La Real Asociación de Hidalgos de España celebró ayer el 50 aniversario del Colegio Mayor Universitario Marqués de la Ensenada
Real Asociación de Hidalgos de España 50 ANIVERSARIO DEL COLEGIO MAYOR MARQUÉS DE LA ENSENADA.
La Real Asociación de Hidalgos de España celebró ayer el 50 aniversario del Colegio Mayor Universitario Marqués de la Ensenada, cuya primera promoción fue en el año 1966.
Con las intervenciones del Presidente de la Real Asociación de Hidalgos de España, Conde de Tepa, del Rector de la Universidad Complutense D. Carlos Andradas Heranz, excolegiales y actuaciones de teatro, baile y música, se convirtió en una velada sobria y emotiva donde se fundieron recuerdos de muchas generaciones de colegiales.
Presentación en el Archivo Real y General de Navarra del libro: “PROCESOS DE HIDALGUÍA DEL CONSEJO REAL DE NAVARRA QUE SE CONSERVAN EN EL ARCHIVO REAL Y GENERAL DE NAVARRA. SIGLO XVI”
Real Asociación de Hidalgos de España
Con la presencia de miembros de la Junta Directiva de la Real Asociación de Hidalgos de España, el pasado miércoles 27 de abril se presentó en el Archivo Real y General de Navarra el libro “PROCESOS DE HIDALGUÍA DEL CONSEJO REAL DE NAVARRA QUE SE CONSERVAN EN EL ARCHIVO REAL Y GENERAL DE NAVARRA. SIGLO XVI”, dirigido por D. Manuel Pardo de Vera y Díaz, primera de las publicaciones derivadas del convenio suscrito con el Gobierno de la Comunidad Foral de Navarra.
Un convenio que se añade a los suscritos con el Ministerio de Cultura, Junta de Andalucía, Gobierno de Aragón y Diputación de Zaragoza para la extracción y difusión de información de carácter genealógico y nobiliario.
UNA ESTAMPA ANTIGUA; por D. José María Montells y Galán
UNA ESTAMPA ANTIGUA
Sonreía don Ramón del Valle-Inclán, sonreía don Miguel Strogoff, sonreía el vizconde de Portadei, sonreía el viejo conde de Melgar, sonreían todos los presentes mientras don Jaime condecoraba con la Legitimidad Proscrita al eximio dramaturgo. Don Ramón, alborotada la leonina cabeza, lúgubre la manga vacía de la negra levita, solo acertaba a decir: Graciaz, graciaz. Graciaz a todoz.
Melgar improvisó unas palabras sobre lo que la Causa debía al genio de las letras. Valle-Inclán se emocionó un tanto y los ojos le brillaron de pronto. El rey le abrazó parsimoniosamente, componiendo sin querer una estampa antigua, que duró un momento. Don Jaime gritó un viva que no se entendió y todos contestaron a voces. Cuando se retiraron, se hizo un corrillo en torno al rey. Allí estaba Strogoff, tiesa la monda cabeza de prócer, escuchando atento. El vizconde de Portadei, en el regio conciliábulo, afianzó los quevedos y algo masculló entre dientes, que nadie entendiera.
El rey acababa de decir que si Dios Nuestro Señor le devolvía la corona de sus antepasados, se edificaría un nuevo monasterio de El Escorial, más grandioso aún que el que mandó construir su antepasado don Felipe. Valle bizqueó de la sorpresa y protestó solemne: -Hay cozaz máz urgentez que hazer, Majeztad.
-Ya lo creo, Valle, ya lo creo. Pero no está de más dar gracias a Dios. Contestó don Jaime mientras atusaba el enorme bigote. Portadei hizo como que asentía, con un rictus ambiguo.
