacida en 1629), que estuvo casada con don Fernando de Cerón y Girón de la Cerda.
9.– Francisco de Soria y Vera Aguilar. Caballero veinticuatro de Jaén, e hijo de don Juan de Soria y Vera y doña Francisca Juana de Aguilar ya citados, contrajo matrimonio en San Ildefonso el 18 de septiembre de 1639 con doña Agustina Gutiérrez de Figueroa y de los Ríos, hija del que fuera jurado, veinticuatro y rico–hombre don Martín Gutiérrez de Figueroa y de doña Catalina de los Ríos, dueños y moradores de la casa–palacio desaparecida hace muchísimos años que estaba sita en la calle Marina Díaz (después de Cruz Verde y de las Cumbres), en la que habitaron con posterioridad los Quesada, condes del Donadío sus descendientes.
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| Techumbre y espada del Monasterio. |
Fue su única hija doña Francisca Antonia de Vera y Figueroa, casada el 19 de mayo de 1660 en la iglesia de Santiago con don Fernando Antonio de Quesada y Ulloa, caballero veinticuatro y del hábito de Calatrava; éstos fueron padres de Francisco Antonio Ignacio, de Alonso y de Félix, y al primogénito le fue concedido el título de conde del Donadío de Casasola el 24 de mayo de 1713 aunque el real despacho se extendiera a su bisnieto.
10.– Incido ahora en la figura de Melchor de Vera y Aceves que he mencionado anteriormente en el epígrafe número 6, quien fue sobrino de nuestro obispo de Troya e hijo de don Tomás (el diputado por los arneses de la ciudad de Soria) y de doña Francisca del Salto; contrajo dos matrimonios, ambos en la parroquia de Santa Cruz, hoy desaparecida, en la calle de su nombre. Fue caballero del hábito de Santiago y veinticuatro de Jaén, y su tesorero de alcabalas.
El primer enlace se produjo el 26 de julio de 1628 con su pariente doña Catalina de Vilches y Vera, hija de don Cristóbal de Vilches y Coello también de nobles linajes giennenses y de doña Leonor de Vera, y fueron velados en dicha parroquia el 22 de enero de 1631. La boda había sido celebrada primeramente el 2 de enero de 1627 en dicha iglesia parroquial, pero fue anulada por no tener don Melchor edad suficiente. Doña Catalina de Vilches falleció sin testar el 5 de abril de 1634, y recibió sepultura en su panteón familiar del convento de Santa Clara.
El segundo casamiento tuvo lugar el domingo 10 de septiembre de 1634 con doña María Catalina de Contreras Torres, hija de don Gonzalo de Contreras Torres y de doña Isabel Ana de Contreras Vera. Esta señora, siendo viuda, otorgó escritura de transacción de bienes con su propio hermano Melchor de Contreras, en los años de 1667 y 1670 ante Cristóbal Mírez Hortuño, el mismo que escrituró su testamento cerrado el 2 de septiembre de 1676. Este testamento fue abierto el día de su fallecimiento en presencia del alcalde mayor don Blas de la Torre, a requerimiento de uno de los albaceas; en él doña María Catalina de Contreras había dejado dispuesto ser enterrada en la capilla mayor del convento de franciscanas de la primera regla de Santa Clara (Bernardas), que había fundado el obispo de Troya don Melchor de Soria Vera tío de su marido, pero no lo logró. Era hermana terciaria franciscana, por lo que había de ser amortajada con el hábito.
La principal heredera de su esposo había sido su tía doña Leonor de Vera Vilches viuda de don Cristóbal de Vilches Coello, ambos matrimonios sin descendencia, al no haberla habido de doña Catalina la primera cónyuge, hija de éstos, por lo que doña Leonor instituyó como heredera a esta doña María de Contreras, por su testamento ante Cristóbal Mírez de 25 de noviembre de 1659, que fue abierto el mismo día de su fallecimiento. Su dote se otorgó ante Diego de Herrera, cuyos protocolos están perdidos.
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| Lateral del Monasterio. |
También heredó a su hermano el general y capitán general de la flota de Nueva España don Mendo de Contreras Torres, por su testamento de 7 de febrero de 1670 otorgado ante Cristóbal de Mírez.
