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Doce Linajes de Soria

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15 07, 2010

DON ALFONSO XIII Y EL HOSPITAL DE LA CRUZ VERDE, por el Dr. de Montells

Por |2020-11-13T03:49:24+01:00jueves, julio 15, 2010|

Como continuación a nuestra entrada del día 10 actuales, dedicada al número 21 de la revista oficial del Gran Priorato de España de la Orden Hospitalaria y Militar de San Lázaro de Jerusalén, «Atavis et Armis», queremos ofrecer a nuestros lectores, un artículo publicado en el mencionado número, de la autoría de D. José María de Montells y Galán, Heraldo Mayor de esta Casa, titulado «D. Alfonso XIII y el Hospital de la Cruz Verde».
Un episodio muy poco conocido, por silenciado y oculto, es el de la intervención de S.M. el Rey don Alfonso XIII en la elección como primer Gran Maestre de la Orden del siglo XX, de su pariente el Duque de Sevilla. Es, si se quiere, una anécdota, pero una anécdota muy reveladora que contradice totalmente la teoría de la desaparición de la milicia lazarista en 1830.
En los albores del pasado siglo, el Hospital de San Lázaro de Jerusalén, acosado por sus enemigos, dividido en facciones y casi sin recursos, reconsideró seriamente la posibilidad de rehabilitar al Gran Magisterio, vacante desde que Luis XVIII abandonase el cargo y se proclamara Protector. No es de extrañar entonces que el Consejo de la Orden, con la anuencia de los comendadores hereditarios, recabase de un Príncipe de la Sangre de Francia la aceptación de la jefatura de San Lázaro como en sus mejores tiempos.
Desempeñaba las tareas de Gran Bailío de España, el teniente coronel don Francisco de Borbón y de la Torre, descendiente directo y agnado de Luis XIV, que nacido en 1882, había cursado la carrera militar en la Academia de Infantería, en la que ingresó en 1895. Ascendido por méritos de guerra a comandante en 1914, durante el conflicto bélico en Marruecos, al advenimiento de la República, fue deportado al Sahara.

Exiliado en París posteriormente, había entrado en contacto con los problemas de la Orden, al aceptar primero, en 1929, la dignidad de Gran Bailío para España y al año siguiente, la Lugartenencia General del Gran Magisterio. Cabeza de la segunda varonía de la Casa de Borbón, el duque de Sevilla consorte, por su matrimonio con su prima doña Enriqueta de Borbón y Paradé, era el candidato ideal para desempeñar el Magisterio de una Orden tan vinculada a los príncipes de Borbón como la Religión de San Lázaro de Jerusalén. Si los lazaristas del XIX, aseguraron la plena independencia de la orden, recuperando su autonomía de la Corona de Francia, como en los tiempos heroicos de las cruzadas, el Grefier y más tarde Superintendente de la Orden, Otzenberger, en quien recae su moderna organización y existencia, sabe que el futuro de la Cruz Verde está en los Borbones. Según sus reglamentos y normas medievales cualquier caballero puede ser elegido Gran Maestre. Así fue en el pasado más remoto. Pero el período de predominio de príncipes vinculados a la Casa Real de Francia está demasiado cercano.
Si en algún momento pensó en una solución con los Orléans a la cabeza del hospital, la atenta lectura de Watrin, otro caballero de la Orden, le ha disuadido. Desvinculada por la fuerza de las circunstancias de los reyes de Francia, con una vida independiente que dura casi un siglo, será la propia orden la que busque su protección. En los Borbones de España, está la continuidad legítima del Trono francés y por tanto, el hospital debe encaminarse, sin más dilaciones, a conseguir alguna clase de tutela que garantice su futuro, puesto en solfa, por sus enemigos.

Conviene recordar que el Rey Sol, tronco de las dinastías reales de la Casa de Borbón por sus Cartas Patentes de 3 de Febrero de 1701 y sobre todo en su Reglamento de 12 de Mayo de 1710, reconocía la denominación de Hijo de Francia y de Príncipe de la Sangre, no sólo a los hijos del Rey, sino también a aquellos que pertenecían a las líneas directas y agnadas, presuntas herederas de la Corona. Para disfrute de esta calidad no se exigía, ni lógicamente puede exigirse nunca, la nacionalidad francesa ni otro requisito que la legitimidad civil y canónica, por lo que el duque de Sevilla apareció ante los ojos de los lazaristas como un Hijo de Francia, predestinado a la salvación del Hospital.
Dice Stephen Friar en su muy documentado Nuevo Diccionario de Heráldica que fue la Católica Majestad de Alfonso XIII, quien concediera permiso al duque de Sevilla, su cercano pariente, para aceptar en 1935 el Magisterio lazarista. Otzenberger, ayudado por Paul Bertrand, comienza, desde la aceptación de don Francisco de Borbón de la Lugartenencia General, una intensa relación con el príncipe español, desplegando todos los recursos a su alcance que culminan en una cena, dada en honor de los Duques de Sevilla y sus hijos, en el Hotel Jena de París, en 1933, de gran trascendencia para los acontecimientos que seguidamente se iban a producir. Es allí donde se establece una primera estrategia para proveer en persona de sangre real la vacante del Gran Magisterio. Es allí donde don Francisco de Borbón se compromete a gestionar ante don Alfonso XIII, su primo y rey, en un Consejo de Familia, el unánime deseo de los caballeros de restaurar el Gran Magisterio y como en otras épocas, que la jefatura suprema de la religión recaiga en un Borbón. Preocupado por las críticas a la vigencia de la orden que se hacen desde algunos círculos, Otzenberger incorpora a las conversaciones con el Duque de Sevilla, a Jean des Courtils de Bessy, séptimo comendador hereditario de la Encomienda de la Motte des Courtils, establecida el 14 de diciembre de 1702, para asegurar precisamente en todo tiempo la continuidad fidedigna de la religión. Nacido en 1871, el comendador formará parte del Capítulo General que restablecerá el Gran Maestrazgo el 15 de diciembre de 1935.
A él se debe una más que rotunda afirmación: Nuestra Encomienda Hereditaria es una de las instituciones históricas de la Orden que han contribuido a su continuidad hasta nuestros días… (1) ya que su existencia y testimonio contradicen a los adversarios de la milagrosa permanencia en el tiempo de la orden. Debe recordarse a este respecto, como ya se escribió en su momento (2) que en caso de dispersión o disolución del hospital, cualquier comendador hereditario tiene el derecho y la obligación jurídica de salvaguardar la milicia de los pobres leprosos, para siempre jamás, esto es a perpetuidad, tal como se especifica en las cartas de creación de las antiguas Encomiendas, suprimidas por Luis XIV (contraviniendo las constituciones) y restablecidas por Luis XVIII, en su exilio de Mittau.
En consecuencia, la sola presencia del comendador des Courtils (demostrando la transmisión hereditaria de la encomienda lazarista de agnado en agnado) acallaba las críticas de quienes se empeñaban en las tesis de la desaparición de la orden en 1831 y representaba un indudable marchamo de autenticidad ante el príncipe español.

