Plaza Mayor n° 6, Soria, España

Doce Linajes de Soria

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7 01, 2011

EL ENIGMA DE MAXIMILIANO DE MÉXICO ( 2ª Parte).

Por |2020-11-13T03:48:42+01:00viernes, enero 7, 2011|

El fusilamiento de Maximiliano aquel 19 de junio de 1867 se produjo conjuntamente con el de sus dos fieles generales, Miguel Miramón y Tomás Mejía, que murieron al grito de «¡Viva el Emperador!». Su esposa, la emperatriz Carlota, sacada a la fuerza del país y completamente loca, tuvo que ser encerrada en un castillo de los alrededores de Bruselas, donde vivió hasta su muerte, acaecida en enero de 1927, en la creencia que no había abandonado México. «¡No, no abdicaremos jamás!», se le oía gritar frecuentemente a la desgraciada.
Bandera y Escudo del Imperio Mejicano.
DUDAS Y CONTRADICCIONES EN LA MUERTE DE MAXIMILIANO.
Una vez fusilado Maximiliano, las autoridades se toman un mes en redactar el acta oficial de defunción, que se inscribe en el Juzgado del Registro Civil de Querétaro (Acta número 716 de 18 de julio de 1867). Allí consta escuetamente que «Fernando Maximiliano José falleció en el Cerro de las Campanas, según oficio de la Comandancia, el 19 de junio próximo pasado, a las siete de la mañana». En nota marginal se consigna que «por orden del Gobierno de esta fecha se quedó el cadáver depositado en el Palacio del mismo». Los datos generales, según el Juez del Estado Civil, J.A. Santos, que suscribió el documento, «fueron tomados del periódico de la Capital titulado El Globo, por no haber otros datos». La inscripción del acta de defunción se realiza, pues, en base a un escueto oficio de la Comandancia de un mes atrás, en el que solamente se dice que a las siete y cinco minutos de la mañana del 19 de junio de 1867, en cumplimiento de la sentencia del Consejo de Guerra fueron pasados por las armas los reos «Maximiliano de Austria, llamado el Emperador de México, y sus generales Tomás Mejía y Miguel Miramón».
Cerro de las Campanas, Lugar donde supuestamente fue fusilado Maximiliano I.
Tras la lectura de este documento, forzoso es preguntarse: ¿por qué esa escasez de datos documentales y escasísima descripción del luctuoso hecho?, ¿por qué tanta tardanza y dilación en ejecutar unos trámites que por la importancia del personaje y la presión internacional deberían haberse ejecutado de inmediato?, ¿por qué el juez ni siquiera pudo ver el cadáver de la persona cuya muerte acababa de inscribir en el registro civil?
Rolando Deneke, salvadoreño que ha investigado a fondo este tema, pone de manifiesto ciertas incongruencias en el supuesto fusilamiento de Maximiliano. Así, se extraña de que la ejecución fuese privada y no pública, como exigía la legislación de la época. Además, el pelotón de fusilamiento estaba compuesto por soldados de una región alejada de la capital que no conocían al emperador. Por otra parte, la ejecución fue retrasada en dos ocasiones.
Las peticiones de clemencia que todas las potencias mundiales dirigieron a Juárez fueron unánimes. El escritor francés Víctor Hugo y el general italiano Garibaldi, ambos señalados antimonárquicos, escribieron al presidente mexicano pidiéndole que perdonara la vida al emperador. ¿Lo hizo realmente Juárez, pero, cubriéndose las espaldas ante sus huestes, teatralizó un simulacro de fusilamiento?
Maximiliano era un elevado grado de la masonería, al igual que Juárez. El juramento masónico prohíbe matar a un hermano. La masonería internacional bien podría haber intervenido para salvar, en el último momento, la vida del desdichado archiduque.
Estudiando detenidamente la documentación del proceso instruido, hemos identificado entre el papeleo originado durante la celebración del juicio que Maximiliano mantuvo un enigmático contacto epistolar directamente con Benito Juárez. A la media noche del 25 de mayo de 1867, el emperador solicita al juez instructor permiso, que le es concedido, para escribir una carta al Presidente de la República. El contenido de esa carta, según la versión oficial, se nos antoja inocuo y ridículo. En ella escribe Maximiliano que «no conociendo bastante el idioma español en el sentido legal, deseo que en el caso de que mis defensores lleguen un poco tarde, se me conceda el tiempo necesario para mi defensa y arreglo de mis negocios privados».
Un trámite de técnica procesal tan simple no era preciso someterlo al más alto dignatario del estado. Somos de la opinión de que esa «carta pantalla», que quedaría registrada entre los legajos del proceso, iba acompañada de otro escrito de mayor calado y profundidad, en el que posiblemente Maximiliano, respondiendo a una oferta de Juárez, hiciese una formal promesa al caudillo republicano, comprometiéndose a desaparecer de la vista de todos y para siempre, si se le perdonaba la vida.
En esta misma línea, y para ratificar lo declarado en la carta realmente remitida a Juárez, al día siguiente, 26 de mayo, Maximiliano vuelve a escribirle, dándole el tratamiento de Señor Presidente, comunicándole su deseo de «hablar personalmente con usted de asuntos graves y muy importantes al país». ¿Quería de esta forma Maximiliano tranquilizar a Juárez sobre el cumplimiento de su palabra?
Pero esto no es todo. Estando prevista la ejecución de los reos para la tarde del 16 de junio, el General Escobedo, responsable en Querétaro de la custodia de los prisioneros, recibe un telegrama urgente en el que se informa de que «se ha confirmado la sentencia del Consejo de Guerra y se ha ordenado la ejecución en la tarde de hoy». Se manifiesta, así mismo, que el gobierno ha rechazado la gracia del indulto «después que ha tenido sobre este punto las más detenidas deliberaciones», pero, sorprendentemente, decreta un nuevo aplazamiento, el segundo, «para que los sentenciados tengan el tiempo necesario para el arreglo de sus asuntos», ya que «el Ciudadano Presidente de la República ha determinado que no se verifique la ejecución de los tres sentenciados, sino hasta la mañana del miércoles diez y nueve del mes corriente».
Benito Juarez.
Vemos, pues, cómo el propio Benito Juárez es quien paraliza la ejecución nuevamente por espacio de casi tres días. Decidido como estaba a hacer cumplir, aparentemente, la sentencia del Consejo de Guerra, y dada la enorme presión internacional y el desgaste a que estaba siendo sometido el régimen mexicano, ¿qué sentido tenía ese nuevo aplazamiento que más que beneficiarle le perjudicaba al prolongar una tan incómoda situación a los ojos de la comunidad internacional? En ningún sitio queda constancia del «arreglo de los asuntos» que hicieron los reos en esos días. ¿Qué estaba sucediendo en la realidad? Benito Juárez mató al Emperador de México, pero, tal vez, no a Maximiliano de Habsburgo.
Para complicar más los hechos, en aquellos momentos surgieron serias dudas sobre la identidad del cadáver de Maximiliano. Inmediatamente producido el supuesto fusilamiento del emperador, Austria reclama la entrega de su cuerpo, a lo que Benito Juárez hace oídos sordos. Ante la presión de los austriacos, envía una fotografía. La corte austriaca insiste en recibir el cadáver del emperador, a lo que México responde con el envío de una segunda fotografía, sorprendentemente, con la imagen de una persona distinta a la primera. Y eso, pese a que Austria había reconocido políticamente al gobierno republicano, condición impuesta por Juárez para el envío del cadáver. ¿Quería Benito Juárez imponer esta pesada condición para poder liberarse de la obligación de enviar un cadáver inexistente?
Ante tanta insistencia austriaca, finalmente fue devuelto, seis meses después, el cuerpo del emperador. El cadáver, que se entregó a Austria en enero de 1868, no tenía ningún parecido con el del emperador Maximiliano. Su madre, cuando lo vio, exclamó: «¡Este no es mi hijo!».
Maximiliano sin vida, y sin sus verdaderos ojos.Fotografía tomada en Viena.
 El cuerpo tenía la piel morena, ojos negros y nariz aguileña. Maximiliano era de piel blanca, ojos celestes y nariz recta. Ante la demanda de explicaciones de unos austriacos furiosos, el gobierno mexicano responde que al fusilar a Maximiliano los ojos se le habían dañado y, para no mandar el cadáver sin ojos, tomaron los negros y de vidrio de una imagen de la Virgen Dolorosa de la capital mexicana. La archiduquesa Sofía de Austria, madre de Maximiliano, no se tragó esta historia y hasta la fecha de su muerte continuó diciendo que el cadáver enterrado en la cripta imperial del Convento de los Capuchinos de Viena no era el de su hijo.
Tumba de Maximiliano.
JUSTO ARMAS: POLÍGLOTA, ELEGANTE, CULTIVADO…Y DESCALZO.
Así pues, la presunción de que Maximiliano no fue ejecutado en el Cerro de las Campanas no es superflua ni baladí. Siguiendo esta hipótesis, Rolando Deneke sostiene que la solidaridad entre hermanos masones se impuso. Maximiliano conserva la vida mediante un pacto de silencio y, ya en la clandestinidad, busca en El Salvador el apoyo del Capitán General Gerardo Barrios, también masón. Nosotros pensamos que, en efecto, es muy posible que Maximiliano recurriese a la ayuda de sus hermanos masones centroamericanos, bien situados en lo más alto de la sociedad de la época, pero, desde luego, Gerardo Barrios, como sugiere Deneke, no pudo prestarle esa asistencia, pues había fallecido en 1865, dos antes del fin del imperio mexicano.
Fotografía que muestra el gran parecido entre Justo de Armas y el Emperador Maximiliano I.
En todo caso, en 1871 se puede ya situar con total certeza la presencia de Justo Armas en San Salvador, cuando participó en una donación de dinero para las fiestas patronales, cuatro años después del supuesto fusilamiento del emperador Maximiliano.
Justo Armas, acogido desde su llegada por familias de la alta sociedad del país, destacaba por ser una persona culta, elegante y por hablar fluidamente varios idiomas, entre ellos el alemán. Pero la característica más sobresaliente que le hizo famoso fue que siempre andaba descalzo. Según su propia versión, esto era en cumplimiento de una promesa a la Virgen del Carmen por haber salvado su vida en grave peligro de muerte durante un naufragio (¿el hundimiento del imperio mexicano?).
Don Justo vivía desahogadamente de los beneficios de su empresa de alquiler de servicios de banquetes y de los honorarios de sus clases de protocolo. Aunque de forma discreta, siempre formó parte de los círculos más exclusivos del país. Vivía en una casa de su propiedad, rodeado de docenas de auténticos objetos que habían pertenecido al emperador Maximiliano (juegos de café, vajillas, etc), sin que se sepa muy bien cómo pudieron llegar hasta allí. Además, su parecido físico con el emperador era, realmente, asombroso.
Rolando Deneke cuanta que en 1914/1915 Justo Armas recibió la visita de dos emisarios del gobierno austriaco, rogándole que regresara con ellos a Viena para asumir su «legítima posición», a lo que éste se negó con firmeza. “Hemos venido – manifestaron los austriacos- con el único propósito de llevarlo a usted con nosotros a Austria. Usted es el legítimo heredero del trono, su hermano el emperador Francisco José está gravemente enfermo. Es por eso que es necesario que nos vayamos cuanto antes”. Don Justo Armas contestó así a la propuesta de los embajadores: “La persona a la que ustedes se refieren es precisamente la que me hizo firmar en contra de mi voluntad un pacto en el que yo y mi descendencia renunciábamos al reinado. Yo soy un hombre viejo, estoy cansado y lo único que quiero es que me dejen en paz”. Acto seguido, abrió la puerta y salió dando un portazo. Esta conversación se desarrolló en alemán. Doña Fe Porth, alumna de protocolo de don Justo Armas e hija de los dueños del hotel donde se celebró el encuentro, entendía perfectamente el alemán y escuchó sin ningún problema, apostada detrás de la puerta, lo que se hablaba en la habitación.
Dña. Fe Porth.
La vida sentimental de Justo Armas transcurría, igualmente, con suma discreción. Con cierta regularidad recibía la enigmática visita de una tal Hermana Trinidad, que trabajaba en el Hospital Rosales, de San Salvador, y que, al parecer, no era otra que «La Paloma», bella y distinguida dama mexicana, amante, según se dijo, de Maximiliano durante su periplo imperial, la cual se habría hecho monja tras la supuesta muerte del emperador y lo había seguido hasta San Salvador.
En una próxima entrega, presentaremos a los lectores nuestra conclusión sobre este apasionante enigma.
Dr. Francisco M. de las Heras y Borrero, Presidente de la Junta de LInajes de esta Casa Troncal.
6 01, 2011