La baronesa de Rotschild ha coqueteado brevemente con el rey. Han sido unas pocas palabras inocentes, pero a don Jaime le han brillado los ojos. Ella se sabe hermosa y deseada. Su generoso escote deja entrever el pecho de una diosa. Entre tanto carcamal, brilla como un diamante. Ha venido a la recepción del melenudo, por lucirse junto al pretendiente. Portadei, cojo de resultas de la última guerra, de cuando rescató a don Carlos, de una multitud de republicanos, lo intuye desde la lejanía. El vizconde es un viejo cojo que ejerce de airado. La bella adivina que le tiene soterrada inquina. No aprueba sus amoríos, pero calla. No se le ocurriría hablar mal de ella, porque sabe que la batalla está perdida de antemano. No es enemigo, pero tendría que hacerle más caso. Portadei puede ser un aliado para cuando el rey esté a punto. El Borbón, rijoso, ha mencionado, entre dientes, el número de la habitación del hotel donde se aloja. Le visitará después de la tediosa cena en casa de Proust. Sabe que el español de los ojos tristes se limitará a proponerle una romántica fuga a Austria. Ella pondrá la excusa de su marido, el pobre y le dirá que no, entre mohines y sollozos. Don Jaime le jurará amor eterno.
Strogoff había conocido al monarca carlista, de cuando don Jaime había sentado plaza de teniente en los húsares del zar. El famoso correo de la novela de Verne había simpatizado con el pretendiente carlista nada más encontrarse en los campos de Crimea. Luego la vida les había separado, hasta esta reunión en París. El rey carlista le había acogido con cariño y Portadei le había ayudado a instalarse en la capital francesa.
Miguel Strogoff silenció a los carlistas su caída en desgracia. El zar que siempre le había distinguido con su cariño y su cercanía, le había dado la espalda, cuando el húsar se había pronunciado contra el mujik. Rasputín era una lacra para el Imperio, tenía embrujada a la zarina y su influencia en la corte era nefasta. El coronel Strogoff abandonó Moscú resuelto a no volver. La verdad era otra, pero no la decía. Desde que había enviudado siempre había deseado visitar París, para conocer a Julio Verne, que le había hecho tan famoso en Europa.
La casualidad hizo el resto: paseaba por los Campos Elíseos, sin rumbo fijo, haciendo tiempo para acudir a Maxim´s, cuando se encontró de cara con don Jaime. Tardaron en reconocerse, pues los dos habían cambiado. Fue Strogoff el primero que avanzó para abrazar al pretendiente, mientras mandón y castrense, gritaba ¡Cuádrese, teniente Borbón! entre grandes risotadas y aspavientos de alegría. El rey se llevó una agradable sorpresa y presentó al siberiano a sus acompañantes, Portadei y el general Bermúdez, su ayudante, como un héroe de la campaña de Crimea. Strogoff les invitó a comer.
La verdad es que al vizconde no le gustaron las maneras del cosaco. Trataba al rey con una familiaridad algo inconveniente, pero transigió por las muestras de cariño que don Jaime prodigó a aquel ruso gigantesco. Strogoff estaría ya por los sesenta, pero se mantenía en forma. Debía haber sido todo un atleta, porque todavía conservaba una inmejorable facha.
Valle-Inclán descorrió los visillos lentamente, por saborear la vista de París. Al creador de Águila de blasón le gustaba París. Desde la balconada del hotel, miró los bulevares. Recreó la ojeada en la curvas de una señora de mediana edad que discutía con una jovencita. Una fermosura. Con una madama así debía casar el rey, por asegurar la dinastía. Dejarse de devaneos con el putón de la baronesa. Luego pensó en la conversación con el general Bermúdez. Movió la cabeza y se sorprendió diciendo en voz en alta: Zon unoz conzpiradorez de mierda.
Se sobresaltó don Zacarías Fernández de Aguirre, que le miraba embelesado: ¿Qué dice usía?
-Nada, mi querido don Zaca, que loz que rodean al rey, zon una reata de mierdentos.
-¿No lo dirá en serio?
Valle se encogió de hombros y dejo escapar un suspiro. Estaba cansado y algo melancólico. Guardó su opinión para sí. Cierto es que Bermúdez ya era un señor muy mayor cuando había seguido al exilio a don Carlos, pero que semejante estantigua fuese todavía consejero áulico de don Jaime es como para abandonar la causa y tirarse al monte. La corte, sea la de Madrid o la de Estella, siempre es una rémora y al príncipe le falta el trato con el pueblo. Y los tiralevitas, como el memo del general, no le traerán nada más que disgustos. El único que se salva es Portadei, que es un cínico y sabe por dónde le pueden venir los tiros. Don Zaca, con cara de mochuelo, esperaba una respuesta.
-Algo hiede a podre en Dinamarca, don Zacarías. Dictaminó irónico.