Muy poco difundida resulta la circunstancia, revelada por Zeininger de Borja, por la cual, el Lugarteniente General de San Lázaro, el duque de Sevilla, poco antes de aceptar el Gran Magisterio, quiso con el respaldo del Consejo, ofrecerle tan alta dignidad al Príncipe de Asturias (3), rehusando éste, por orden de su padre el Rey don Alfonso XIII, que no deseaba por aquel entonces enfrentamiento alguno con la Santa Sede. Tampoco prosperó la candidatura del Infante don Jaime, duque de Segovia (4), quizá por las mismas razones o por otras asociadas a su minusvalía, lo que no impidió a su augusto padre conceder real licencia para que fuera don Francisco, quien finalmente accediese a la jefatura lazarista.
Y es que para el Rey, conocedor como pocos de la historia de su familia, los Borbones tenían un compromiso histórico con el Hospital de los leprosos, que solucionaría a la postre, el propio duque de Sevilla.
Piénsese que, para ese año, la República Española había abolido todas las órdenes nobiliarias y que un súbdito español, como el duque de Sevilla, no podía ejercer legalmente el Gran Magisterio de San Lázaro de Jerusalén sin inscribir a la institución como asociación civil al amparo de la ley de asociaciones republicana.
Para un hombre de vigorosas convicciones monárquicas como el nuevo Gran Maestre, a cuyo natural repugnaba la práctica de tales triquiñuelas legalistas, no había más legitimidad que la emanada directamente del Rey, aunque éste se encontrase en el exilio. Por ello y pese a legalizar la Orden en España el 17 de junio de 1935, pidió la aprobación de don Alfonso XIII para su elección como Gran Maestre de San Lázaro, que finalmente se produjo el 15 de Diciembre de aquel mismo año. Debe repararse que al poco de la elección, don Alfonso XIII heredó de su tío don Alfonso Carlos, la Jefatura de toda la Casa Real de Borbón esto es la de la Casa de Francia, por lo que su permiso al Duque de Sevilla para aceptar el Gran Maestrazgo de San Lázaro devuelve la Orden a la protección tradicional ejercida por los reyes legítimos de Francia.
Un autor de gran crédito y autoridad, don Manuel Rodríguez de Maribona, en la ponencia que presentó al Congreso de Estudios Históricos de la Orden, se decanta por considerar la aquiescencia de don Alfonso, como un marchamo de incuestionable legitimidad: No es baladí esta real licencia de quién se consideraría (a la muerte de don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este) Jefe de las Casas Reales de España y de Francia, titulándose Jefe de Familia, esto es, de toda la Casa de Borbón. Con don Francisco, encontraría el Hospital de los pobres leprosos de San Lázaro, el Borbón providencial que le apartaría del ostracismo, al que había sido condenado por los excesos de la Revolución francesa y el papanatismo de la monarquía burguesa de Luis Felipe de Orleans.
En definitiva, lo que interesa resaltar aquí es que la Casa de Borbón, representada por Alphonse I de Francia (S.M. el rey Alfonso XIII de España) no abandonó a su suerte a la antiquísima orden cruzada de San Lázaro y que, de acuerdo con quienes querían restaurar la estrecha vinculación de la gloriosa Cruz Verde con los príncipes de su Casa, otorgó su aquiescencia para que fuera un genuino Hijo de Francia quien tomase en sus manos la jefatura de la Orden.
¿Debemos inferir de este episodio una cierta simpatía secreta de Alfonso XIII por la insigne Orden lazarista? La realidad es que no consta en ningún documento que la supervivencia del Hospital preocupase mínimamente al rey. Sabemos que don Alfonso durante su reinado, tuvo en alta consideración a las cuatro órdenes militares españolas, pero no tenemos ningún indicio sobre su interés por las órdenes reales francesas, a las que ignoró olímpicamente, ya que cualquier manifestación en este sentido, hubiera sido interpretada como una concesión a los pretendientes carlistas.
Lo que es evidente es que, una vez en el exilio, don Alfonso se interesó cada vez más por los asuntos de Francia y que en ese contexto, contribuyó personalmente a rehabilitar el Gran Maestrazgo (en una persona de su confianza y familia) de una orden que por avatares históricos muy concretos había devenido en una caballería del patrimonio ecuestre de la Casa de Borbón, de la cual se había proclamado Jefe. El conocimiento cabal de este asunto demostraría, una vez más, lo poco documentado de las tesis anti-lazaristas que la sin razón interesada y la ignorancia han hecho circular como verdad absoluta.
NOTA
(1) V Ver L´Ordre Militaire et Hospitalier de Saint-Lazare de Jérusalem et ses prétendues suppressions. Soissons, 1964.
(2) V Ver José María de Montells. Historia apasionada de la Religión de San Lázaro, Lanzun, 2003.
(3) Don Alfonso de Borbón y Battenberg, bautizado Alfonso Pío Cristino Eduardo Francisco Guillermo Carlos Enrique Eugenio Fernando Antonio Venancio (Palacio Real de Madrid, 10 de mayo de 1907-Miami, Florida, Estados Unidos, 6 de septiembre de 1938) fue Príncipe de Asturias y heredero del trono de España desde su nacimiento hasta su renuncia en 1933. Desde aquella utilizó el título de Conde de Covadonga. Con motivo de su bautizo, el 18 de mayo de 1907 fue nombrado Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Por Decreto de 2 de febrero de 1931, su augusto padre le concedió el Collar de la Real Orden de Isabel la Católica.
(4) D Don Jaime Leopoldo Isabelino Enrique Alejandro Alberto Alfonso Víctor Acacio Pedro Pablo María de Borbón y Battenberg (La Granja, Segovia, 23 de junio de 1908-Saint-Gall, Suiza, 20 de marzo de 1975), fue el segundo de los hijos del rey Alfonso XIII y de la reina doña Victoria Eugenia. Nació en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso en Segovia. A raíz de una operación practicada durante su infancia padeció una sordera de por vida. Por Real Decreto de 2 de febrero de 1931, su padre le concedió el Collar de la Real Orden de Isabel la Católica. El 2 de marzo de 1931 fue nombrado Comendador Mayor de la Orden de Calatrava. Tuvo que abandonar España siendo muy joven al proclamarse en 1931, la II República. En 1941, los legitimistas franceses consideraron al Infante, como hijo mayor de Alfonso XIII, jefe de la Casa de Borbón y pretendiente al trono de Francia. Don Jaime aceptó estos apoyos y tomó el título de duque de Anjou, proclamándose Rey de derecho como Jaime Enrique VI de Francia y Navarra. Murió en el Hospital Cantonal de Saint-Gall en Suiza el 20 de marzo de 1975. Diez años después, Don Juan Carlos ordenó el traslado de sus restos al monasterio de El Escorial.

Texto publicado con el consentimiento de su autor, así como del Gran Priorato de España de la Orden Hospitalaria y Militar de San Lázaro de Jerusalén, y extraído de su original publicado en el número 21 de la Revista oficial del dicho Gran Priotato, «Atavis et Armis», páginas 18 al 21.

14 07, 2010

LOS PROYECTOS MONÁRQUICOS EN PERU, COLOMBIA Y ECUADOR EN EL SIGLO XIX

Por |2020-11-13T03:49:25+01:00miércoles, julio 14, 2010|

Por el Dr. Francisco M. de las Heras y Borrero
Presidente de la Diputación de esta Casa Troncal .