«ACERCA DE LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA DISOLUCIÓN DE LA COFRADÍA DE SAN JORGE DE PALMA».

Por |2020-11-13T03:48:42+01:00jueves, enero 6, 2011|

Un Caballero mallorquín, amigo de estas páginas, nos remite este pequeño pero interesante artículo, que queremos ofrecer a nuestros lectores como entrada del día de hoy.
Del mismo  modo les invitamos a participar con nosostros remitiéndonos cualquier artículo, noticia o evento que estimen de interés.
“Confraria de Nostre Senyor Sant Jordi”.
La peripecia vital, con las sucesivas reorganizaciones, y, especialmente los motivos que dieron causa a la disolución de la “Confraria de Nostre Senyor Sant Jordi”, o Cofradía de San Jorge, de Palma de Mallorca, ente corporativo aglutinador de la nobleza de la Ciudad de Mallorca (posteriormente Palma, y más recientemente Palma de Mallorca), representa un adecuado reflejo de la naturaleza y carácter mallorquines (tan desapegado y abúlico por lo general y apasionado hasta el conflicto en otras ocasiones), que quizá merezca un breve escrutinio al lector, al amparo de esta página que tan amable e inmerecidamente me presta la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.



San Jorge matando al dragón, propiedad de la antigua Cofradía.



