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Doce Linajes de Soria

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6 05, 2016

LAZARISMO Y FAMÍLIA: LOS MONTELLS; por D. Rafael Portell Pasamonte

Por |2020-11-13T03:39:40+01:00viernes, mayo 6, 2016|

Escudo de armas de D. Rafael Portell

Escudo de armas de D. Rafael Portell

Artículo de D. Rafael Portell Pasamonte, Vicerrector de la Academia Alfonso XIII y que recientemente ha añadido a sus reconocimientos, su ingreso en la REAL ORDEN DE ISABEL LA CATOLICA.

Original  publicado en la prestigiosa revista «ATAVIS ET ARMIS» en su número 39 de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén

Sin título-1

 

LAZARISMO Y FAMILIA: LOS MONTELLS

   Nota del redactor del blog: Respetando el título original, pero estoy seguro que la dedicatoria en la mente de D. Rafael Portell al escribir el artículo, era para D. José María Montells y Galán, y rezaba: «De un amigo a un amigo».

Con mucho cariño para ambos, dos Caballeros Españoles.

Manel González

LAZARISMO Y FAMÍLIA: LOS MONTELLS

12pEscudo de armas de D. José Mª Montells, Vizconde de Portadei; con la venera de los Doce Linajes de Soria

 

 

5 05, 2016

Superadas las CINCO MILLONES SETECIENTAS CINCUENTA y CINCO MIL visitas al Blog de la Casa Troncal

Por |2020-11-13T03:39:40+01:00jueves, mayo 5, 2016|

Doce-linajes - copia

 

  Como administrador-redactor del mismo, comunico con gran satisfacción que hemos superado con creces a fecha de hoy  los CINCO MILLONES SETECIENTAS CINCUENTA Y CINCO MIL (5.755.000) VISITAS  al Blog de La Casa Troncal de los Caballeros y Damas Hijosdalgos de Los Doce Linajes de Soria

   Concretamente estamos en estas cifras en nuestro contador de visitas del blog a las 13:00 horas del día 05 de Mayo de 2016

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Es decir: CINCO MILLONES SETECIENTAS CINCUENTA Y CINCO MIL CUATROCIENTAS SESENTA Y UNA VISITAS

Rueda-Doce-Linajes-por-Luis-Mc-Garrell1

GRACIAS A TODOS NUESTROS COLABORADORES, LECTORES Y AMIGOS

Muchas gracias 12 linajes

5 05, 2016

Dionisio Alcalá Galiano. Cartógrafo y marino, reconocido como uno de los navegantes más innovadores de su época; por D. José M. Huidobro

Por |2020-11-13T03:39:41+01:00jueves, mayo 5, 2016|

Artículo de fecha 11-03-2016 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 55 libros y más de 700 artículos.

 

Dionisio Alcalá Galiano. Cartógrafo y marino, reconocido como uno de los navegantes más innovadores de su época

 Destacado marino, militar y científico español, brigadier de la Real Armada Española, célebre por su heroica actuación y muerte (21 de octubre de 1805) en la batalla de Trafalgar, como brigadier de la Armada española al mando del navío de línea Bahama.

 Tomó parte en diversas expediciones científicas por el Atlántico, Pacífico y Mediterráneo. Fue coautor del Atlas marino de España, Islas Azores y adyacentes. Como miembro de la expedición Malaspina (dirigida por el marino italiano, al servicio de España, Alessandro Malaspina) que en 1792 dio la vuelta al mundo, colaboró en la confección de cartas marinas y en la clasificación de diverso material botánico y zoológico de Sudamérica.

 Dionisio nació el 22 de junio de 1760 en la localidad cordobesa de Cabra, sentando plaza de guardiamarina a los quince años de edad, el 29 de agosto de 1775 (Exp. 1.396). Se casó en 1788 con su prima María Consolación Villavicencio. Fue padre del político y escritor liberal Antonio Alcalá-Galiano, nacido en 1789, de de una hija llamada Manuela.

Dionisio Alcalá Galiano (Museo Naval de Madrid)

Dionisio Alcalá Galiano (Museo Naval de Madrid)

 Su padre, don Antonio Alcalá Galiano y Pareja, nacido en Doña Mencía (Córdoba), feudo de los condes de Cabra, en 1738, regidor de Cabra desde 1763, era teniente coronel del regimiento de milicias provinciales de Bujalance. Noble en Cabra en 1790, 1792 y 1795, poseía el mayorazgo de la casa, y servía en milicias, como solían en aquella época los caballeros de tierra adentro. Después pasó a coronel del regimiento provincial de Écija. Más tarde ascendió a brigadier de ejército, y al fin de su vida a mariscal de campo, y obtener una buena encomienda en la Orden de Alcántara (Dionisio ingresó en la Orden de Alcántara en 1796), de la que fue caballero, Casado con la egabrense Antonia Alcalá Galiano y Pineda.