En este año de 2010, en el que se conmemora el Bicentenario de la Independencia de Hispanoamérica, se vuelve a desempolvar los hechos históricos que dieron origen a tan significativo acontecimiento.
Exceptuado el caso de México, donde se establecieron dos imperios tras su independencia de España, el tema de la eventual instauración de una monarquía en las antiguas colonias españolas en el periodo post-independentista ha permanecido ignorado, sin que se le haya dedicado la atención e importancia que el mismo requiere.
Fruto de las contradicciones de una época convulsa, confrontación ideológica y pasiones encontradas, la fórmula de gobierno republicana no aparecía en los primeros momentos como la única posible ni la más deseable por la ciudadanía. La causa de la monarquía también tenía sus partidarios entre los independentistas, muchos de los cuales militaron dentro y fuera de las filas republicanas.
Animados por el interesantísimo estudio de Bernardo Lozier Almazán, Caballero del Capítulo de Argentina de los Doce Linajes de Soria, relativo a los proyectos de instauración de una monarquía en los territorios del Río de la Plata, y al que recientemente hemos hecho referencia en el Blog, incursionamos hoy brevemente a través de los proyectos para establecer una monarquía en Perú, Colombia y Ecuador, episodios que, mucho de ellos, no son de conocimiento público.
Ojala que la historiografía actual, sobre todo los numerosos especialistas en Historia de América de nuestras universidades, profundicen en esta materia tan poco estudiada.
1 – PROYECTOS PARA ESTABLECER UN REINO EN PERU.
El compartir sentimiento monárquicos y republicanos no fue en los primeros momentos de la independencia un hecho excepcional. Un buen ejemplo de ello nos lo brinda don José de la Riva-Agüero y Sánchez Boquete, V Marqués de Montealegre de Aulestia, quien dejando a un lado honores, títulos, fortuna y posición social, militó de forma decidida en pro de la causa revolucionaria, lo cual no le impidió contemplar, al mismo tiempo, la monarquía como una respuesta a la nueva situación política.

Tras algunas vacilaciones iniciales, Riva-Agüero coincide en lo básico con las ideas del General José de San Martín, expuestas en septiembre de 1820 en la Conferencia de Miraflores. Allí, en forma reservada, se plantea la coronación de un príncipe de España en el Perú independizado. San Martín quería realizar la independencia por medio de los españoles, pero quería que previamente fuese reconocida por la metrópolis, fracasando por esta causa las negociaciones, bastante avanzadas, de Punchauca. Ante esta situación, el General San Martín, ya rigiendo el Protectorado, opta por la acción directa ante las potencias europeas de acuerdo y en conexión con la nobleza limeña. Así, al crearse por el Estatuto Provisorio, el 8 de octubre de 1821, un Consejo de Estado se encomienda a García del Río y Paroisien y otros comisionados la búsqueda de un rey para el Perú. Llevaban en cartera una lista compuesta por Leopoldo de Saxe Coburgo, que más tarde sería rey de los belgas, algún príncipe de la casa de Brunswick, Austria, Rusia, Francia o Portugal, y en último caso solicitar de España a don Luís de Borbón, duque de Luca, sin que se llegue a nada en concreto.

En sintonía con la idea monárquica, el Consejo de Estado declara a los títulos de Castilla como títulos de Perú, previa convalidación de los oportunos despachos y crea la Orden del Sol, cuyos miembros tenían carácter hereditario para así formar una nueva nobleza.
Años más tarde, Riva-Agüero, desterrado en Europa, casado en julio de 1826 con la princesa Carolina de Loos Corswarem, perteneciente a una casa que había sido soberana de un ducado pequeño en el antiguo imperio germánico, es acusado de financiar, según la información despachada por el gobierno de Méjico al gobierno de Perú en octubre de 1827, una expedición de aventureros a América con el objeto de coronarse él o coronar a un príncipe alemán o al infante don Francisco de Paula de Borbón.

Vemos, pues, cómo el dilema monarquía-república estuvo presente durante casi una década y media entre los partidarios de la independencia del Perú, que no tenían claro en los primeros años la fórmula o sistema de gobierno más aconsejable. Intrigas internacionales y los intereses políticos de Inglaterra y otras potencias darían al traste con estos proyectos.
No obstante, el sentimiento monárquico y estima de la nobleza quedó hondamente arraigado en la sociedad peruana. En 1869, casi cincuenta años después de iniciado el proceso independentista, aún seguía figurando en las partidas matrimoniales la condición noble de los desposados. A este respecto, tenemos delante de nuestra vista la partida de casamiento de Don Marcelino Arévalo y Orbe, quien contrajo matrimonio el 29 de Octubre de 1869 en la Santa Iglesia de Tarapoto, Perú, con Doña María de las Mercedes Iglesias y Pérez-Albán, registrados ambos con el calificativo de «Nobles». Entre los brillantes entronques del linaje de Don Marcelino figura el establecido con Doña María Catalina de Caravantes y Arana, Dama nacida en Soria perteneciente al Linaje Don Vela de la Casa Troncal de los Doce Linajes, casada con Don Hernando de Cárdenas y Zapata, Conquistador de Perú, fallecido en 1583. Los datos, anteriormente expuestos, lo hemos extraído de la documentación obrante en el expediente de ingreso, presentado ante esta Casa Troncal por el joven caballero peruano don Alexis Rolando Arévalo y Vergara.
2 – COLOMBIA: UNA CORONA PARA SIMÓN BOLIVAR.
General victorioso, hombre querido y admirado, Simón Bolívar pudo convertirse en «Rey». En efecto, El Libertador recibió la propuesta formal de ceñir la corona real de la Gran Colombia. Esta propuesta, dentro de una cierta efervescencia, fue efectuada por los mantuanos de Caracas y un partido de Bogotá. Pero con la llegada, en 1827, de Bolívar a Colombia y Venezuela se calman los ánimos.

No obstante, el 14 de abril de 1829 se presentan en Bogotá el conde Charles de Bresson y el duque de Montebello quienes, a despecho de la opinión de Simón Bolívar, comienzan a trabajar para la instauración de una monarquía en Colombia. El duque de Montebello propone, nada menos, que casar a El Libertador con una princesa de la Casa de Orleans.
Con Bolívar ausente, enfermo en Guayaquil, los encargados en Bogotá del poder ejecutivo, Urdaneta, Castillo, Restrepo y Castillo y Rada, apoyados por Estanislao Vergara, un monárquico de toda la vida, conspiran para complacer a los enviados franceses. El General Páez, pese a la insistencia epistolar de Urdaneta, no es partidario de cambiar la forma de gobierno.
Cuando El Libertador regresa de nuevo a Bogotá, se reúne, el 16 de enero de 1830, con el Consejo de Ministros y recibe un documento en el que se le informa de que dicho Consejo “después de un detenido estudio sobre la forma de gobierno que más conviene a la nación, acordó por unanimidad que la monarquía constitucional presenta todo el vigor y estabilidad que debe tener un gobierno bien cimentado”.
Bolívar ante semejante proposición monta en cólera, pide la renuncia inmediata a los ministros e instala su Congreso Admirable el 20 de enero, retomando Colombia su curso republicano. El proyecto monárquico había, definitivamente, fracasado.
3 – PROYECTOS MONÁRQUICOS EN ECUADOR.
Un primer intento de establecer una monarquía propia en el territorio de la Real Audiencia de Quito se produce tras la revolución quiteña de 10 de agosto de 1809.
Los criollos, sublevados al poder de Madrid, nombraron la Junta de Gobierno Autónoma, a cuyo frente pusieron al más popular de los nobles locales de aquel entonces, Juan Pío de Montúfar, II Marqués de Selva Alegre, al que en el acta de independencia pasan a denominar “Su Alteza Serenísima”, prueba inequívoca del destino real del interesado. El proyecto no sigue adelante ya que la otra facción de la Junta Soberana decide devolver el poder al rey de España.