Y por no tener hijos, funda un mayorazgo vinculado “a Fuero de España”, con todos sus bienes libres que eran varias casas, entre ellas las de la calle Cerón donde habitaba, que daba a las espaldas con los álamos de San Francisco, varias fincas en Guadalla y Fuentezuelas y varios juros que rendían unos ciento cincuenta mil maravedís anuales, llamando en primer lugar para su goce y posesión a sus tres sobrinos, cada uno en su tiempo: Gonzalo, Melchor Mendo y Diego Antonio de Contreras Torres, los tres hijos ilegítimos reconocidos por su hermano el referido don Mendo, y por este orden y para ellos y sus descendientes, aunque el tercero de ellos era canónigo en Jaén; y si fuera necesario en cuarto lugar nombra a los hijos de don Fernando de Contreras Salto que falleció en Lima, su resobrino, hijo de don Diego Antonio de Contreras Salto su primo hermano. Previene otros llamamientos para caso necesario.
Voy a continuar con la relación de una rama muy singular de la que acabo de citar sus nombres dentro del círculo de los Soria Vera, pero algo más alejada cronológicamente de nuestro obispo de Troya.
11.– El citado Diego Antonio de Contreras Salto desciende directamente de la estirpe de un Melchor de Contreras Vera que habitó ya en la colación de San Andrés en el siglo XVI. Nació este don Diego en el año 1598 en Jaén según se desprende de su expediente matrimonial y se casó con su pariente doña María de Mendoza Molina de la Cueva; matrimonio celebrado en la parroquia de Santa Cruz el 4 de julio de 1617; de este matrimonio nacieron Fernando, Juan, Melchor y Pedro. Don Diego Antonio fue veinticuatro de Jaén, pero hubo de renunciar al cargo y huír de España acusado de haber dado muerte a don Alonso de Vied¬ma, también caballero veinticuatro. No le fue mal en ese exilio, porque don Diego alcanzó a ser maestre de campo de nuestros ejércitos en Europa y después gobernador de las Collaguas, en Perú . De los cuatro hijos que tuvo sólo nos llegan algunas noticias del primero y muchas del último. Los otros dos, Juan y Melchor, sin duda murieron poco después de nacer o en su primera juventud, porque nunca se vuelve a hablar de ellos.
Aunque tenemos solamente algunas referencias del primero llamado Fernando, conocemos con muchos detalles la biografía del último llamado Pedro, y deseo detenerme en éste para poner punto final al presente capítulo. Dicha abundancia de noticias aparece manuscrita en la parte posterior del primer Libro de Difuntas que hemos podido leer en el archivo del monasterio de las carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús de Jaén .
Ahí se habla de doña María de Mendoza y de los «muchos trabajos con que crió a sus ijos que fueron dos : el maiorazgo que pasó a los estados de Milán en busca de su padre y después a Indias donde se casó y dejó suçesión», y don Pedro que «biéndose ya de edad para poder por sí balerse i remediar a su madre, determinó yrse a la guerra en busca de su padre y ermano, para ber si por sí o por los muchos serbiçios que a el Rei abían echo podía traer algún remedio a su afligida madre».
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| Imagen de Santa Isabel de Hungría. |
12.– Fernando de Contreras del Salto, hermano del citado don Pedro, fue el primer hijo de don Diego. Nació en Jaén y falleció en Lima. Fue caballero del hábito de Santiago y se casó con doña María Bernarda Sandoval y Rojas, de apellidos ilustres. Tuvieron dos hijos: Diego y Cristóbal. El primero de estos dos, Diego de Contreras Salto Sandoval y Rojas, nació en la ciudad de Lima y se trasladó a Jaén en donde se casó en la parroquia de Santiago el 8 de septiembre de 1688 con doña Juana Melchora de Contreras Talavera, hija de don Pedro de Contreras Arellano, caballero de la orden de Santiago y veinticuatro de Jaén, y de doña María Jerónima de Talavera. NOTAS.