Escudo del destructor Alcalá Galiano

Escudo del destructor Alcalá Galiano

 Armas de las distintas ramas Alcalá-Galiano:

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  Dionisio embarcó en la fragata “Júpiter” en 1776 y al año siguiente tomó parte en la expedición que contra los portugueses llevó a cabo una escuadra al mando del marqués de Casa Tilly, con un cuerpo de desembarcó a las órdenes del general Pedro Cevallos, que tuvo por resultado la toma de la isla de Santa Catalina en la costa del Brasil.

Óleo póstumo de Alcalá Galiano (década de 1860)

Óleo póstumo de Alcalá Galiano (década de 1860)

 Pasó después a Montevideo y se halló en el bloqueo y rendición de la colonia del Sacramento, como oficial de órdenes de Gabriel de Guerra, comandante del Río de la Plata. Embarcó en el paquebote “San Cristóbal” y en él sirvió dos años en aguas del archipiélago de las Malvinas. En 1778 ascendió a alférez de fragata. De nuevo en Montevideo, y declarada la guerra al Reino Unido, hizo su buque el corso apresando a una fragata mercante enemiga. Regresó a Cádiz a bordo de la fragata “Santa Bárbara”.

 Durante todos estos años, su afición a las ciencias le llevó a ampliar sus conocimientos, haciendo los estudios que por aquellos años se denominaban Sublimes, mayores y astronómicos. Cuando se firmó la paz con el Reino Unido, el ministerio de Marina pensó en perfeccionar los levantamientos hidrográficos de las costas de España y redactar su derrotero, participando en ello Galiano en los años 1784 y 1785. Seguidamente pasó destinado al departamento de Cádiz.

 Pronto sus conocimientos astronómicos e hidrográficos tuvieron de nuevo aplicación activa, en expedición tan notable desde el punto de vista marinero, como la llevada a cabo en 1785 por el capitán de navío Antonio de Córdova, comandante de la fragata “Santa María de la Cabeza”, al estrecho de Magallanes. Otra de las expediciones hidrográficas en que tomó parte Galiano, fue la que tuvo por objeto determinar la verdadera posición de las islas Terceras (Azores), situadas algo a la ligera por el oficial de la marina francesa Flerieu. La corte de Lisboa dio toda clase de facilidades, ya que se trataba de cosa de mucho interés para la navegación.

 Galiano participó en la célebre expedición a remotos e inhóspitos parajes llevada a cabo en 1789 por el capitán de navío Alejandro Malaspina. Esta vez fue con las corbetas “Descubierta” y “Atrevida”, la primera mandada por Malaspina, jefe de la expedición. Esta expedición, que llegó hasta el estrecho de Fuca al noroeste de Canadá, de objetivo altamente universal, se efectuaba no sólo con fines hidrográficos y astronómicos sino también para estudio de la botánica y de las ciencias naturales en general, a cuyo efecto embarcaron naturalistas y dibujantes. Otro importante objeto de la expedición era conocer la verdad del estado de las colonias españolas y sus necesidades políticas, económicas y militares. Era una expedición del tipo de las llevadas a cabo por Cook y como la que por aquel entonces realizaba La Pérouse, que tan mal fin habría de tener.

 Se considera a Galiano como inventor del procedimiento de hallar la latitud por observación de altura polar, de un astro a cualquier distancia del meridiano. Mendoza, en la edición de sus tablas de 1809, se atribuye la paternidad del procedimiento.

 De regreso a la corte obtuvo el hábito de la Orden de Alcántara por cédula real de fecha cinco de diciembre de 1795.

 La fama adquirida en sus anteriores trabajos le hizo ser designado para levantar el nuevomapa topográfico de España, una vez firmada la paz de Basilea. Cuando todos los preparativos estaban ultimados, la desgracia en que cayó Malaspina arrastró a los que eran sus amigos, incluso los no complicados en la conspiración contra Godoy, que le llevó a la prisión y al destierro. Galiano fue destinado a Cádiz, en cuyo puerto le fue conferido el mando del navío “Vencedor”.

 En 1798 Galiano es comandante del navío “San Fulgencio” y con él, en una noche tempestuosa, fuerza el bloqueo de Cádiz, realizando un viaje a América en busca de caudales de que estaba tan necesitada la Hacienda. Burlando el bloqueo británico, entra en Santoña, trayendo un total de siete millones de monedas de a ocho reales y diversos productos coloniales.