Un segundo proyecto se debe al General Juan José Flores, quien, tras 14 años en el poder, se convenció de que sólo la monarquía podía rescatar a Ecuador del caos en que le había sumergido la república.

Flores había nacido en Puerto Cabello, Venezuela, en 1800. Su madre, Rita Flores, era una mujer humilde y su padre, Juan José Aramburu, un rico comerciante vasco, aunque no existen documentos que lo avale. A la edad de treinta años ya estaba en la cumbre de su vida política al ser nombrado Primer Presidente del Ecuador, cargo que desempeñó en tres oportunidades hasta que en 1845 fue obligado a salir del país tras la derrota sufrida en la Revolución del 6 de marzo.
Fue casi al final de su mandato cuando decidió enviar una serie de cartas a la Reina Regente de España María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, quien había contraído nuevas nupcias con don Agustín Muñoz y Sánchez, I duque de Riánsares. En dichas cartas, el Presidente Flores solicitaba la restauración de la monarquía en Ecuador en la persona de Agustín Muñoz y de Borbón, I Duque de Tarancón, que contaba 8 años, hijo de la Regente y el Duque de Riánsares.

El plan de Juan José Flores constaba de dos partes. En la primera se declaraba Príncipe de Ecuador al Duque de Tarancón, bajo la regencia de su madre Doña María Cristina. En la segunda se le convertiría en monarca de un hipotético Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con trono en la ciudad de Quito. Cuando todo estaba organizado, Flores fue depuesto y los planes se vinieron abajo. Desde el exilio intrigaría y movería influencias a favor de su proyecto sin resultado alguno.

Aún todavía en 1859 se produciría un último intento de instaurar un régimen monárquico en Ecuador, condenado igualmente al más absoluto trabajo. El entonces Presidente Gabriel García Moreno desarrolló un proyecto de protectorado que envió a Napoleón III, quien lo rechazaría de plano.
Y aquí concluimos estas breves notas sobre los intentos de establecer una monarquía en estos antiguos territorios de la Corona de España, dejando a plumas mucho más capacitadas que la mía el estudio minucioso de los acontecimientos esbozados. La celebración del Bicentenario de la Independencia de la América Hispana es más que una buena excusa para ello.

13 07, 2010

RESEÑA HISTÓRICA DE LOS PROYECTOS MONÁRQUICOS EN EL RIO DE LA PLATA.

Por |2020-11-13T03:49:25+01:00martes, julio 13, 2010|

Por Bernardo Lozier Almazán.


Con este sugestivo título el Caballero Honorario de esta Casa Troncal y Presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de su Capítulo en Argentina, Bernardo Lozier Almazán, en una pequeña obrita en número de páginas pero grande en contenido y significado, publicada por el Centro de Estudios Históricos Hispanoamericanos Isabel La Católica, en 2006, en San Isidro, Argentina, nos ilustra sobre los diversos proyectos que para instaurar una monarquía se llevó a cabo en los territorios del Río de la Plata, inmediatamente después de proclamada su independencia de la Corona de España.

Por su indudable interés y para general conocimiento, vamos a presentar un resumen del documentadísimo estudio de Bernardo Lozier, realizado por el Dr. Francisco M. de las Heras y Borrero, Presidente de esta Casa Troncal.

Con rigor y exactitud en los datos y citas, Bernardo Lozier nos presenta en su obra los reiterados intentos de restaurar una monarquía independiente en el Rio de la Plata, cuyos proyectos estuvieron inspirados en la necesidad de autogobernarse, ante la quiebra de la autoridad real en la España invadida por Francia.

En aquellos momentos, escribe el autor, había partidarios de un gobierno independiente de la España ocupada, pero integrado por españoles, con Martín Alzaga a la cabeza; los que ansiaban una monarquía constitucional, impulsada principalmente por Manuel Belgrano y, por último el grupo de criollos que creían llegado el momento de independizarse de España y formar gobierno propio.

1 – El proyecto de la Infanta Carlota Joaquina.

El primer intento o proyecto para instaurar una monarquía en los territorios del Río de la Plata, vino personalizado por la princesa Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII, esposa del Príncipe Juan, entonces Regente de Portugal, quienes, huyendo de la revolución, se habían instalado desde el 7 de marzo de 1808 en Río de Janeiro con toda su Corte y nobleza. Carlota Joaquina, en su calidad de hermana del destronado Fernando VII, aspiraba a crear un trono rioplatense de la que ella sería su titular.

En estas circunstancias, Doña Carlota Joaquina aprovecha la acefalia del trono para postularse como depositaria y defensora de los derechos de la dinastía borbónica en América. Consecuentemente puso en marcha una red de contactos políticos para sumar adictos a su proyecto.

Fue en aquel momento cuando surge la figura intelectual de Manuel Belgrano. Monárquico convencido, Belgrano defiende la causa de la Infanta Carlota y decide formar un partido en su favor.

Ante los requerimientos de sus partidarios, Doña Carlota Joaquina responde el 19 de agosto de 1808 con un Manifiesto en el que se consideraba “Depositaria y Defensora de los Derechos (…) que quiero conservar ilesos e inmunes de la perversidad de los Franceses para restituirlos al legal Representante de la misma Augusta Familia…”. Este legal representante no era otro que su primo el Infante Don Pedro Carlos, el cual inmediatamente apoyó “en todas sus partes” el manifiesto de Doña Carlota Joaquina.

Belgrano apuesta fuertemente por esta solución que, finalmente, no obtiene el consenso necesario, y así llegaron las jornadas de mayo de 1810, que concluyeron el día 25 con la destitución del Virrey y la instauración de una Junta Provisional de Gobierno que se comprometió, según la Proclama, a sostener estas Posesiones en la más constante fidelidad y adhesión nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores en la Corona de España, y que en la práctica supuso iniciar el camino para constituirse en nación independiente.

El plan de Belgrano era muy distinto, se trataba de establecer un gobierno independiente, emanado del principio de soberanía nacional y personificado en una dinastía americana, por adopción o de nacimiento.

2 – El proyecto del Infante Francisco de Paula.

Dada la intransigencia de Fernando VII en llegar a cualquier tipo de acuerdo con el Directorio establecido en Buenos Aires, Manuel de Sarratea inicia negociaciones secretas con Carlos IV, exiliado en Roma, con el propósito de que aprobara la venida a Buenos Aires de su hijo, el Infante Don Francisco de Paula de Borbón y Borbón, para coronarlo en un trono independiente a erigirse en el Río de la Plata.

Manuel Belgrano no titubea en propiciar la instauración de una tal monarquía. El proyectado reino abarcaba los territorios del Virreinato del Río de la Plata, Capitanía General de Chile y las provincias de Puno, Arequipa y Cuzco.

Carlos IV apoya con entusiasmo este plan, elaborándose un proyecto de constitución, titulado Constitución para el Reino Unido del Rio de la Plata, Perú y Chile, el cual fue redactado de forma exclusiva por Manuel Belgrano.