El señor vizconde de Portadei desconfía del ruso. Ahora, el asunto de la baronesa es lo de menos. El rey se cansará de ella. Al correo del zar, le tiene en observación desde que se encontraron en los Campos Elíseos. Don Jaime siente gran admiración y estima por el siberiano y su influencia puede ser de utilidad, si Strogoff se aviene a un entendimiento. No está el carlismo para rasputines de poca monta.
El rudo cosaco les ha ocultado que el zar no le puede ni ver. Es mal comienzo. Aparenta que se lleva a las mil maravillas con su señor, pero no es verdad. Por un cable, se lo ha dicho Benicarló, que está de agregado en Moscú y sabe los dimes y diretes de palacio. También el anciano infante don Alfonso, desde Roma, le ha prevenido contra el advenedizo. En Strogoff no todo lo que reluce, es oro. Se ha unido a don Jaime inexplicablemente. Portadei no cree en las casualidades. -Este está aquí por algo que no se me alcanza, se dice en voz baja.
Otro cantar es Valle-Inclán. Tampoco se fía del gallego. Demasiado incómodo. Demasiado leal. Demasiado carlista. Es capaz de iniciar otra guerra con tal de escribirla. No le dicho a nadie que Valle le parece un peligro. Sería una temeridad, tal y como andan las cosas, ya que todo el mundo en la corte de don Jaime le admira desde la publicación de su carlistada. A Portadei no le gustan sus estridencias ni su vehemencia. Es un mal educado con una lengua viperina. Está con el rey, por estética. A don Jaime le halaga que un literato como Valle le haga la propaganda y por ahora, es intocable. Pero ya meterá la pata. Tiempo al tiempo.
Don Jaime se toma muy en serio lo de Jefe de la Casa Real de Francia y los legitimistas galos le hacen descaradamente la pelota. Beaufromont le ha escrito un manifiesto a sus leales franceses que a Valle le parece un error. Molestará a republicanos, a los orleanistas, a los indiferentes y lo que es peor, preocupará a los españoles, a los navarros, sobre todo. Valle-Inclán no quiere pensar que tanta estupidez se debe a las pocas luces del Borbón, encoñado ahora con la francesa de marras. Don Jaime ha recibido al decrépito marqués de Cerralbo, el que fuera delegado de su padre en la Patria, de paso por París, que le ha aconsejado prudencia, las cosas en España no marchan bien para la Causa. Solo falta que sus fieles se enteren de sus flaquezas con relación al trono de San Luis. Y lo dice quien fue creado caballero del collar del Santo Espíritu por Carlos VII, aquel gigante. A Valle comienza a no gustarle la cercanía de Su Majestad.
A don Zacarías Fernández de Aguirre, que tiene la lágrima floja, se le humedecieron las pupilas cuando escuchó el ¡Viva España! que gritó el ruso. Un viva atronador, profundo, gutural casi. No cabe duda que el ruso sirve para la corte. Es un tío elegante y rotundo. A don Zaca, el ruso le parece un hombre cabal, no como el escritor de las guedejas, siempre criticando. Además, para esto ha venido desde Málaga hasta la capital francesa, para una cura de patriotismo dinástico; para ver al rey legítimo; para despotricar del liberalote de Alfonso, mal llamado trece; para oír de labios de un armario ruso de tres cuerpos un ¡Viva el Rey! muy bien vocalizado.
Don Zacarías ha dado un donativo para el fondo de los excombatientes y el rey se lo ha agradecido departiendo con él, por breves instantes, aunque a don Zaca le han parecido una eternidad. Don Jaime le ha preguntado por Adelita y los niños. El malagueño se ha pasado un poco contándole lo alto que está el mayor, Carlitos. Hasta Portadei se ha impacientado. Strogoff ha estado al quite, llevándose a Su Majestad a un aparte, no sin antes dejar que el rey le desease buena suerte. -Cuando esto se sepa en Málaga, los pelotas me nombrarán presidente del Círculo Jaimista, como si lo viese. Se dice el andaluz, que está como entre nubes. A Strogoff no se le escapa que Portadei ha recibido un cable de Madrid. Se ha retirado, como una sombra, al gabinete para leerlo a solas. Luego, ha vuelto al fiestorro, con el gesto demudado y la mirada perdida.