Placa en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando

Placa en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando

 El tratado de San Ildefonso, reinando Carlos IV, renovó las alianzas con Francia el dieciocho de agosto de 1796. Ello trajo consigo el ataque a Cádiz por los británicos, una escuadra al mando de Nelson intento el bombardeo de la ciudad. en cuya defensa Galiano tomó parte principal y decisiva, al mando de algunas de las famosas “cañoneras”. En la batalla de Trafalgar, el “Bahama” se batió heroicamente con dos navíos enemigos y en algún momento con tres. Galiano, tras sufrir varias heridas, falleció a consecuencia del impacto de una bala que le destrozó la cabeza; sus restos reposan en el mar.

 Publicado en el blog «Hidalgos en la Historia» cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/

 

4 05, 2016

El primer poseedor de un exlibris en la Península Ibérica: El canónigo barcelonés Francisco Tarafa (1495-1556); por el Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala

Por |2020-11-13T03:39:41+01:00miércoles, mayo 4, 2016|

Armas del Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta

Armas del Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta

Artículo del Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta

El primer poseedor de un exlibris en la Península Ibérica:

El canónigo barcelonés Francisco Tarafa 

(1495-1556)

  Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala

  Antecedentes, precedentes y contexto histórico

    Recordaré brevemente que las señales de propiedad de un libro -manuscritas o sigilográficas- son muy antiguas, y se remontan al antiguo Egipto, continuándose a lo largo de los siglos con ese mismo uso. Así, por ejemplo, en Baviera, hacia el año de 1188, Federico I ya usaba un exlibris de tipo manuscrito. Y en toda la Península Ibérica se conocen esas marcas manuscritas a partir del siglo XIII. Muchas de ellas incluso conminatorias contra el robo o la sustracción del libro en cuestión: Hic liber est meus, quem mihi dedit Deus (este libro es mío, que Dios me lo dio); Hic liber est meus. Testis est Deus. Qui eum rapiat, diabolus capiat (Este libro es mío. Dios es testigo. Quien me lo robe lo lleve el diablo); o incluso Qui me furtatur, mala morte moriatur (Quien me robe tenga una mala muerte). En esta misma costumbre cultural se encuadra el mandato identificatorio de Hernando Colón, hijo del Descubridor y el más insigne bibliófilo de la Europa de su tiempo -su Biblioteca Fernandina, hoy Colombina, en Sevilla, fue la más grande de toda la Europa renacentista-, cuando ordenó que en la primera hoja de los 15.344 volúmenes que formaron su librería, se hiciese constar que Don Fernando Colón, hijo de Christóval Colón, primero almirante que descubrió las Yndias, dexó este libro para vso y provecho de todos sus próximos. Rogad a Dios por él.

    Sin embargo, el exlibris, tal y como hoy lo conocemos, aparece junto con la imprenta en la Alemania de mediados del siglo XV, ya que el exlibris, como señal de propiedad, se considera tal cuando se realiza y se aplica mediante un artefacto externo o matriz reproductora. Se trata de lo que denominamos un hecho general de civilización, y por eso pronto se extendió a toda el área germánica, y desde allí a la Italia renacentista, desde donde irradió al resto de la Europa occidental. La Península Ibérica siguió a su debido tiempo esas corrientes culturales y artística, y cuenta con una amplia tradición exlibrista, por otra parte bien estudiada por los tratadistas, como Francisco Vindel y Juan Delgado, en España; y Fausto Moreira Rato, Sergio Avelar, Segismundo Pinto y Luis Farinha Franco, entre otros muchos, en Portugal.

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   El primer exlibris parece ser el del bávaro Johannes Hans Knabensberg, apodado Igler (el que caza erizos o puercoespines), que fue capellán de la familia von Schönstett; se data hacia 1450 -notemos que se data apenas diez años después de la aparición de la imprenta-, y consiste en una sencilla xilografía o grabado en madera, que muestra precisamente un erizo con una flor en la boca, rodeado por la leyenda Hans Igler, das dich ein Igel kuss (Hans Igler, que te bese un erizo).

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   Sin embargo, siguiendo a Warnecke, parece más cierto que el primer exlibris propiamente dicho sea el que perteneció al monje cisterciense Hilpbrand de Biberach, que ostenta el escudo de armas de la familia de Brandenburgo, y que se data en los años de 1470-1480. Por otra parte, no es de olvidar que Gustav Amweg, en su estudio sobre los exlibris del antiguo obispado de Basilea, defiende que el exlibris más antiguo haya sido el de Guillaume Grimaitre, un clérigo y capellán originario de Neueville, en Lausana, todavía parte del Sacro Imperio Romano Germánico.