El establecimiento y fundación de la Cofradía se retrotrae, tras la conquista de la isla y la ciudad de Mallorca por el rey En Jaume (posteriormente Jaime I de Mallorca), acontecida en 1229, a los tiempos del Rey Juan II de Aragón quien, mediante privilegio otorgado en Fraga en 1460, constituye dicha Cofradía bajo la advocación del santo patrón de la caballería.
Rey En Jaume ( Rey Jaime I).
La Cofradía de San Jorge constituyó lo que en la actualidad llamaríamos una «corporación nobiliaria» a la que, de manera recurrente, se adscribieron aquellos miembros integrantes del estamento noble del reino, compuesto por Nobles, caballeros o donceles y, finalmente, ciudadanos militares, sin que, en este último caso, tal denominación tuviera que ver con la condición de bellatores de los interesados.
 Cabe aclarar que, tal y como bien ha señalado repetidamente el actual Conde de Zavellá, la categoría de «hidalgo», esencia del estado noble en otros reinos de la ahora España, es completamente desconocida en el Reino de Mallorca hasta la llegada de la dinastía borbónica y, más concretamente, la pragmática del brevísimo Luis I, quien, como ya comentamos en su momento, equiparó a los miembros de la mano mayor foránea y a los ciudadanos militares con los hidalgos castellanos.
Cam Berga (Palma).
Tras sucesivas etapas de decadencia y restauración de la cofradía, se decide una nueva reorganización de la misma en 1775, a raíz de la reunión de sesenta caballeros de la nobleza isleña, a instancia de D. Juan de Torrella, D. Antonio Dameto, D. José Desbrull y D. Francisco Boix de Berard, y celebrada en el palmesano convento de San Francisco, lo que se tradujo ya desde ese mismo momento en los primeros agravios a propósito de las invitaciones cursadas y de aquellas omisiones en las que voluntaria o involuntariamente parece que se incurrió. Desde este momento se ponen de manifiesto además las divergencias entre la facción partidaria de mantener los requisitos de ingreso históricamente existentes, que no eran otros que la mera notoriedad de la nobleza del postulante, y la partidaria de implantar unas pruebas de nobleza semejantes a las establecidas por la Orden de San Juan o Malta.
Palacio Arzobispal.
En 1777, y ya al parecer superados los primeros problemas y rencillas, se solicitó por parte de los caballeros intervinientes la restauración de la cofradía al entonces Capitán General del Reino, marqués de Alós, quien consintió en dicha restauración, procediéndose al discernimiento de los miembros integrantes de los órganos de gobierno de la ilustre corporación. No obstante, no les iba a resultar tan fácil a los ufanos caballeros el tan deseado restablecimiento, pues, existiendo miembros de familias que, siendo hábiles para su elección como miembros de la cofradía de acuerdo con los criterios históricos de admisión, no podían cumplir satisfactoriamente con los nuevos criterios de nobleza que ahora se pretendían exigir. Con tal motivo, algunos miembros del estamento de ciudadanos militares del reino elevaron la oportuna protesta a la Real Audiencia de Mallorca, alegando la preterición de sus derechos como miembros del estamento noble del Reino. Enterada la Audiencia de la intención de restauración de la Cofradía, emitió ésta en abril del mismo año informe en el que se mostró en completo desacuerdo, como consecuencia, según comenta D. Miguel Ferrer Flórez (1), de por una parte de la reticencia de las autoridades a la restauración de este tipo de corporaciones, a la vista del nuevo «Zeitgeist» que traía la monarquía ilustrada de nuestro Sr. El Rey Carlos III, de grata memoria, y por otra del recelo de los autoridades a la constitución de una corporación aglutinadora de un estamento tan levantisco en el pasado y que, en aquel momento, ostentaba el mayor poder económico del reino.
 Detalle de  la fachada de la iglesia de San Fco. de Palma (anexa al convento).
 Así, refiere el informe de la Real Audiencia que «en todo lugar y tiempo se han mirado las ligas y cofradías como fomento de escándalos, bullicios, y embarazo de la execución de la justicia y que en este caso son mucho más temibles sus circunstancias porque siendo de tan corta extensión y reuniéndose en dicha Cofradía toda la nobleza de la Ciudad cuio numero pasa de 200 casas, y estas las más poderosas, compondrían un cuerpo con sus criados y dependientes de tan superiores fuerzas que serían incontrastables» (2).
De esta manera, Carlos III decidió finalmente avalar el informe de la Real Audiencia y no autorizar la restauración de la Cofradía, antes bien ordenar su inmediata disolución, concediendo a cambio su autorización para la constitución de la Real Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País para mejor servir al reino. La definitiva supresión de la Cofradía fue, pues, un hecho, desde el 16 de enero de 1778 (3), procediéndose desde entonces a los trámites para la constitución de la ya mencionada Sociedad.
S.M. Carlos III, Rey de España.
No fue hasta 1955, con la constitución bajo iniciativa del Sr. José Cotoner y de Verí, Marqués de Ariany, y patrocinio del entonces Conde de Barcelona, que se constituyó la Unión de la Nobleza del Antiguo Reino de Mallorca, que constituye en la actualidad la entidad corporativa que aglutina a la nobleza del reino, bajo la expresa tutela y jefatura del actual monarca, felizmente reinante.
Finalmente, recalcar que no debe confundirse la auténtica y extinta cofradía de San Jorge con una agrupación de jinetes que usa el mismo nombre, para amenizar algunas de las pasadas fiestas en la ciudad de Palma.
(1) Miguel Ferrer Flórez «La Cofradía de San Jorge y los orígenes de la RSEMAP» en Memoria de la Academia Mallorquina de Estudios Genealógicos, año 2000.
(2) Expediente San Jorge, Cofradía de. Archivo del Reino de Mallorca.
(3) J. Ramis d’Ayreflor y Sureda: «Alistamiento Noble de Mallorca del año 1762».
5 01, 2011

EL ENIGMA DE MAXIMILIANO DE MÉXICO (1ª parte).