A la venta el libro: «Los Doce Linajes de la Ciudad de Soria»
El periódico soriano «HERALDO DE SORIA», nos solicita la inclusión en el Blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, del presente artículo:
A la venta ejemplares de esta magnífica obra, siendo el precio final para los asociados a la Casa Troncal de 50 euros y de 60 euros para las personas ajenas a la misma.
Para su adquisición ponerse en contacto con HERALDO DE SORIA, al teléfono 975233607
‘La Institución de caballeros Hijosdalgo de los Doce linajes de la Ciudad de Soria’ es un libro que enriquece la historiografía local en el que su autor, José Antonio Martín de Marco, estudia en profundidad esta Institución arrancando desde sus reseñas y referencias en el Fuero de Soria, otorgado por el Rey Alfonso y con base en la bibliografía clásica Soriana.
Entre sus hojas, el lector podrá descubrir el estudio minucioso de investigación que desempolva un legado desconocido: orígenes de la Institución, privilegios de Los Linajes, despojo de bienes y propiedades de la Casa Troncal de Linajes, disfrute de la Dehesa y Monte de Valonsadero y fin de la Institución de la Casa Troncal y Cuentas del Estado de los Caballeros Hijosdalgo de los Doce Linajes.
Es, en resumen, una obra maestra que merece ser leída por su trabajo de investigación de temática local que enriquece el conocimiento cultural e histórico de la ciudad y provincia.
El Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias en los actos de conmemoración del 275 aniversario de la batalla de Cartagena de Indias
El Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias en los actos de conmemoración del 275 aniversario de la batalla de Cartagena de Indias
El pasado fin de semana la Fundación Mencos, presidida por el Marqués de la Real Defensa, ha celebrado en Navarra, en la población de Enériz, unas jornadas en conmemoración del 275 Aniversario de la Batalla de la Cartagena de Indias.
Las jornadas se iniciaron el viernes 22 con una cena en el Hotel Palacio Guendulain de Pamplona, donde el Marqués de la Real Defensa pronunció unas palabras de agradecimiento dirigidas a todos los asistentes.
El sábado 23 se celebraron los actos principales de las jornadas de conmemoración. Empezando por una recepción en el Ayuntamiento de Enériz a las autoridades invitadas.
Tras la recepción en la Plaza de Sebastián de Eslava, el Coronel Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada Asturias Nº 31, Ilmo. Sr. D. Luis Martín-Rabadán, descubrió una placa en honor del primer Coronel del Regimiento Asturias, D. Sebastián de Eslava.
Posteriormente se impartieron dos conferencias sobre la figura de Eslava, y sobre la batalla de Cartagena de Indias, tras las cuales se sirvió un vino español.
A la tarde se realizó una visita al Palacio de los Mencos en Tafalla, y para finalizar la jornada se celebró una cena de hermandad en el Hotel Maisonave de Pamplona.
Entre las autoridades invitadas acudieron los Mandos del Regimiento de Infantería Mecanizada Asturias Nº 31, destacando la presencia del General Jefe de la Brigada Acorazada Guadarrama 12, Excmo. Sr. D. José Conde de Arjona, representación de la Asociación Retógenes, por parte del Cuerpo de la Nobleza del Principado del Principado de Asturias acudieron su Canciller, Ilmo. Sr. D. Manuel Ruiz de Bucesta, D. Claudio Chaqués, y el Conde de Carrión de Calatrava.
ELEGIA A S.A.R. LA INFANTA DOÑA MARÍA TERESA DE BORBÓN; por D. Rafael Portell Pasamonte
Artículo original que nos remite para su publicación en el Blog de la Casa Troncal, de D. Rafael Portell Pasamonte, Vicerrector de la Academia Alfonso XIII.
ELEGIA A S.A.R. LA INFANTA DOÑA MARÍA TERESA DE BORBÓN
Rafael Portell Pasamonte
Abril 2016
2016 Año Genealógico. Hace ya un siglo que el ilustre genealogista don Francisco Fernández de Bethencourt dejó este mundo, dejando para las siguientes generaciones, el legado de sus estudios e investigaciones genealógicas y heráldicas.