Cuando en el mes de junio de 1815, tras la derrota de Napoleón en Waterloo, los negociadores argentinos del proyecto se vuelven a entrevistar con Carlos IV, éste, no obstante la influencia interpuesta por Godoy y María Luisa a favor del plan, temeroso de enemistarse con su hijo Fernando VII quien, liberado de su cautiverio, ocupaba nuevamente el trono de España y no compartía el proyecto, se negó a concretarlo echando por tierra la tan avanzada negociación, fracasando así otra posibilidad para instaurar una monarquía en América.

3 – La opción incaica.

La situación caótica que vive el país hace que el sentimiento monárquico no pierda fuerza, considerándose la monarquía como el mejor sistema contra el desorden reinante.

En febrero de 1816 ya se consideraba seriamente una nueva opción: la opción incaica. Belgrano, incluso, expone sus ideas a los integrantes de la Asamblea de Tucumán, defendiendo que en su concepto, la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía temperada; llamando a la dinastía de los Incas por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta Casa tan inicuamente despojada del trono; a cuya sola noticia estallará un entusiasmo general de los habitantes del interior.

Pese a que su elocuente y persuasiva exposición logró la adhesión de la mayoría de los reunidos, el proyecto monárquico volvería a fracasar por circunstancias diversas, que expone con brillantez Lozier en su estudio.

Tampoco ayudaría mucho al triunfo de esta causa la diversidad de candidatos incas:

a) Dionisio Inca Yupanqui, educado en el Seminario de Nobles, distinguido coronel del regimiento de Dragones y diputado a las Cortes representando al Perú.

b) Juan Andrés Ximénez de León Manco Capac, descendiente legítimo de los emperadores del Perú, sacerdote y primer capellán del ejército argentino.

c) Juan Bautista Túpac Amaru, quinto nieto del último emperador del Perú, quien en 1816 hacía treinta y cinco años que se encontraba prisionero de los españoles.

Sea como fuere la opción incaica sólo quedó en proyecto. Su único saldo sería el sol de los Incas en la bandera argentina.

4 – Otras opciones.

Para concluir su interesante y documentado librito, Bernardo Lozier nos relata otras opciones, las cuales, pese a los esfuerzos de los políticos monárquicos de la época y las grandes posibilidades de éxito con que se presentaban algunas de ellas, tampoco alcanzarían un resultado positivo:

a) Luís Felipe de Orleans, Duque de Orleans, cuyo proyecto de coronación fue recibido por los congresistas en palabras del Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredon, con un entusiasmo difícil de describir.

b) El Infante Don Sebastián, nacido en Río de Janeiro en 1811, hijo del Infante Don Pedro Carlos y Doña María Teresa de Braganza, Princesa de Beira, proyecto fracasado ante el temor de una excesiva influencia portuguesa.

c) Carlos Luís de Borbón, duque de Luca, hijo de Don Luís de Borbón y Lorena, duque de Parma, Rey de Etruria, y de Doña María Luisa de Borbón y Borbón, hermana de Fernando VII, cuya candidatura el Congreso Nacional de las Provincias Unidas de Sudamérica ha examinado con la más seria y madura atención.

Bernardo Lozier, patriota argentino de acrisolada hispanidad, concluye su magnífico estudio con una reflexión que no nos resistimos a citar:

«Con la perspectiva de los años transcurridos desde el nacimiento de la Argentina improvisada en 1810 – escribe Lozier – podríamos plantearnos el interrogante de qué hubiera ocurrido de haber tenido éxito alguno de los tantos proyectos monárquicos malogrados. Jamás lo sabremos. Pero podemos suponer –por qué no- que hubiéramos sido el país grande que Belgrano y tantos otros soñaron. Seguramente –al menos así lo creo- hubiéramos logrado tempranamente la libertad y el orden necesarios para afianzar la independencia, evitándonos tantos años de desencuentros y luchas intestinas, que postergaron la consolidación de la Nación Argentina”.

Sabedores de que el amigo Bernardo Lozier Almazán continúa investigando en este campo apasionante, esperamos impacientes que pronto nos presente sus resultados.



11 07, 2010

TÍTULOS NOBILIARIOS Y FONS HONORUM DE LA CASA REAL DE GEORGIA

Por |2020-11-13T03:49:26+01:00domingo, julio 11, 2010|

Alfonso de Ceballos-Escalera, Marqués de la Floresta, señala que “los honores y distinciones, como instrumentos de gratificación estatal, han existido y existen en todos los regímenes políticos, sean monárquicos o republicanos y con independencia de su particular orientación ideológica” .
Esta facultad de ejercicio del derecho premial, ya sea el otorgamiento de una distinción caballeresca, de mérito o un título nobiliario, es una competencia que se reconoce al Rey como Jefe de una Dinastía. Dicha competencia puede ser ejercitada, como señala el Magistrado de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, Rodríguez-Zapata, incluso, “al margen del Estado (…) por Reyes ya destronados o por Jefes de Casas Reales antiguamente reinantes” .
El reconocimiento de un “fons honorum” a las dinastías reinantes, o que han reinado, es unánime y pacíficamente aceptado por la generalidad de la doctrina. El británico Gayre of Gayre, citando a la “Comisión Internacional para el Estudio de las Órdenes de Caballería”, sostiene, además, “lo inadmisible de un Estado que intervenga, por prácticas judiciales o administrativas, en los asuntos de las órdenes pertenecientes a una familia o casa principesca” .

El goce pacífico de este «fons honorum» ha venido siendo disfrutado por la dinastía Bagration de Mukhrani sin contestación alguna. A este respecto, es muy significativo el reconocimiento efectuado al Príncipe Jorge, como legítimo Jefe de la Casa Real de Georgia, por parte del prestigioso «Cercle d’Etudes des Dynasties Royales Européennes», dirigido por Jen-Fred Tourtchine, uno de los especialistas científicos más exigente de estas disciplinas .