13.– Don Pedro de Contreras Salto nació en Jaén hacia el año 1625, y en Jaén murió el día de Todos los Santos, primero de noviembre de 1681, después de haberse dado una vuelta por el mundo. Como he dicho antes, sus padres fueron don Diego de Contreras Salto y doña María de Mendoza y de la Cueva, pertenecientes ambos a familias muy ilustres. Pero su padre Diego de Contreras tuvo que huír de España después de haber dado muerte a otro caballero, como he indicado; se instaló en Italia y parece ser que nunca más volvió a su patria. En el primer Libro de Difuntas leemos que su esposa
«quedó por la ausençia de su marido, que le ocasionó la muerte de un caballero a quien mató, con pocas conbeniençias y muchos trabajos con que crió a sus hijos que fueron dos» .
Don Pedro había comenzado los estudios eclesiásticos, pero con el deseo de dejar de ser una carga para su madre cerró los libros y se fue detrás de su hermano, también con la intención de encontrar a su padre. No sabemos si dio con él, pero sí que se alistó como soldado al servicio del rey, y empleó todo su valor con la esperanza de hacer fortuna en el ejército y ayudar a su madre. Siguiendo este género de vida «gastó mucho tienpo y con grandes bitorias y singular balor, que lo tubo grandísimo, a que le aiudó mucho su natural determinado, animoso y de enpeño para qualquier ocasión» .
Con el pensamiento de su pobre madre sola en Jaén, regresó a esta ciudad; pero no encontró ayuda ni entre amigos ni entre los familiares más adinerados e influyentes que lo menospreciaban por pobre, y «biendo que no podía conforme su calidad sustentar su casa, por estar su açienda mui enpeñada y él mui dado a los gastos y ocasiones de su edad en que fue mui dybertido» , se volvió al ejército y así comenzó a prosperar hasta reunir un sólido capital. Regresó de nuevo a Jaén en los comienzos del año 1670 con toda su riqueza para especular con ella, con la que ganó considerables beneficios. Calmados los ardores especulativos de los primeros años después de su regreso a Jaén, decidió emplear parte de su hacienda «en serbiçio de Dios» pero ayudando desde el primer momento a su madre «a quien guardó sienpre mucho respeto». Viéndole ahora así de próspero, sus familiares sí lo reconocieron, pero él,
«aunque no benía desengañado, conoçiendo que quando pobre no le abían sus deudos faboreçido siendo sienpre el mismo, se fue retirando de todos y de algunos casamientos que su madre le traba
Desde que regresó de América advertimos que don Pedro quiere invertir en Jaén algo del dinero que ha traído de aquellas lejanas tierras, y este hecho queda reflejado en un sinfín de escrituras. Hace algunas inversiones en tierras y casas que paga siempre al contado, pero sobre todo se dedica al negocio de prestamista.
Fue entonces cuando entró en conocimiento de las carmelitas descalzas de Jaén que acababan de comenzar la obra de la iglesia. Su relación con la comunidad se extiende desde 1673 a 1681, y en la asignación de méritos como benefactor, él se lleva muchos de los triunfos. Mandó que un renombrado artífice, cuyo nombre desconocemos, le tallase una imagen de la Purísima Concepción a la que llamaba «mi Mayorazga» que hoy preside el centro del retablo de la iglesia de las carmelitas descalzas de Jaén, en la que puso su corazón desengañado ya de todas las cosas del mundo.
A mediados de 1673 las carmelitas descalzas de Santa Teresa se dirigieron a don Pedro de Contreras para preguntarle si eran ciertos los rumores de que él estaba dispuesto a contribuir con su caudal para pagar ciertos gastos de la obra; que ellas ya tenían mil ducados de un préstamo del licenciado Lázaro de Cachiprieto, pero necesitarían más. Como respuesta, don Pedro les donó desinteresadamente quinientos ducados, y algo después, también para la obra, le regalaría otros cien a Eufrasio López de Rojas con el que le unió una honda amistad desde ese momento. Además de esto, en 1678 al finalizar la construcción de la iglesia entregó a la comunidad para embellecerla todas las alhajas, lámparas y candelabros de plata y otros valiosos objetos de culto. Y no contento con esto, contrató y costeó el magnífico retablo y las pinturas, y colocó en él su imagen predilecta de la Purísima Concepción, su Mayorazga tal como hoy puede contemplarse.