Después del magnifico trabajo que se publicó en este blog de la Casa Troncal, y en otros medios, por el doctor Ceballos, Vizconde de Ayala, poco más puedo añadir, pero, siguiendo su estela, reproduzco la elegía que escribió don Francisco Fernández de Bethencourt, en la Revista de Historia y Genealogía del 15 de Octubre de 1912, con motivo de la muerte de la Infanta María Teresa de Borbón.
LA LIS TRONCHADA
En medio de un cielo azul esplendoroso, cuando todo era en la Naturaleza paz y calma, surgió de improviso la tempestad y cayó en medio del hogar feliz el rayo destructor: la flor de lis, herida por el rayo, cayó en pedazos. ¡Pobre Infanta Doña Maria Teresa!
¿No echáis de menos todos los que os habréis sentido sobrecogidos y aterrados al sorprenderos la fatal noticia, que sois de fijo todos los españoles; no echáis de menos una voz como la de Bossuet para dar cuenta á los grandes y á los pequeños de la realidad de esta desgracia? Aquella muerte repentina de Madame en plena Corte de Luis XIV halló en el águila de Meaux quien llegase con su inmortal comentario hasta la última fibra del corazón de un pueblo entero.
Más tarde, la súbita desaparición de la Reina Mercedes, también en la plenitud mayor de la juventud y de la dicha, tuvo su cantor inspirado en Ayala, político y poeta, más poeta que político en aquella ocasión suprema.
No lo merece menos este fin tristísimo é inesperado de la hija menor de Alfonso XII, cuando la vida sólo tenía sus sonrisas y la felicidad sus caricias para ella y para los suyos.
En la Infanta Doña María Teresa se dieron cita las perfecciones, y vivían, por estrecho lazo siempre unidas, la virtud, la piedad, la modestia, la dulzura, la afabilidad y la rectitud inteligente. De fijo que habréis leído alguna de esas bellas páginas, tituladas por la Infanta Doña Paz “De mi vida”, y sabíais de sobra cómo la dicha, toda la dicha que cabe en lo humano, había anidado en el palacio de la Cuesta de la Vega, enfrente del muro sagrado habitado de tantos siglos por la Virgen de la Almudena.
Pero la dicha es cosa frágil, deleznable y pasajera: el menor soplo la hace caer y la destruye: ni la defiende la Realeza, ni bastan á conservarla la bondad, ni la riqueza, ni la inteligencia, ni nada. La voluntad de Dios, impenetrable, burla toda previsión, deshace todo cálculo, echa por tierra lo que parece más fuerte y más duradero.
La Iglesia lo proclama en una de sus oraciones más hermosas, que la piedad española formara: vivimos—¿cómo ante semejantes ejemplos no reconocerlo confundidos y anonadados? vivimos “in hoc lachrimarum valle” Valle de lágrimas para los poderosos como para los humildes, valle de lágrimas, para los grandes de la tierra, para los magnates y los Príncipes, para los Reyes y para todos, sujetos á la misma ley eterna, iguales solamente ante el dolor y ante la muerte.
Preguntadle si es verdad que vivimos en un valle de lágrimas á toda esta Familia Real acongojada por tamaña pérdida; preguntadlo especialmente á este Príncipe de Baviera é Infante de España, viudo de su tierna compañera á los veintiocho años; preguntadlo á esos cuatro niños huérfanos, con menos de seis años el mayor, ya sin la madre amante; preguntadlo á esa incomparable Reina Doña María Cristina, para quien el dolor no ha tenido ningún secreto, para quien han sido las penas en todas sus manifestaciones pródigas hasta el exceso, que hoy llora amargamente á la hija segunda muerta, como ayer lloró á la mayor, de no menos altas prendas y cualidades dotada, como anteayer lloró al esposo joven y amado, como ha llorado siempre las desgracias del pueblo español que le fuera por Dios encomendado. Preguntadlo á todos ellos, si es que cada uno de los que me leáis no lo sabéis á ciencia cierta por vosotros mismos, como es casi seguro.
Yo recuerdo como si fuera de ayer -y han pasado veintiséis años- aquel memorable instante en que la Reina Regente, envuelta en los lutos de su reciente viudez, se presentara en el Palacio del Congreso para jurar como tal la Constitución de la Monarquía que le tocaba guardar y mantener. Llevaba á sus dos hijas, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña María Teresa, cogidas de la mano; aquel grupo, imponente en su trágica sencillez, era la mayor representación del dolor. De las dos niñas que la amorosa madre augusta llevaba entonces consigo, ninguna existe ya. ¡Sólo existe la madre para sus recuerdos y para sus lágrimas!