Por |2020-11-13T03:48:42+01:00miércoles, enero 5, 2011|

Por el Dr. Francisco M. de las Heras y Borrero, Presidente de la Diputación de esta Casa Troncal.
Durante los años en que tuve el privilegio de vivir en la Ciudad Primada de América, Santo Domingo de Guzmán, mi amigo el Embajador de la República de El Salvador en República Dominicana, Ernesto Ferreiro, me interesó y, en parte, me documentó sobre un apasionante episodio de la historia de México que no me resisto a contar a nuestros lectores.
En sucesivas entregas vamos a narrar una historia, no exenta de un gran interrogante genealógico, llena de intriga y misterio. ¿Murió fusilado en el Cerro de las Campanas el emperador Maximiliano de México?, ¿dejó descendencia natural el emperador mexicano?, ¿escondía Justo Armas la auténtica personalidad del emperador Maximiliano de Habsburgo? Vayamos poco a poco respondiendo a estos interrogantes.
Armas de Maximiliano de Habsburgo.
LA AVENTURA DE MAXIMILIANO DE HABSBURGO.
En 1861, Napoleón III vio la ocasión de acceder a una privilegiada posición para capturar los mercados sudamericanos. Y para ello restablecer un monarca en el trono mexicano, que más de treinta años atrás había estado efímeramente ocupado por Agustín de Iturbide, era una excelente oportunidad. Bajo la influencia de su esposa, la emperatriz Eugenia de Montijo, el candidato escogido para el trono fue el archiduque Fernando Maximiliano, hermano del emperador Francisco José de Austria, el enamoradísimo esposo de Sisi, que no por ello dejó de vivir un apasionado y prolongado romance con una dama de la corte.
Fernando Maximiliano José de Habsburgo-Lorena (6 de julio de 1832 – 19 de junio de 1867), nació siendo archiduque de Austria y príncipe de Hungría y Bohemia pero renunció a sus títulos para convertirse en el emperador Maximiliano I de México, encabezando el Segundo Imperio Mexicano de 1863 a 1867. Vino al mundo en el Palacio de Schönbrunn de Viena (Austria), nacido durante el matrimonio del archiduque Francisco Carlos de Austria y Sofía de Baviera, aunque se cree que su padre biológico en realidad fue Napoleón II por la relación que tenía este y su madre Sofía, rumor nunca desmentido por la propia interesada.
Maximiliano de Habsburgo.
En 1856 contrajo un matrimonio “de conveniencia” con la princesa Carlota de Bélgica, hija del rey Leopoldo y la princesa Luisa de Francia. Poco tiempo antes había fallecido, a la edad de 21 años, el gran amor de su vida, la bella princesa María Amalia de Brasil. Maximiliano, que tenía una merecida fama de «don Juan», acudió a la pedida de mano de su futura esposa acompañado por una «petite amie», a la que obviamente dejó en el hotel durante el transcurso de la ceremonia.
En el momento del ofrecimiento de la corona mexicana contaba Maximiliano 30 años. Era alto, romántico, muy elegante y liberal. En octubre de 1863 Napoleón III se las había arreglado para que una comisión de notables mexicanos le ofreciera a Maximiliano la corona imperial de México. El archiduque, que no estaba muy interesado, terminó aceptando ante la insistencia de su ambiciosa esposa Carlota, pero poniendo como condición de que fuera el propio pueblo mexicano el que lo quisiera como emperador. Después de un plebiscito, organizado por los franceses, el archiduque Maximiliano aceptó la corona imperial en su residencia de Miramar, junto a la bella ciudad de Trieste, en abril de 1864. Los nuevos emperadores de México parten, a los cuatro días, rumbo a su nuevo hogar a bordo del navío «S.M.S. Novara», después de haber recibido la bendición del Papa.
Emperador Francisco José, hermano de Maximiliano.
Clamorosamente recibidos por una entusiasta multitud en el Puerto de Veracruz, Maximiliano y Carlota estaban encantados. Pero a los pocos días registran una fuerte impresión al observar las condiciones de vida de las clases populares en contraste con las magníficas haciendas de la clase alta. Pero más horrorizados quedaron al descubrir que una guerra civil asolaba aún su nuevo reino. A parte de todo ello, las finanzas del imperio estaban en un estado caótico. Maximiliano, ante tanta desdicha, encontró consuelo en los brazos de la joven y atractiva hija de uno de los jardineros de palacio.
La Emperatriz Carlota.
Dado que Maximiliano y Carlota no tenían descendientes, y en un afán de enraizarse con su nuevo país, adoptan a los príncipes Agustín y Salvador de Iturbide, nietos de Agustín I, que había sido emperador de México una treintena de años atrás, y a quienes Maximiliano nombró herederos al trono en una original unión de lo que podría haber sido la Imperial Casa Habsburgo-Iturbide.
Los emperadores se esfuerzan lo mejor que pueden en ser unos gobernantes honrados. El Imperio Mexicano contaba con el apoyo del partido conservador, y de buena parte de la población de tradición católica, aunque tuvo la oposición férrea de los liberales y de la masonería. Durante su gobierno Maximiliano I trató de desarrollar económica y socialmente el país, pero su política resultó ser más liberal de lo que sus partidarios conservadores pudieron tolerar. Un hecho que puso de manifiesto esa tendencia incompatible con los conservadores locales fue la negativa de Maximiliano a suprimir la tolerancia de cultos y a devolver los bienes nacionalizados de la Iglesia Católica, cuando el Nuncio de Su Santidad le requirió ambas decisiones. Gran parte de los conservadores mexicanos, decepcionados, retiraron su apoyo a Maximiliano, e inversamente, hubo liberales moderados que se aproximaron al nuevo régimen, mientras que los liberales republicanos no por ello dejaron de persistir en la lucha por recuperar al país de un gobierno monárquico. Encabezados por el Presidente Benito Juárez, permanecían firmes en la defensa de la República secular. Juárez gozaba del apoyo de los Estados Unidos, a quienes no convenía la presencia en América de un régimen apoyado por las monarquías europeas (una posición inspirada en la Doctrina Monroe). Estados Unidos, que durante la mayor parte de esta época estaba enfrascado en su propia guerra civil entre los estados del norte y los del sur, había conseguido finalmente la paz y estaba listo para apoyar al gobierno republicano de Juárez.
Benito Juarez.
En consecuencia, ante las dificultades encontradas y la injerencia de EEUU a favor de los republicanos, Napoleón III, que se enfrentaba a serias amenazas en Europa y requería que sus tropas regresaran al país galo, decide retirarse de México.
De nada sirven las súplicas de la emperatriz Carlota, que recorre las cortes europeas recabando apoyos para su esposo. Tanta tensión hizo que a la emperatriz se le quebrara su salud mental, iniciando un camino sin retorno hacia la locura. Esperanzada en conseguir un firme aliado, Carlota visita al Papa Pío IX, quien, a parte de oírla con simpatía, le explica que él nada puede hacer. En plena audiencia con el Santo Padre tuvo que ser retirada de la sala por la fuerza, haciendo exclamar al Papa: «Nada es fácil para mí en esta vida, ahora una mujer tiene que volverse loca en el Vaticano». El segundo imperio mexicano estaba, irremisiblemente, llegando a su fin.
El emperador Maximiliano, abandonado por los franceses y sin los esperados auxilios que su tenaz esposa no pudo lograr, rehusó alejarse de su país y, valientemente, al frente de su propio ejército se opuso a las tropas republicanas, mandadas por Benito Juárez.
S.S. el Papa Pío IX.
EL FUSILAMIENTO EN EL CERRO DE LAS CAMPANAS.
Una vez que las tropas francesas retrocedieron, Francia informó a Maximiliano que debía hacer lo mismo. Pero el emperador se aferró a su corona, pensando que tenía un destino que cumplir. Haciendo frente a los rebeldes a su imperio, Maximiliano sale de la ciudad de México el 13 de febrero de 1867 y, después de la negativa de Juárez a una nueva oferta de paz, se dirige a Querétaro, donde es atrapado por las tropas fieles a la república. Resiste varios días con bravura, pero el 15 de mayo de 1867, finalmente, cae en poder de Benito Juárez.
Maximiliano, junto a sus leales generales Miramón y Mejía, es condenado a la pena capital por un tribunal militar. La tragedia de Maximiliano fue el asumir la corona de México de buena fe y lleno de las mejores intenciones. Hombre noble, recto y honesto, quería llevar a México a una era de paz y prosperidad.



Generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.



El emperador afrontó la muerte con valor. Fusilado al amanecer del 19 de junio de 1867 en Querétaro, en el lugar denominado Cerro de las Campanas, sus últimas palabras, según la versión oficial, pronunciadas ante un pelotón traído del otro extremo del país y que no conocía a Maximiliano, fueron: «Yo perdono a todos, y pido a todos que me perdonen. Que mi sangre, la cual está a punto de ser vertida, sea para bien de este país. ¡Viva México!, ¡Viva la Independencia!». De nada habían servido las peticiones de las cortes europeas solicitando a Juárez que perdonara la vida del emperador.
A partir de este momento toma cuerpo la leyenda, que está a punto de transformarse en historia verídica, modificando la versión oficial de libros y enciclopedias. Toda una serie de interrogantes surgen en torno a este hecho y a su protagonista.
Pelotón que fusiló a Maximiliano.
Si Maximiliano de Habsburgo era la persona que había sido fusilada en el Cerro de las Campanas, ¿por qué se tardó un mes en redactar el acta oficial de defunción?, ¿fue en el último momento suspendida de forma definitiva la ejecución de Maximiliano, al igual que lo había sido en dos ocasiones anteriores?, ¿cuál era el contenido real de una carta que Maximiliano, en pleno proceso judicial, escribió a Benito Juárez en la media noche del 25 de mayo de 1867?, ¿qué papel pudo jugar la masonería evitando que Juárez, masón, ejecutase a Maximiliano de Habsburgo, también masón?, ¿quién era, en realidad, Justo Armas, ese personaje enigmático, culto y distinguido que aparece en San Salvador al poco tiempo del fusilamiento de Maximiliano?.
Fotografía del cadaver de Maximiliano, tomada en Querétaro.
En próximos artículos vamos a dar respuesta a estos interrogantes, intentando aproximarnos a la conclusión de si Maximiliano fue, o no, hecho «justo por las armas», como declararía Benito Juárez en un comunicado oficial, o si, por el contrario, Justo Armas era el propio Maximiliano o algún otro próximo a la familia Habsburgo o a la corte de Viena.
4 01, 2011

UNA SOBERANÍA SIN TERRITORIO, LA EXPULSIÓN DE LA ISLA DE LA ORDEN DE MALTA.