Son muchos los ejemplos que podemos contar, tanto recientemente como en el pasado, relativos al ejercicio del fons honorum por parte de titulares de dinastías históricas destronadas, otrora soberanas o aspirantes en armas a la soberanía.
Así, en este sentido, podemos citar los títulos otorgados por el Archiduque Carlos, futuro Emperador Carlos VI de Austria, que fueron reconocidos al término de la guerra de sucesión al trono de España, 1701-1714, por Felipe V, su contendiente y rival.
Igualmente, los reyes carlistas ejercieron ampliamente esta facultad inherente a todo soberano, otorgando títulos nobiliarios a sus fieles leales, títulos que forman parte hoy día a todos los efectos del elenco de la nobleza del Reino de España, tras el reconocimiento de los mismos efectuado por el General Franco en 1948.
Su Majestad Alfonso XIII, una vez en el destierro, también ejerció esta prerrogativa, otorgando a su hijo Alfonso el condado de Covadonga, a su hijo Jaime el ducado de Segovia, y al escritor y periodista Cesar González Ruano el marquesado de Cagijal. Su heredero, el Conde de Barcelona, otorgó a su hija Pilar el ducado de Badajoz y a su hija Margarita el ducado de Soria, haciendo uso de sus facultades como Jefe de la Casa Real de España. Además, el Conde de Barcelona discernió en diferentes ocasiones la Orden del Toison de Oro, la más alta distinción de la monarquía española.
De la misma manera, el Rey Humberto II de Italia, efímero rey de mayo, otorgaría durante su exilio numerosos títulos de nobleza y otras condecoraciones.
Don Duarte de Braganza, Jefe de la Casa Real Portuguesa, también realiza con regularidad el ejercicio del derecho premial atinente a las órdenes dinásticas de la Casa de Braganza.
En los últimos años, S.A.R. Carlos Hugo de Borbón Parma, en su condición de indiscutido e indiscutible Duque de Parma, ha otorgado diferentes títulos parmesanos a sus hijos Carlos Javier (Príncipe de Piacenza), Jaime (Conde de Bardi), Margarita (Condesa de Colorno) y Carolina (Condesa de Sala). Así mismo, otorgó en el año 2003 el también parmesano condado de Villalonga y Morell a Felipe de Villalonga y Morell, su fiel servidor, desgraciadamente ya fallecido. Además, el Duque de Parma otorga, a quienes considera merecedores de ello, con el pleno reconocimiento y aceptación del estado italiano, la Orden Constantiniana de San Jorge y la Orden de San Lodovico. En su condición de Jefe de la dinastía carlista ha titulado, también, a tres de sus hijos con títulos ligados a esta causa: Duque de Madrid a Carlos Javier, Duque de San Jaime a Jaime y Duquesa de Gernika a Carolina. De igual forma, ha retomado la concesión de las condecoraciones de la Real Orden de la Legitimidad Proscrita, que distribuye entre sus seguidores carlistas de acrisolada fidelidad.
Podríamos así seguir desgranando una amplia relación de ejemplos en los que los titulares de dinastías históricas, que ejercieron funciones soberanas, continúan disfrutando de forma pacífica el ius honorum.

Consecuentemente y en línea con lo anteriormente expuesto, Su Alteza Real David Bagrationi, actual Jefe de la Casa Real de Georgia, ejerce en plena conformidad con el derecho histórico de su país, el Gran Maestrazgo de la Orden del Águila de Georgia y la Inconsútil Túnica de Nuestro Señor Jesucristo, así como de la Orden de la Reina Tamar, colocándose a la cabeza de unos entes morales cargados de prestigio y tradición.

Así mismo, el Príncipe David, como actual titular del fons honorum del que es depositaria su dinastía, ejercita también, al igual que su difunto padre (q.G.h.), el príncipe Jorge, la facultad de discernir títulos nobiliarios a las personas que por sus méritos y cualidades se hayan hecho acreedoras a semejante distinción, ratificando este proceder la expresión máxima del ejercicio del derecho premial por parte del jefe de una familia, que ha ejercido en el pasado funciones soberanas sobre un territorio determinado.
La nobleza georgiana tuvo un origen, como tantas otras, guerrero, brindando su apoyo militar al soberano y colaborando en la consolidación de un orden establecido. Con el transcurso de los años el apoyo militar prestado al monarca va derivando hacia una eficaz ayuda en la gestión de los asuntos públicos, evolucionando este colectivo social hacia una nobleza palatina. Así, a semejanza de otros estados europeos, la nobleza de Georgia ostentaba el ejercicio de los cargos públicos, que les estaban exclusivamente reservados, tanto militares, como judiciales y administrativos.
Desde, aproximadamente, el comienzo del siglo XIII se conocieron en Georgia los títulos de Conde y de Barón, con los que se designaban a los altos funcionarios, pero, en principio, ni eran hereditarios ni tenían otro carácter que el de denominaciones aplicables a los puestos de gobierno y administración, careciendo ya en esta época de asiento territorial.

Con el tiempo las concesiones nobiliarias se van haciendo transmisibles. Normalmente los títulos se transmitían por agnación, aunque la nobleza personal, a semejanza de la nobleza rusa, podía transmitirse a las esposas e hijas.
Tras la incorporación de Georgia en 1801 al imperio ruso, la nobleza georgiana conserva su estatus nobiliario y los bagrátidas su condición principesca, ocupando algunos de ellos los más altos niveles en el escalafón imperial.
Así, en el prestigioso Anuario Genealógico, Diplomático y Estadístico «Almanach de Ghota», en su edición de 1876, figura el Príncipe Bagration – Moukkransky en la lista de Senadores como Secretario de Estado. Y en la edición de 1917, año que marca el fin de una época y de un estilo de vida, también figura el Príncipe Bagration – Moukkransky en un elevado rango de la Corte Imperial: General al servicio de Su Majestad, miembro de la Casa Militar del Zar.

Pero, pese a la dominación imperial rusa, primero, y soviética, después, la dinastía Bagration continuó ostentando la Jefatura de la Casa Real de Georgia sin solución de continuidad, representando los derechos históricos inherentes a esta condición. No obstante, habría que esperar hasta el Príncipe Irakly Bagrationi (1909 – 1977) para que, como Jefe de la Familia Real, restaurase en su plenitud la nobleza georgiana, poniendo de manifiesto el ejercicio del ius honorum, que siempre había ostentado esta dinastía.
El Príncipe Jorge, heredero de don Irakly, continuó con el ejercicio de esta facultad, otorgando títulos nobiliarios a las personalidades que se hicieran merecedoras a ello por los servicios prestados a la causa monárquica georgiana. El Príncipe David, en su condición de nuevo Jefe de la Casa Real de Georgia, ha procedido, de inmediato, al ejercicio de la prerrogativa premial, otorgando a partir del 12 de marzo de 2008 diversos títulos de nobleza.
El original de los títulos nobiliarios, expedidos ante notario en Tibilisi, la capital de Georgia, y en la lengua nacional, son traducidos al inglés por traductor jurado, que garantiza la fidelidad de la transcripción. Los Ministerios de Justicia y Relaciones Exteriores de Georgia, por su parte, certifican con la firma y sello de sus autoridades competentes la legalidad y constancia del acto realizado.

Los títulos nobiliarios georgianos son transmisibles en la línea de la primogenitura con preferencia del varón respecto de la hembra a igualdad de grado.
Un escogido y selecto grupo de personalidades, que han destacado por su devoción a la dinastía Bagration de Mukhrani, conforman hoy la nómina de la Nobleza Titulada de Georgia a la espera de la restauración de la monarquía en este país, símbolo de su soberanía y exponente de sus mejores días de gloria.


Dr.Frco.Manuel de las Heras y Borrero, Presidente de la Diputación de esta Casa Troncal

Bibliografía Consultada:
Ceballos-Escalera y Gila Alfonso, Cuadernos de Ayala, no. 10 (reseña de la obra “Las Ordenes y Condecoraciones Civiles del Reino de España”), Madrid 2002, página 5.
Rodríguez-Zapata Pérez Jorge, “Los Títulos Nobiliarios en nuestro Constitucionalismo histórico y en la Constitución de 1978”, in “Compendio de Derecho Nobiliario”, Editorial Civitas, Madrid 2002, página 55.
Gayre of Gayre and Nigg R., “Le Crépuscule de la Chevalerie”, Editions Fernand Lanore, Paris 1975, página 15.
Jean-Fred Tourtchine, Manuscrites du C.E.D.R.E, «Le Royaume d’Espagne», volume III, página 131, 1996.