Pongamos todos los españoles nuestra respetuosa compasión en esa Familia Real tan castigada por la desgracia, en ese joven Príncipe viudo, en esos Infantes huérfanos, en esa desdichada Reina, recuerdo de la Mater Dolorosa, para quien toda compasión es poca. ¿Hay nada más sublime que eso de compadecer los pequeños á los grandes, á los poderosos los pobres, los de abajo á los de arriba? ¿Hay nada que dé mayor idea de la verdadera igualdad, de la igualdad hecha por Dios, que lo mismo descarga el rayo sobre las chozas que sobre los palacios, en el hogar de los miserables que en el Alcázar de los Reyes?
Compadezcamos á los que lloran golpes tan crueles, compadezcamos con toda nuestra alma á la Familia Real, tan duramente probada, compadezcámoslos á todos; á todos, menos á la dulcísima Infanta muerta, á la flor de lis tronchada por el rayo.
Á los ángeles no se les compadece.
F . FERNÁNDEZ DE BETHENCOURT.
Sevilla, 24 Septiembre 1912.
Infanta Maria Teresa – Funeral
BREVE BIOGRAFIA DE LA INFANTA MARÍA TERESA DE BORBÓN
Infanta de España.
Dama de la Orden de María Luisa, Teresa de Baviera y de Santa Isabel de Baviera.
Hija de S. M. el Rey Alfonso XII y de doña María Cristina de Habsburgo y Lorena.
Nació en el Palacio Real de Madrid el 12 de Noviembre de 1882, a las siete y diez de la noche.
Su madre fue atendida en el parto por el doctor don Juan Riedel, al que se le abonó la cantidad de 10.000 pesetas por sus servicios profesionales.
Tuvo como nodriza a Sinforosa Gómez Higuera, del valle del Pas, y como suplente a Teresa Acebo Acebo.
La Infanta fue bautizada el día 18 de Noviembre siguiente, sobre la pila bautismal de Santo Domingo, por el pronuncio apostólico cardenal Bianchi y le fueron impuestos los nombres de: María Teresa Isabel Eugenia Patrocinio y Diega.
Físicamente no era muy bonita, supliendo esta falta con una gran dulzura y una modestia que cautivaba a todos.
Familiarmente se la conocía por el apelativo cariñoso de «Gorriona».
Contrajo matrimonio en la capilla del Palacio Real de Madrid el 12 de Enero de 1906 con el Infante don Fernando María de Baviera y Borbón.
REAL DECRETO
“Por convenir al bien de Mi Real Familia y al de la Nación, oído Mi Consejo de Ministros.
He venido en prestar mi Real Consentimiento para que Mi muy amada y querida hermana la Infanta Doña María Teresa contraiga matrimonio con Mi muy amado Primo el Príncipe Fernando María de Baviera y Borbón.
Mi Gobierno pondrá en conocimiento de las Cortes esta Mi Real resolución.
Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco.
ALFONSO
El Ministro de Estado
Felipe Sánchez Román”..
Falleció de sobreparto el 23 de Septiembre de 1912 de su hija la Infanta María del Pilar como consecuencia de una embolia pulmonar. Fue atendida por el médico de cámara don Eugenio Gutiérrez.
Está enterrada en Panteón de Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en un sepulcro diseñado por el arquitecto don Luis de Landecho, conde de Superunda, y realizada em mármoles oscuros con apliques de bronce.
CÓNYUGE:
FERNANDO MARÍA DE BAVIERA Y BORBÓN.
Infante de España por Real Decreto de 20 de Octubre de 1905
REAL DECRETO
“Queriendo dar una prueba de Mi buen afecto a Mi muy amado Primo el Príncipe Don Fernando María de Baviera y Borbón.
Vengo en concederle los honores y prerrogativas de Infante de España y mando, por lo tanto, se le guarden las preeminencias, y demás distinciones correspondientes a tan alta jerarquía.
Dado en Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco
ALFONSO”
El Presidente del Consejo de Ministros
Eugenio Montero Ríos
Príncipe de Baviera.