Por |2020-11-13T03:48:42+01:00martes, enero 4, 2011|

Por el Dr. Francisco M. de las Heras y Borrero,Presidente de la Diputación de Linajes de esta Casa Troncal.
La Orden de Malta que hasta 1798 había gozado de una base territorial desde la que ejercía sus funciones soberanas, es expulsada de su territorio, iniciándose para la misma una nueva etapa en el concierto de los estados soberanos. Contra todo pronóstico, la Orden, carente de un territorio, logra hacer reconocer su soberanía por parte de la sociedad internacional.
La Capitulación impuesta por el General Bonaparte a los Caballeros de San Juan .
En violación de la neutralidad reconocida por el Tratado de Utrecht, Bonaparte en ruta hacia Egipto, considerando el valor estratégico del archipiélago, y bajo pretexto de un avituallamiento de agua, se apodera de la isla de Malta. Cincuenta y cuatro mil hombres y cuatrocientos veleros dieron rápida cuenta de trescientos treinta y dos caballeros, mayores y achacosos, dos mil milicianos, cuatro veleros y cuatro galeras. Malta se rinde, prácticamente, sin combate, el 11 de Junio de 1798 y al día siguiente es firmada la capitulación impuesta por el General Bonaparte.
Si bien en el texto de la Capitulación se especifican claramente los honores e indemnizaciones prometidos al Gran Maestre y a sus caballeros, en compensación a su abandono, el artículo 1 no deja lugar a sombras ni a dudas en lo relativo a las renuncias efectuadas:
«Reconocimiento en favor de la República francesa de todos los derechos de soberanía y propiedad… tanto sobre esta isla (Malta) como sobre las islas de Gozzo y Comino».
El artículo 2 de la Capitulación consigna que «la República francesa empleará su influencia en el Congreso de Rastadt para proporcionar al Gran Maestre … un principado equivalente al que ha perdido», así como una pensión vitalicia de 300.000 francos por año, más una indemnización global de 600.000 francos.
A parte la cesión de la soberanía, la capitulación impuesta por Napoleón podía estimarse como generosa, y no sólo para el Gran Maestre, sino también para los caballeros franceses:
«Los caballeros. franceses. podrán entrar en su patria y la residencia en Malta les será contada como una residencia en Francia» (art. 3).
«La República francesa dará una pensión vitalicia de setecientos francos a los caballeros franceses actualmente en Malta. Esta pensión será de mil francos para los caballeros de más de 60 años.» (art. 4).
Napoleón Bonaparte.
Napoleón, mediante una fórmula que en nada le ataba financieramente, se comprometía a «emplear sus buenos» oficios ante las Repúblicas cisalpina, luguriana, romana y helvética, para que ellas acuerden la misma pensión a los caballeros de estas diferentes naciones (art. 4.2), al igual que ante las otras potencias de Europa, para que «mantengan a los caballeros de su nación, el ejercicio de sus derechos sobre los bienes de la Orden, situados en sus estados» (art. 5).
Por otro lado, los caballeros conservaban las propiedades que ellos tuviesen en las islas de Malta y de Gozzo (art. 6), y los habitantes de la isla gozarían de libertad para el ejercicio del culto católico, y no se les impondría ninguna contribución extraordinaria (art. 7).
La Orden de Malta no tenía ya territorio. Su soberanía, incontestada hasta entonces, comenzaba a resquebrajarse.
Hompesch, el Gran Maestre que claudicó ante Napoleón.
Aprovechando la delicada situación que atravesaba la Orden de Malta, el Zar Pablo I de Rusia fue proclamado Gran Maestre por un grupo de caballeros allí refugiados, tras la expulsión de la Orden de la isla de Malta. Esta situación anómala en la historia de la Orden, en la que un casado y ortodoxo figuraba al frente de la misma, queda pronto regularizada, cuando en 1801 el Zar Alejandro I, hijo y sucesor del Zar Pablo I, decide que se proceda a la elección de un nuevo Gran Maestre según los Estatutos de la Orden. Tomando como origen esta etapa confusa, han surgido diversas órdenes de Malta en base a unas supuestas «encomiendas hereditarias», que habrían hipotéticamente salvado la continuidad histórica de la «orden rusa» de largos lustros de total y absoluta inactividad.
El Tratado de Amiens.
La isla de Malta pronto cambia de manos, pasando a poder de Inglaterra durante cierto tiempo.
En el Artículo 10 del Tratado de Amiens (27 de marzo de 1802), también conocido como la Paz de Amiens, se encuentran concentradas todas las referencias a la Orden de Malta y al compromiso de Inglaterra respecto a ésta.
Inglaterra devuelve todas sus conquistas, salvo Ceylan, Trinidad y Malta, la cual se compromete a devolver conforme a lo estipulado en las cuatro primeras líneas de dicho artículo: «Las islas de Malta, Gozzo y Comino serán devueltas a la Orden de Malta de San Juan de Jerusalén, para ser por ella poseídas en las mismas condiciones anteriores a la guerra».
En el mismo texto se viene a reconocer, de forma incuestionable, la independencia de la isla de Malta, Gozzo y Comino, que se coloca bajo la protección y garantía de todas las grandes potencias de la época (Francia, Gran Bretaña, Austria, España, Rusia y Prusia). Igualmente, se reconoce la soberanía de la Orden, que se regirá en cuanto a lo espiritual y lo temporal por los mismos Estatutos «que estaban en vigor cuando los caballeros salieron de la isla, y que no han sido derogados por el presente Tratado» (punto 10 del artículo 10).
Reproducción de la espada  que Felipe II regaló al Gran Maestre de la Orden de Malta.
Pese a la claridad de las cláusulas, Inglaterra no devolverá a la Orden sus posesiones, lo cual será la causa de un ultimátum de Napoleón («il faut évacuer Malte, sinon ce sera la guerre») a los ingleses y el origen de nuevas hostilidades.
La Paz de París.
La primera Paz de París (1814) asestaba un duro golpe a la Orden de San Juan de Jerusalén, del que tardaría en reponerse.
Pese a lo estipulado en el Tratado de Amiens, el artículo 7 de la Paz de París (mayo de 1814) declaraba: «La isla de Malta y sus dependencias pertenecen en total propiedad y soberanía a su Majestad Británica».
La Orden había sido definitivamente expulsada de Malta, pese a su neutralidad en los 4 grandes conflictos que sacudieron Europa al fin del siglo XVIII y principios del XIX. Un largo período errático y de ausencia en la escena internacional comenzaba.
No obstante la carencia de territorio físico en el que ejercer sus prerrogativas, la Orden de Malta fue reconocida como tal ente soberano en el Congreso de Viena de 1815.
Tras diversos años de turbulencias e inestabilidad, se instala en 1834 en Roma, desde donde es gobernada por Lugartenientes Generales hasta que en 1879, de común acuerdo con la Santa Sede, se procede a la elección de un Gran Maestre, a quien el Emperador de Austria le otorga el título de Príncipe del Sacro Romano Imperio y el Vaticano la dignidad Cardenalicia. El periodo histórico más difícil de la Orden había terminado. Un duro camino de reinserción en el concierto internacional se iniciaba.
Los intentos de recuperar una base territorial.
Aunque según la doctrina oficial de la Orden, ésta no tiene necesidad de poseer un territorio para el cumplimiento de sus fines institucionales, lo cierto es que no han faltado en diferentes momentos determinados intentos de recuperar una base territorial, lo cual facilitaría, sin duda, la actuación de la Orden en el plano internacional. Es decir, la necesidad de un territorio podría estimarse, en cierto sentido, como una necesidad instrumental.
Ya en 1818, en el Congreso de Aquisgrán, la Orden había hecho intentos, sin éxito, de obtener algún territorio. Posteriormente, en el Congreso de Verona en 1822, Suecia le ofreció la isla de Gothland. Más tarde fueron las islas de Lissa, Corfu, o Elba (ofrecidas por Viena), las que pudieron convertirse en el nuevo soporte territorial. Incluso en 1823, como consecuencia de los apoyos prestados por la Orden a Grecia en su lucha contra los turcos, existió la posibilidad de recuperar la isla de Rodas, proyecto que pese a su estado de madurez, al igual que los anteriores, no llegó a buen puerto por circunstancias diversas (1).
La isla de Mallorca, igualmente, fue una de las candidatas a nueva base territorial de la Orden. Eric Muraise sostiene que hubo un proyecto en este sentido, también en torno al año 1823, mediante el cual el gobierno español cedía la isla de Mallorca a la Orden a cambio de los apoyos de ésta en momentos de dificultad (2). Menos maduro que los anteriores, esta idea fue rápidamente desechada.
Embajada de la Orden de Malta en Praga.
Después de la 2ª Guerra Mundial existió el proyecto de otorgarle a la Orden la protección de los Santos Lugares, bajo mandato de la O.N.U. De nuevo se disiparon las posibilidades de éxito. Israel y Jordania se oponían al mandato de la O.N.U. y, además, la Santa Sede mostraba su preferencia por la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén en caso de mandato.
Más recientemente, aunque bajo una perspectiva más simbólica que política, la Orden ha firmado en Junio de 1991 con el gobierno de la isla de Malta, y tras varios años de negociaciones, un acuerdo mediante el cual éste le cede a aquella durante 50 años, a cambio de una importante ayuda financiera, el Fort-Saint-Ange, residencia del primer Gran Maestre en Malta (3).
(1) Muraise, Eric, «Histoire Sincère des Ordres de l’Hôpital», Editions Fernand Lanore. París, 1878. Pág. 180-181.
(2) Muraise, Eric, «Histoire Sincère des Ordres de l’Hôpital», op. cit. pág. 193.
(3) Tavernier, Gisèle: «Ordre de Malte: la terre promise», «Le Point», número 893. París, 30-X-1989, pág. 70. Michelland, Antoine: «L’Ordre de Malte, un Etat Indépendant», «Point de Vue – Images du Monde», número 2370. París, 4-I-1994, pág. 31.
3 01, 2011