10 07, 2010

ATAVIS NÚM.21

Por |2014-07-27T20:10:55+01:00sábado, julio 10, 2010|

Hace escasas fechas, en esta Casa Troncal hemos recibido el número 21 de la revista del Gran Priorato de España de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén.
“Atavis et Armis”, con la siguiente distribución en secciones , y donde destacamos los artículos y noticias que enumeramos.
Noticias del Gran priorato:
Con pequeños artículos que nos informan sobre las Actividades de la Encomienda de Cataluña, la Operación kilo, el dedicado a la Renuncia del Príncipe Carlos Felipe de Orleans, el que nos habla de un Artículo sobre la Orden en la Revista Medieval, el que nos informa sobre la Real concesión del Título de Marqués de Castrillón al caballero lazarista don Gonzalo Anes, la Presentación en el Colegio Heráldico de España y de las Indias del libro «Carlos Hugo, el Rey que no pudo ser», de D. Francisco M. de las Heras y Borrero, y el dedicado a la Peregrinacion a Santiago de Compostela de la Orden de San Lázaro.
El Apartado dedicado a las colaboraciones, donde se destacan los siguientes artículos:
Don Alfonso XIII y el Hospital de la Cruz Verde.
Don Jaime de Mora y Aragón (1925-1995) Caballero Lazarista .
La Orden de San Lázaro y el sistema de inteligencia exterior del Gobierno de Salamanca durante la guerra civil de 1936-1939.
El Escaparate de Libros, sección donde se aconsejan las últimas novedades, tales como:
«Carlos Hugo. el Rey que no pudo ser», de D. Francisco Manuel de las Heras y Borrero.
«Introducción a la Heráldica y Manual de Heráldica Militar Española» de D.Eduardo García-Menacho y Osset.
«Las Armas del Caballero y la Heráldica» de D. Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio.
«Valdeosera, el Solar de los Trece Linajes» de D. Luis Pinillos y Lafuente.
«El Cuerpo de Maquinistas de la Armada Española. (1850-1950)» de Antonio de la Vega y Blasco.
«Libro de Horas de la Orden de San Lázaro» de la Autoría de D. José María de Montells, Alfredo Escudero y Otros.
La misma cierra con las Armas del Caballero Lazarista y miembro de esta Casa Troncal D. Juan Van-Hallen y Acedo, blasonadas por D. José María de Montells y representadas por D. Carlos Navarro Gazapo.

Por encontrarlos de gran interés, tanto para los miembros de esta Casa Troncal como para todos nuestros lectores, una vez conseguida la correspondiente autorización del Consejo de Redacción de la revista «Atavis et Armis» queremos publicar en su integridad alguno de los artículos que se integran en la presente publicación. Esperamos sean de su agrado.

9 07, 2010

DERECHO PREMIAL: Las Condecoraciones de la República Dominicana

Por |2020-11-13T03:49:26+01:00viernes, julio 9, 2010|

Cumpliendo con nuestro objetivo de ir publicando la temática relativa a las condecoraciones, vamos a iniciar hoy la presentación del Derecho Premial de aquellos países en los que la Casa Troncal tiene establecido un Capítulo, comenzando por la República Dominicana.
Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella
El precedente de esta condecoración lo constituye la Orden del Mérito de Juan Pablo Duarte, instituida en tiempos del Dictador Rafael Leónidas Trujillo por Ley 91 del 24 de febrero de 1931. A partir del 15 de septiembre de 1954 pasó a denominarse Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, entendiéndose que cada vez que la legislación diga Juan Pablo Duarte, “se entenderá que dice Duarte, Sánchez y Mella”, siendo el más elevado honor y el más distinguido premio al mérito que ofrece la República Dominicana.

Las condecoraciones otorgadas son exclusivamente personales y no hereditarias y premian “los servicios distinguidos a la Patria, al mérito sobresaliente, los beneficios a la humanidad, los grandes descubrimientos científicos, las obras de arte sobresalientes y todos los hechos meritorios”.
Comprende los siguientes grados: Collar, Gran Cruz Placa de Oro, Gran Cruz Placa de Plata, Gran Oficial, Comendador, Oficial y Caballero. El Presidente de la República es el Jefe de la Orden, que puede conferirla a propuesta de su Consejo, presidido por el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, o de “motu propio”, tanto a nacionales como a extranjeros, de uno u otro sexo.

Queda terminantemente prohibido el uso de las joyas y distintivos de la Orden a toda persona que no la posea, y quien la use en un grado más elevado del que indique su diploma, podrá ser borrado del cuadro de sus miembros.
Esta condecoración es la utilizada para los intercambios de visitas con Jefes de Estado y representantes extranjeros.

Entre las personalidades internacionales que ostentan esta alta distinción figura el Comisario Europeo para la Cooperación al Desarrollo, Louis Michel, quien visitó durante su mandato reiteradas veces la República Dominicana.

Orden Heráldica de Cristóbal Colón.
El antecedente legislativo de esta Orden se encuentra en la Resolución del Presidente de la República Ulises Heraux, de 24 de noviembre de 1898, mediante la que resuelve crear una “Orden Heráldica”, que se llamará Orden Colombina, para premiar los servicios prestados a la República “con motivo del hallazgo de los supuestos restos de Don Cristóbal Colón, Descubridor de la América (…//…) el 10 d
septiembrede 1877″. Aunque recientemente, y gracias a la ciencia, se demostrase que los restos del insigne marino descansan en la Catedral de Sevilla.

A partir de la Ley de 22 de julio de 1937, adoptada bajo el mandato del General Trujillo, la Orden Colombina se transforma en Orden Heráldica de Cristóbal Colón. Además de los trabajos meritorios, que se relacionen con “el Descubridor de América, sus pretendidos restos, o con el Faro monumental que se erigirá en su memoria”, premia, igualmente, “los servicios distinguidos a la Patria o a la humanidad y el mérito sobresaliente en las artes o en las ciencias”.
Comprende, a similitud de la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, los grados de Collar, Gran Cruz Placa de Oro, Gran Cruz Placa de Plata, Gran Oficial, Comendador, Oficial y Caballero, siendo, asimismo, el Presidente de la República su Jefe Supremo.
Sorprendente y curiosamente, pese a su denominación, esta orden no tuvo, ni tiene, ninguna connotación con la heráldica, ni a sus beneficiarios se les otorgó, ni se les otorga, el uso de ningún blasón. No obstante, pensamos que nunca es tarde para corregir esta laguna.