Caballero de la Orden del Toisón de Oro.
Caballero de la Orden de Carlos III.
Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.
General de División.
Coronel honorario de la Escolta Real.
Nació en Madrid el 10 de Mayo de 1884.
Hijo de Luis Fernando de Baviera y de la Infanta María Paz de Borbón, hermana de Alfonso XII.
Su nombre completo era: Fernando María, Luis Francisco de Asís, Isabel Adalberto Ildefonso Martín Bonifacio José Isidoro.
El 20 de Octubre de 1905 adoptó la nacionalidad española.
También con esta fecha fue elegido caballero de la Orden del Toisón de Oro, siendo investido el mismo día por el Rey Alfonso XIII.
REAL DECRETO
“Queriendo dar un relevante y distinguido testimonio de Mi Real aprecio a S.A. R. el Sermo. Sr. Infante de España D. Fernando María de Baviera.
Vengo en nombrarle Caballero de la Insigne Orden del
Toisón de Oro.
Tendreislo entendido, y dispondréis lo necesario para su
Dado en Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco.
ALFONSO.
El Ministro de Estado
Felipe Sánchez Román
Al Grefier de la Insigne Orden del Toisón de Oro”.
MINISTERIO DE ESTADO
“El día 20 del actual, a las dos menos cuarto de la tarde, verificó la ceremonia de Imponer el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a S. A. R. el Serenísimo Sr. Infante d España D. Fernando María de Baviera.
El Capitulo tuvo lugar en la Real Cámara, que se hallaba preparada con arreglo a lo previsto en los Estatutos, y asistieron los Caballeros de la Orden, bajo la presidencia de S. M., Jefe y Soberano de la misma, y como Ministros de la Orden el Excmo. Sr. D. Emilio de Ojeda y Perpiñán, Grefier; D. Francisco Bustindul, Canciller, y D. Manuel de Figueroa-Ferretti, Tesorero Habilitado.
Después de prestar juramento S. A. R. el Serenísimo Sr. Infante de España D. Fernando María de Baviera, tuvo la honra de recibir el Collar de manos de S. M., e inmediatamente tomó asiento entre los Caballeros y se cubrió”.
Así mismo, y también con esta fecha, se le concedió el Collar de la Orden de Carlos III y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.
REAL DECRETO
“Queriendo dar una señalada muestra de Mi Real afecto a Mi muy amado Primo S. A. R. el Sermo. Sr. Infante de España D. Fernando María de Baviera, de acuerdo con el parecer de Mi Consejo de Ministros,
Vengo en concederle el Collar de la Real y distinguida
Orden de Carlos III..
Dado en Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco.
ALFONSO.
El Ministro de Estado
Felipe Sánchez Román
REAL DECRETO
“Queriendo dar una muestra de Mi Real afecto a Mi muy amado Primo S. A. R. el Sermo. Sr. Infante de España D. Fernando María de Baviera, de acuerdo con el parecer de Mi Consejo de Ministros,
Vengo en nombrarle Caballero Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica.
Dado en Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco.
ALFONSO.
El Ministro de Estado
Felipe Sánchez Román
Igualmente y también con esta fecha, fue nombrado Capitán de Caballería.
REAL DECRETO
“En consideración a las relevantes cualidades de Mi muy amado Primo D. Fernando de Baviera, Infante de España, a propuesta del Ministro de la Guerra, y de acuerdo con el Consejo de Ministros.
Vengo en conferirle el empleo de Capitán de Caballería.
Dado en Palacio a veinte de Octubre de mil novecientos cinco.
ALFONSO
El Ministro de la Guerra.
Valeriano Weyler.
(Fuente: Gaceta de Madrid del sábado 21 de Octubre de 1905).
En 27 de Junio de 1914 renunció a los derechos del trono de Baviera
El 3 de Agosto de 1914 recobró “ad personam” la dignidad de Príncipe Real de Baviera.
Al enviudar contrajo segundo matrimonio con la Infanta María Luisa Silva y Fernández de Henestrosa, Grande de España, Duquesa de Talavera
Murió en Madrid el 5 de Abril de 1958.
Está enterrado en la cripta de la Catedral de la Almudena de Madrid.




