ORDEN ECUESTRE PONTIFÍCIA DEL PAPA SAN GREGORIO EL GRANDE.

Por |2020-11-13T03:48:43+01:00lunes, enero 3, 2011|

«Señores de probada lealtad a la Santa Sede que, por razón de su nobleza de nacimiento y la notoriedad de sus actos o el grado de su generosidad, se consideran dignos de ser honrados por una expresión pública de estima por parte de la Santa Sede «.
-.ORDENES PONTIFÍCIAS V ( y última).-

Orden de San Gregorio Magno .

En el siglo XIX ,toda Europa estaba en crisis después de los acontecimientos catastróficos de la Revolución Francesa y las invasiones napoleónicas. Las formas tradicionales de gobierno se tambaleaban.
El Papa, por aquellas Pío VIII, seguía siendo el gobernante temporal de los Estados Pontificios en el noreste y centro de Italia, pero cuando los elementos revolucionarios establecieron un gobierno provisional en su territorio en 1830, no le quedó otra opción que valerse de la ayuda de Austria.
A su muerte, en 1831, fue sucedido por un monje Camaldulense, Bartolomeo Capellari, que gobernaría la Iglesia con el nombre  de Gregorio XVI.

S.S. el Papa Gregorio XVI.
Este Papa, siete meses después de su elección, y para premiar los servicios de italianos y austriacos, que le habían ayudado a restablecer su autoridad política, instituyó esta Orden, en memoria del Papa Gregorio I, llamado El Magno (590-604), el 1° de septiembre de 1831, mediante el Breve “Quod Summis Quibusque” .

Armas de Gregorio XVI.
Esta Caballería en sus inicios constaba de cuatro clases, Caballero Gran Cruz 1ª Clase, Caballero Gran Cruz 2ª Clase, Comendador y Caballero. Pero tres años después de su fundación, fue reformada, con el Breve “Cum Amplísima Honorum” de 30 de mayo de 1834, suprimiendo la Gran Cruz de 2ª Clase.
Sus Ordenanzas preveían un número máximo de miembros, dentro de los Estados Pontificios, de 30 Caballeros  Gran Cruz, 70 Comendadores y 300 Caballeros, no limitando de ninguna manera las concesiones relativas a ciudadanos no pertenecientes a los Estados de la Iglesia.
La Orden fue nuevamente reformada bajo el pontificado de  Pío X en 1905, con la Bula “Multum ad Exitandos” , y luego bajo el pontificado de Juan Pablo II, con fecha 2 de junio de 1993.

S.S. el Papa Pío X y S.S. el Papa Juan Pablo II.

Desde 1994 las Damas pueden ingresar en la Orden ostentando los mismos grados que los Caballeros.

Armas de Pío X y Juan Pablo II, respectivamente.
La condecoración de la Orden consiste en una cruz octógona o bifurcada, esmaltada en gules y orlada y pometeada en oro, cargada en su centro de un medallón circular, de esmalte azur, con la imagen del Pontífice, y rodeada de un círculo de esmalte blanco con la leyenda «Sanctus Gregorius Magnus». Coronado todo con un laurel para los civiles, y surmontada de un trofeo militar de oro para los militares.

Gran Cruz y Placa.
Venera y  Encomienda.
Cruz de Caballero con trofeo militar.
La cinta de la Orden es de seda roja con franjas amarillas, inspirada en los colores de la ciudad de Roma.

Dos cintas de la Orden, mostrando dos de los diferentes grados.
El uniforme se compone de guerrera de paño verde oscuro con faldones largos, con el cuello, bocamangas y pechera recamadas en plata. Los pantalones son de paño verde oscuro con franja de plata ricamente adornada.
El sombrero, que es un bicornio apuntado, es de felpa negra con plumero negro.
Guantes blancos, calzado negro, cinturón con la empresa de la orden en la hebilla y espada de ceñir.

Uniforme de la Orden.

En la actualidad, con esta Orden se premian los méritos por destacados servicios, en favor de la Santa Iglesia.

Caballeros de la Orden.
2 01, 2011

BELICE: Protocolo de Naciones Soberanas.