8 07, 2010

OLIGARQUIA Y PODER EN SORIA

Por |2020-11-13T03:49:26+01:00jueves, julio 8, 2010|

La Institución de los Doce Linajes en los Siglos XVI y XVII
Autora: María Ángeles Sobaler Seco

Con gran satisfacción presentamos hoy este libro de la autoría de la profesora de la Universidad de Valladolid, María Ángeles Sobaler Seco, pulcramente editado en el año 2007 por la Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo.
La obra en cuestión constituye la tesis doctoral (sobresaliente “cum laude”) de la autora, fruto de una meticulosa, profunda y exigente investigación en los principales archivos donde se conservan fondos documentales sobre los Doce Linajes de Soria.
La obra comienza haciendo una exposición sobre el origen de los Doce Linajes, presentándolo como una “estructura de poder” en la Baja Edad Media.
Especial interés reviste la Organización Institucional de la Casa Troncal, sobre todo el apartado relativo a la distribución de oficios ordinarios entre los caballeros de linajes, así como al funcionamiento de la Diputación de los Arneses.
La investigación dedica un documentado capítulo al patrimonio económico de los Linajes y su gestión, y otro a la elección de Procuradores en Cortes y Regidores.
De igual forma, refleja en detalle la encomiable labor de beneficencia y caridad urbanas desarrollada por los Doce Linajes, concluyendo con una acertada visión de su imagen pública dando cuenta de su presencia y participación en la fiesta y el espectáculo urbanos.
Libro altamente ilustrativo para conocer el palpitar de Soria y de la Casa Troncal, recomendamos vivamente su lectura, pues, como muy bien concluye la profesora Sobaler, “no es posible disociar la historia de la ciudad de Soria de la de sus Doce Linajes”.
Para aquellos que estén interesados en el trabajo de la profesora Sobaler, y dadas las presumibles dificultades de conseguir la edición impresa, la Diputación de los Linajes puede enviar archivo electrónico de la tesis doctoral a quienes lo soliciten.
7 07, 2010

HERMANDADES Y ASOCIACIONES DE CABALLEROS: Real Hermandad de Caballeros de San Fernando.

Por |2020-11-13T03:49:26+01:00miércoles, julio 7, 2010|

En 1942, el Coronel D. Fernando Puell Sáncho, junto con el Caballero de la Órden de San Lázaro de Jerusalén D. Fernando Aguiar Gómez Acebo ( primer Maestro de Ceremonias), fundaron esta Hermandad de Caballeros, que goza de muy buena salud y prestigio entre las corporaciones y hermandades, que conforman nuestro rico abanico de entidades e instituciones caballerescas .
Sus Caballeros tienen como fines primordiales la defensa de la fe Católica, la extensión del culto y filial devoción a la Virgen María, así como el aumento , por todos los medios a su alcance, de
la devoción al Santo Rey Fernando.

En 1951 se entronizó la imagen de San Fernando, propiedad de la Hermandad, en la Iglesia de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. Templo en el que realizan sus ceremonias de recibimientos.
En 1992, siendo su Presidente D. Fernando Granzow de la Cerda, se aprobaron sus actuales estatutos, adaptados al nuevo Derecho Canónico y a la Ley de asociaciones de 1.964. En ese mismo año le fue concedido por S.M. el Rey D. Juan Carlos I, el título de Real Hermandad.
Su insignia es la cruz de cruces en gules , a tribuida a su Santo Patrón. Su manto capitular es
color blanco, cargado con la mencionada cruz recrucetada bordada en oro.

6 07, 2010

LA HERALDERÍA EN LA CASA TRONCAL:La conveniencia de reunir en un Armorial los blasones de sus miembros.

Por |2020-11-13T03:49:26+01:00martes, julio 6, 2010|

Que la heráldica es un sistema codificado de símbolos, nadie lo niega. Constituye un lenguaje privativo que utiliza signos pictográficos para identificar personas y linajes, cuyo nacimiento, tal como lo conocemos hoy, podría situarse en la Edad Media, y que fue progresivamente incorporado a la sociedad estamental europea, siendo adoptado posteriormente por gremios, ciudades, villas y territorios.

Así, heraldería sería la voz castellana más antigua para nombrar a la ciencia del blasón, es decir a la ciencia que estudia los escudos de armas, la ciencia propia de los heraldos. La heráldica es amén de una ciencia, un arte. Un arte que se reinventa a sí mismo según las épocas y las modas. La heráldica, por decirlo de otro modo, sería la expresión plástica más depurada de la policromía medieval. Responde a la necesidad de que los jinetes, fuesen debidamente identificados en las justas caballerescas y en las batallas.
Así surge una nueva disciplina, regida por rigurosas reglas que harán del blasón, a través de la impresión visual, una alegoría de las cualidades o las desdichas humanas, transmisible de padres a hijos e identificadora de los linajes. Los reyes de armas o heraldos, en su función de árbitros del honor militar, irán poco a poco proporcionando contenido a la Ciencia Heroica que conforma, junto a los tratados de nobiliaria, la teoría de la Caballería.
Lo que se niega hoy es la vitalidad de la heráldica. Con inusitada frecuencia se dice que ha muerto, que vacía de su utilidad primigenia, ha dejado paso a otras formas de tipificación gráfica. Es para decirlo brevemente, el triunfo del logotipo.

Sin embargo, no estamos en absoluto de acuerdo con esta opinión tan extendida y buena prueba de ello es que hemos tomado la iniciativa de ir elaborando un Armorial de los caballeros y damas de esta Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria. Contamos para ello con la inestimable colaboración del Heraldo Mayor, D José María de Montells y Galán, caballero honorario y verdadera autoridad en la Ciencia Heroica, que reúne en su persona otros cargos heráldicos significativos. A él está reservada la tarea de cooperar en la elección de un escudo de armas a aquel que no lo posea por linaje o por abandono y/o quiera confeccionar armas nuevas. Como del mismo modo a auxiliar en las labores de identificación de un blasón, si al Caballero le correspondiese por linaje y/o por uso notorio de algunos de sus ancestros.

No faltan quienes creen que hacerse unas armas de nuevo cuño, es incurrir en algo poco ortodoxo. Nada más lejos de la realidad, es más decente y honrado crearse un nuevo escudo que apropiarse de otro, por coincidir el apellido. Eso, una apropiación indebida, es lo que ofrecen las casas comerciales al uso. No nos cansaremos de decir que el escudo identifica linajes, no apellidos. Según nuestras costumbres heráldicas, el blasón está al alcance de cualquiera que adopte uno de nuevo cuño. En el mundo moderno, la heráldica no tiene utilidad práctica alguna, no demuestra origen noble ni sirve para nada concreto que no sea identificarnos con un signo gráfico.
Si decidimos adoptar nuevas armas depende de nuestra voluntad, aunque dicho signo debe ser adoptado conforme a las reglas que rigen la heraldería, porque de lo contrario caemos en la posibilidad de identificar nuestro linaje con un adefesio. De ahí, la utilidad de un Heraldo que puede aconsejarnos con conocimientos y gusto estético. Naturalmente, el objetivo de crear un Armorial para los integrantes de la Casa Troncal restaurada no es ocioso ni banal, se trataría de seguir una tradición secular que tiene su origen en la rueda heráldica que nos sirve de emblema.
El inestimable trabajo de D. Manuel Pardo de Vera y Díaz , Canciller del Capítulo que esta Casa tiene en el Antiguo Reino de Galicia y actual presidente del Tribunal de Arbitraje de esta Casa Troncal está siendo determinante para la consecución del armorial.

Es por lo que invitamos a todos los miembros de esta Casa Troncal, que no incluyeron sus usos armeros en sus expedientes, nos remitan sus armas al objeto de que por las Autoridades mencionadas sean homogeneizadas e incluidas en el proyecto.
En definitiva, para una mayor transparencia y constancia en nuestros registros, la Casa Troncal va a abrir un Armorial para que las Armas de sus miembros, Caballeros y Damas, queden registradas, siendo así reconocidas por esta Casa, que expedirá los oportunos documentos armeros, a instancia de los interesados sobre el depósito de las mismas.
Para todo tipo de consultas pueden usar el mail oficial de esta Casa Troncal anotado en su web oficial.

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