«Quando trajo a nuestra Señora, demás de el retablo trajo una lánpara de plata mui grande, dos arañas, çiriales, quatro candeleros, dos atriles, un açetre , un cáliz y anpolletas, todo de plata y de egçelente echura cuios pesos i otras circustançias están en el Libro de Sacristía» .
En los comienzos del año 1681 empezó a perder la salud y pasado el verano se vio precisado a guardar cama durante los meses finales, hasta que murió hacia las dos de la madrugada del día de Todos los Santos, primero de noviembre de ese mismo año. Mandó que lo enterrasen con el hábito carmelitano en cualquier lugar que quisieran sus hermanas, que así llamaba a las religiosas, y éstas cumplieron sus deseos depositando sus restos en un nicho dentro de la clausura, con licencia que dio el definitorio, siendo general de la orden fray Silvestre de la Asunción.
La necrológica que la cronista carmelitana escribió en el momento de su muerte y enterramiento retrata perfectamente la imagen de un caballero cristiano:
«Era de grandísimo entendimiento y ablaba con tal confiança de Dios y de su misericordia que era un sermón oírlo discurrir en éstas y otras qualquiera materias, porque para todo tubo gran talento. Diose a leer buenos libros. Trató de oraçión en que le dio nuestro Señor mucha conformidad con su boluntad, y desengaño de todas las cosas de mundo y vanidad».
Don Pedro de Contreras Salto en su testamento dejó por herederas de toda su fortuna a las religiosas del convento, después que fallecieran su madre y su tía doña Inés de Mendoza y Molina, que todavía vivían, para que las dos ancianas lo pasaran holgadamente hasta su muerte. Y así como don Melchor de Soria Vera fundó el monasterio de franciscanas clarisas en Jaén, su descendiente don Pedro de Contreras, aunque fuese en mucha menor cuantía, contribuyó en el último cuarto del mismo siglo XVII al ornato y mantenimiento del monasterio de carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús, en esta misma ciudad.

Obra de D.Manuel Morales Borrero “El Franciscanismo y el Monasterio de Franciscanas Descalzas de Jaén (Bernardas) en la primera mitad del siglo XVII”.
(1) A.H.D.J., sección Expedientes Matrimoniales, legajo 515–B.
(2) A.H.P.J., legajo 1535, fol. 808r, y legajo 1539, fol. 580r.
(3) Archivo del Monasterio de Santa Teresa, Carmelitas descalzas de Jaén (A.M.S.T.), primer Libro de Difuntas, parte posterior, págs. 298–297 (La numeración de estas páginas va en orden descendente, porque el libro ha sido numerado partiendo lógicamente de la primera cubierta, dejando en blanco el vuelto de cada hoja).
(4)Debe entenderse que eran dos los que seguían vivos, porque realmente fueron cuatro.
(5)La historia de este personaje ha sido estudiada, tomando las fuentes antedichas, y publicadas en el conocido libro El Monasterio de Santa Teresa de Jesús, Carmelitas Descalzas de Jaén. Historia Documentada. Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 1999, págs. 167–175. De ahí la recojo yo.
(6)A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, pág. 298. Dice que sus hijos fueron dos; se entiende que fueron dos los que sobrevivieron, pero realmente tuvo cuatro hijos, como he dicho anteriormente.
(7) A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, pág. 297.
(8) A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, págs. 297–296.
(9)A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, pág. 296.
(10) Un siglo después, en 1783, las carmelitas descalzas encargaron otro nuevo retablo, que es el que vemos hoy, pero aprovecharon las pinturas y otros elementos, como la imagen de la Virgen que había en el primero.
(11) «El hisopo con que se echa el agua bendita, por la semejança que tiene con el cetro; aunque se toma comúnmente por el caldero del agua bendita», Vid. Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española.
(12) A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, pág. 286.
(13) A.M.S.T., primer Libro de Difuntas, pág. 291.
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| Escudo en Piedra de D.melchor de Soria y Vera. |
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| Escudo de la Orden Franciscana. |
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| Escudo en esmaltes de D. Melchor de Soria y Vera. |
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| D. Melchor de Soria y Vera, Obispo de Troya. |
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| Portada de la Obra. |