Por |2014-07-27T19:49:02+01:00domingo, enero 2, 2011|

Por D.Víctor A. García Guardia.
Escudo medio partido y mantelado. En el primer cuarte, sobre campo de plata, se entrecruzan una mandarria y un remo, al natural. En segundo cuartel, sobre campo de oro, se entrecruzan una sierra y un hacha , al natural. En el tercer cuartel, sobre campo de azur, navegando hacia la diestra, un velero de tres mástiles, botavara y palo de mesana; los tres mástiles tienen cada uno tres velas de plata y están coronados por un banderín de gules. Bajo la franja de azur del mar se aprecian dos bandas de igual anchura, sinople sobre oro.
Dos tenantes soportan el escudo, parados sobre una base vegetal de sinople: a la diestra un hombre empuñando un hacha con su mano diestra y soportando el escudo con su mano siniestra, mientras que a la siniestra un hombre empuñando un remo con su mano siniestra y soportando el escudo con su mano diestra; ambos visten pantalones largos de plata y tienen el torso descubierto (y simbolizan la colaboración en la construcción dé la nación).Sobre el escudo, un árbol naciente de caoba, en su color (que alude, al igual que los cuarteles superiores del escudo, a las abundantes reservas forestales de la nación). Bajo la base vegetal una banda flotante de plata y letras de sable, que reza el lema de la nación “SUB UMBRA FLOREO” (FLOREZCO BAJO LA SOMBRA) El conjunto está rodeado por una guirnalda de cincuenta hojas de sinople, que rememoran el año 1950, en que Belice (anteriormente Honduras Británica) comenzó su camino a la independencia. La descripción oficial del escudo nos indica las razas de los tenantes.
Escudo oficialmente adoptado el 21 de septiembre de 1981.
Himno oficialmente adoptado el 21 de septiembre de 1981.
Proporciones de la Bandera: 2/3
Sobre un campo de azur, dos fajas de gules en los extremos superior e inferior, de un 12% del ancho del campo. Al centro, sobre un disco de plata, se reproduce el Escudo Nacional. Los colores de la bandera reflejan el compromiso de cooperación de los dos partidos políticos mayoritarios en el país (PUP y UDP).
Bandera oficialmente adoptada el 21 de septiembre de 1981.
Orden de Belice.
Se concede a: Jefes de Estado a quienes el país desea honrar.
Condecoración: De forma circular y hecha de oro, en el centro se observa el escudo de armas del país.
Grados: Esta condecoración solo tiene un grado: CABALLERO/DAMA Condecoración oficialmente adoptada el 16 de agosto de 1991.
Nombre: Elizabeth Alexandra Mary Windsor.
Protocolar: SU MAJESTAD ELIZABETH II.
Fecha de Nacimiento: 21 de abril de 1926.
Lugar de Nacimiento: Londres, Inglaterra.
Coronada : el día 2 de junio de 1952.
Título(s): Reina (Reino Unido de la Gran Bretaña y Jefe de la Iglesia de Inglaterra.
Nombre: Dean Oliver Barrow.
Protocolar: PM DEAN OLIVER BARROW, MP.
Fecha de Nacimiento: 2 de marzo de 1951.
Lugar de Nacimiento: Belize City.
Juramentado el día 8 de febrero de 2008.
Título(s): Primer Ministro,Miembro del Parlamento y Ministro de Finanzas.
1 01, 2011

FELIZ AÑO NUEVO.

Por |2014-07-27T19:49:03+01:00sábado, enero 1, 2011|

Francisco Manuel de la Heras y Borrero, Presidente de la Diputación de Linajes. En nombre de todas las familias que componen esta Casa Troncal, les desea un feliz y próspero año nuevo.
¡¡FELIZ 2011!!
31 12, 2010

ORDEN ECUESTRE PONTIFÍCIA PIANA.

Por |2020-11-13T03:48:43+01:00viernes, diciembre 31, 2010|

( ORDEN DE PÍO IX u ORDEN PIANA).

-.ORDENES PONTIFÍCIAS IV.-
El Papa Pío IX, con Bula del 17 de junio de 1847, y para recordar el primer aniversario de su ascensión al Trono de San Pedro, instituyó la Orden Ecuestre Pontificia Piana, considerándola una continuación ideal del antiguo Colegio de Caballeros Píos ( Pianos o Participantes), entonces caído en el olvido, y creado en marzo de 1559 por el Papa Pío VI, mediante Bula “Pii Patris Amplissi”.
Papas Pío VI y Pío IX,  respectivamente.
Los Caballeros pertenecientes a este antiguo Colegio , constituyeron desde el gobierno de Pio VI y hasta varios siglos después, la corte laica del Soberano Pontífice, y eran por lo tanto un Cuerpo de Gentilhombres, equiparables a los Caballeros de Capa y Espada o a la Guardia Noble Pontificia.
La pertenencia al mismo, llevaba consigo la nobleza personal no trasmisible, ligada al título de Conde Palatino.
Armas de Pío VI y de Pío IX.
Con el tiempo, la institución fue perdiendo gran parte de sus privilegios, quedando a los investidos con la Caballería Piana, tan solo el título de Oficiales de la Cámara Apostólica.
Con la muy posterior reforma efectuada en 1939 por el Papa Pío XII, la Orden pierde los pocos visos de nobleza que mantenía, quedando constituida con los siguientes grados: Gran Collar, Gran Cruz, Comendador , Comandante y Caballero.


Papa Pío XII.

Armas de Pío XII.



El Gran Collar, o de Oro, se concede a los Jefes de Estado en visita oficial a la Santa Sede
La Gran Cruz, que se considera la más alta condecoración papal que se puede otorgar a los laicos, tanto a hombres como a mujeres, se concede a los Embajadores acreditados ante la Santa Sede tras dos años en ese cargo, así como a los católicos que se hayan distinguido por servicios excepcionales a la Iglesia y a la humanidad.
Cruz de Caballero y Cruz de Comandante.
La Encomienda , la Cruz de Comandante y la de Caballero, se conceden por servicios especiales a la Iglesia y a la humanidad.
El Uniforme de sus miembros consta de una casaca de paño azul oscuro con faldones largos, finalizando con cuello y bocamangas de paño rojo con ricos recamados en oro.
Pechera adornada con recamados en oro, a sendos lados de una fila de botones dorados.
En los pantalones lleva como adorno, bandas de seda de oro. El sombrero, que es un bicornio apuntado, es de felpa negra con plumas blancas.
Guantes blancos, calzado negro, cinturón y espada de ceñir.
Encomienda y Gran Cruz.
La condecoración consiste en una estrella de ocho puntas esmaltada de azur y ribeteada de oro, angulada de ocho llamas también de oro y cargada en su centro por un medallón de esmalte blanco con la leyenda Pius IX y rodeado de un círculo de oro con la inscripción “Virtuti et Merito”. La cinta es azul marino con cuatro franjas rojas, dispuestas de dos en dos y pegadas a cada borde.

Cinta.
El collar, que es su distinción más significativa, está compuesto por seis pequeños medallones esmaltados, con la imagen de una paloma que sostiene una rama de olivo en su pico, símbolos que dan cuenta del escudo papal de Pío XII. Sobre el colgante de la medalla, se encuentran dos palomas mirando la tiara pontificia del centro.
Gran Collar.
30 12, 2010

ORDEN DE SAN SILVESTRE PAPA.

Por |2020-11-13T03:48:43+01:00jueves, diciembre 30, 2010|

-.ORDENES PONTIFÍCIAS III.-
Aunque la quinta en importancia, todos los estudiosos la consideran la tercera de las Ordenes Pontifícias, por su uso real y en base al número de adjudicaciones por parte de la Santa Sede.
Creada con las únicas pretensiones de ser meramente premial, fue fundada el 31 de octubre de 1841 por el Papa Gregorio XVI, mediante el Breve Pontifício «Hominum Mentes» , y reformada posteriormente en 1905 por Pío X (“ Multum ad Exitandos” del 7 de Febrero). La Orden, como su propio nombre indica está puesta bajo el patronato de San Silvestre, Papa y Mártir, quedando su Gran Maestrazgo bajo la persona del Pontífice reinante.
La misma se concede como una recompensa para los católicos que participan activamente en la vida de la Iglesia, y la apoyan y auxilian en el ejercicio de sus competencias. Se puede conceder a los no católicos, pero se hace con menos frecuencia que con la Orden de San Gregorio el Grande.
Con el objeto de dar esplendor a la misma, se acordó limitar el número de miembros a cuatrocientos cincuenta, aunque esta norma sólo ha afectado a lo largo de la historia a los súbditos de los Estados Pontifícios.





La misma consta de tres clases de Caballeros. Su insignia consiste en una cruz de ocho puntas, de oro y esmaltada de blanco, angulada de cuatro llamas de oro y , cargada en el centro, con un medallón circular de esmalte azur con la efigie de San Silvestre en oro y rodeado de un círculo también de oro con la leyenda San Silvestre P.M. La cinta es de moaré y está formada por cinco franjas iguales, alternando los colores rojo y negro.
Sus Caballeros llevan guerrera de terciopelo negro abotonada al frente con una fila de botones dorados, la misma está rematada por cuello y puños con filigranas bordadas en oro. Pantalón negro con una franja lateral en oro.
Sombrero bicornio negro con escarapela de los colores vaticanos, al que se le añade una pluma de diferente color, según categorías.
Guantes blancos y calzado negro.
29 12, 2010

LOS SUJETOS DE LA ORDEN DE MALTA.

Por |2020-11-13T03:48:44+01:00miércoles, diciembre 29, 2010|



Por el Doctor Francisco M. de las Heras y Borrero, Presidente de la Diputación de esta Casa Troncal.
La Orden de Malta, lo hemos dicho en otras ocasiones, tiene una personalidad sui géneris, único ente de carácter no territorial que ostenta la condición soberana, ejerciendo el derecho de legación activa y pasiva con más de cien países del mundo y auto regulándose sin sujeción a ningún otro poder para el cumplimiento de sus fines constitucionales: la ayuda humanitaria al más desfavorecido.
La Orden tiene, lógicamente unos sujetos que la sirven, pero, a diferencia de los servidores de la Ciudad del Vaticano, no adquieren una nacionalidad distinta a la suya de origen. En consecuencia no existe una nacionalidad para los caballeros y damas por el hecho de su pertenencia a la Orden, ya que el compromiso jurídico y político entre ella y los miembros que la integran es únicamente interno y no interfiere en las obligaciones dimanantes de la propia nacionalidad de aquellos.
Nos encontramos, pues, ante un ente soberano que no tiene población en el sentido estatal del término, pero sí miembros destinatarios de sus instrucciones y gobierno.
-.Los Sujetos Institucionales de la Orden.-
La Orden no tiene sujetos territoriales. Por el contrario, tiene sujetos «institucionales», puesto que, como dice Gazzoni, «los miembros de la Orden pertenecen a la Institución y están obligados a la observancia de los Estatutos y de la Carta Constitucional por un vínculo que les lleva al respeto de la jerarquía y a la cooperación personal para la realización de fines institucionales» (1).
Este vínculo institucional ha existido siempre entre la Orden y sus miembros, incluso en la época en que la Orden detentaba la posesión del territorio de Rodas y después de Malta, donde los sujetos territoriales precisamente eran diferentes de los caballeros, siendo éstos los únicos sujetos institucionales. Es por ello que, también hoy, nos encontramos con sujetos institucionales, aunque se hayan perdido los territorios y los sujetos territoriales.
Los sujetos institucionales de la Orden, es decir, sus miembros, tienen derecho a la protección de ésta vis a vis de los gobiernos de los Estados en todo lo que se refiera a la actividad de aquellos que tienda a la realización de los fines institucionales de la Orden misma.
S.S. El Papa Benedicto XVI y el Gran Maestre de la Orden Frey  Matthew Festing.
Clases de miembros.
Regulados en los artículos 8 al 11 de la Carta Constitucional los miembros de la Orden de Malta se dividen en tres clases: primera, segunda y tercera.
Miembros de Primera Clase: está formada por los Caballeros de Justicia y Capellanes Conventuales, quienes obligatoriamente han hecho sus votos de obediencia, castidad y pobreza, razón por la que se les denomina «profesos». Hasta el siglo XVII era la única categoría de caballeros.
Aunque no están obligados a llevar vida comunitaria, son religiosos a todos los efectos del Derecho Canónico y están sometidos a reglas particulares.
Puede ser admitido en la Primera Clase de la Orden todo católico que no esté impedido por ningún legítimo compromiso, esté guiado por una recta intención y sea apto para servir a los pobres y los enfermos, dedicándose al servicio de la Iglesia y de la Santa Sede según el espíritu de la Orden.
El aspirante al título de Caballero de Justicia (edad mínima 22 años, soltero o viudo y más de un año de antigüedad en la Orden), debe dirigir su petición de admisión al Priorato competente en razón de su domicilio, o, si no existe Priorato en su región, directamente al Gran Magisterio.
Antes de la Profesión de votos (primero temporales y después perpetuos), el aspirante tiene que seguir una etapa de 2 años de formación (noviciado), durante la que queda confiado al cuidado de un Maestro.
Los Capellanes Conventuales profesos se dedican a la atención espiritual de los miembros de la Orden y a la asistencia religiosa de sus obras caritativas y misioneras.
Después de la etapa de formación pronuncian sus votos. Los miembros de esta clase participan en el gobierno de la Orden y asisten al Gran Maestre en el seno del Soberano Consejo (2).
S.S. El Papa junto al Gran Maestre y al Soberano Consejo de la Orden.
Miembros de Segunda Clase: Está formada por Caballeros y Damas de Obediencia, quienes por promesa solemne se obligan a alcanzar la perfección de la vida cristiana conforme a los deberes de su estado, según el espíritu de la Orden.
Los Caballeros y Damas de Obediencia (25 años mínimos de edad y más de un año de antigüedad en la Orden), tienen que seguir, igualmente, una etapa de formación bajo la responsabilidad de un Caballero profeso durante un año. Están subdivididos en tres categorías: Caballeros y Damas de Honor y Devoción, Caballeros y Damas de Gracia y Devoción, Caballeros y Damas de Gracia Magistral.
Los componentes de este grupo también participan en el gobierno de la Orden y asisten al Gran Maestre en el seno del Soberano Consejo (3).
Damas y Caballeros de la Orden.
Miembros de Tercera Clase: Reagrupa a los que no emiten ni votos de religión, ni promesas, pero que están en la obligación de conformar su vida a las exigencias y leyes de la Iglesia, así como consagrar su actividad al servicio de la Orden en su función hospitalaria y social (4).
La tercera clase se divide, a su vez, en 6 ramas:
– Caballeros y Damas de Honor y Devoción.
– Capellanes Conventuales «Ad Honorem».
– Caballeros y Damas de Gracia y Devoción.
– Capellanes Magistrales.
– Caballeros y Damas de Gracia Magistral.
– Donatos y Donatas de Devoción.
S.A.R. D. Luis Alfonso de Borbón, Caballero de Honor y Devoción de la Orden.
Admisión en la Orden.
El postulante preparará su expediente de forma que contenga los documentos exigidos por la Cancillería de la Orden, según la categoría en la cual pretenda entrar, así como el certificado de bautismo, carta de presentación de su Obispo y los certificados religiosos de matrimonio de sus padres y abuelos. El expediente admitido por el Consejo de la Asociación del país del candidato es transmitido al Gran Magisterio en Roma, quien, después de su examen, se pronuncia sobre su admisión, que es definitivamente pronunciada por el Gran Maestre.
Para las diferentes clases y ramas se requieren determinadas condiciones de aptitud y de nobleza. La presentación de pruebas de nobleza no constituye un derecho a ser admitido en la Orden, lo mismo que su ausencia tampoco constituye un obstáculo insalvable, dado que el poder discrecional del Gran Maestre puede suplirlas (Caballeros y Damas de Gracia Magistral). Así, un personaje provisto de 64 cuarteles nobles, pero de una moralidad dudosa, tendrá muy pocas posibilidades de ser aceptado, mientras que una persona honorable podrá ser admitida sin pruebas nobiliarias.
La categoría de «gracia magistral» representa actualmente en torno al 80% de la totalidad de los miembros de la Orden en el mundo. Es pues, inexacta, la afirmación de que la Orden es puramente «aristocrática y nobiliaria».
Solemne acto de la Orden.
(1) «L’Ordre de Malte et sa Charte Constitutionnelle». Gazzoni, Tito Manlio. Op. cit. pág. 13.
(2) Vid. también artículos 6 a 93 del Código de la Orden de 1966, reformado en 1997.
(3) Vid también artículos 94 a 118 del Código de la Orden de 1966, reformado en 1997.
(4) Vid también artículos 119 a 129 del Código de la Orden de 1966, reformado en 1997.
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