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   El caso es que enseguida el exlibris se extendió por toda Alemania y la Suiza germana -de 1480 data el de Gerold Edlibach-, y algunos grandes artistas y pintores como Hans Holbein o Alberto Durero, diseñaron exlibris: así, el del humanista Willibald Pirckheimer y su consorte Crescencia Rieter, realizado hacia 1501-1503; y el de Hieronimus Ebner von Eschenbach, juez de Nuremberg y amigo de Lutero, realizado en 1516; ambos diseñados por el gran Durero.

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   Pronto la moda del uso de los exlibris -que fue, ante todo, eso: una moda, un uso social considerado como un signo de distinción y de elegancia, como también lo era entonces la posesión de libros y librerías- se extendió por toda Europa occidental. El exlibris inglés más antiguo es el del Cardenal Wolsey (se data entre 1515 y 1530); aunque otros autores señalan el de sir Nicholas Bacon, de la librería de la Universidad de Cambridge. El exlibris francés más antiguo es el de Jean-Bertaud de La Tour Blanche (1529), en el que se representa al apóstol San Juan; y le sigue en el tiempo el de Charles d’Ailleboust, obispo de Autun, de 1574.

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   Y el ex libris italiano más antiguo es el que perteneció a monseñor Cesare, dei Conti Gambara (Brescia, 1516-1591), obispo de Tortona, que es xilográfico, muestra un jeroglífico paraheráldico de su nombre, y está datado después de 1548; fue seguido por el de Nicolò Pelli, jurisconsulto de Pistoia establecido en Pisa, que también es una xilografía heráldica, labrada en 1559. De los primeros exlibris portugueses hablaré más adelante.

El exlibris del canónigo Francisco Tarafa

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   Recordemos ya al feliz propietario del primer exlibris ibérico, y su no menos afortunada trayectoria vital: Francisco Tarafa -y no Francesc, como se empecinan en llamarle los incultos catalanistas-, nacido en Llerona, hoy provincia de Barcelona, hacia 1495, y muerto en Roma en 1556. Archivero de la catedral de Barcelona desde 1532, canónigo de la misma sede desde 1543, y prior de Santa María de Manlleu entre 1544 y 1556, Tarafa fue un personaje muy destacado en la Barcelona de su época, y un no menos destacado humanista.

    Del canónigo Tarafa se conocen varias obras, tales las tituladas Cronica de cavallers catalans (que corrió enseguida manuscrita, y que no se editó hasta los años de 1952-1954); De origine ac rebus gestis Regum Hispaniae liber, multarum rerum cognitione refertus (un estudio sobre el origen de los reyes hispanos, que también corrió manuscrita hasta que se imprimió en Amberes en 1553, y en Colonia en 1557, y por fin en Barcelona en 1562, ya traducida al castellano); y Rerum Hispaniae memorabilium annales, en colaboración con Joannes Vaseo (impreso en Colonia en 1577). Conocemos algunas otras obras que permanecieron inéditas; y en la colección epistolográfica del cardenal Granvela, conservada en la Real Biblioteca madrileña, se conservan algunas interesantes menciones a nuestro canónigo, a más de dos cartas de éste al cardenal, fechadas en Roma en el mismo año de su muerte, en que aludía a los estudios y obras en que entonces estaba ocupado.

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   El exlibris de Tarafa, según la catalogación y reproducción hecha por Francisco Vindel, es de carácter xilográfico, talla en madera de 62×76 mm, y muestra una forma oval en cuya doble orla se puede leer Bibliotheca Francisci Tarapha Canonici Barchi (Biblioteca de Francisco Tarafa, canónigo de Barcelona), y en el centro muestra las conocidas armerías de la familia de Tarafa -blasonadas por el propio Tarafa como un escudo de veros de plata y azur, cargados de una faja de oro con un tao de sable-, y la fecha de 1553.

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    Esas mismas armerías de los Tarafa pueden verse en la portada de la llamada Casa de Canonges barcelonesa, así como en el claustro de Santa María de Manlleu, construido por su sobrino y sucesor en aquel priorato.

     Tal es el más antiguo exlibris ibérico conocido, y tal fue su propietario.

   El siguiente exlibris español es también bastante remoto, puesto que se data en 1568: es el que usó Francisco Peña.

3 05, 2016

GALERÍA DE MONÁRQUICOS ESPAÑOLES: DON JUAN DE BORBÓN Y BATTEMBERG; por D. Daniel Jesús García Riol

Por |2020-11-13T03:39:41+01:00martes, mayo 3, 2016|

D. Daniel Jesús García Riol, Honorable Caballero de esta Casa Troncal de Los Doce Linajes de Soria y  Caballero de la Hermandad Nacional Monárquica de España (entre otras muchas distinciones), nos ofrece este magnífico ensayo sobre DON JUAN DE BORBÓN Y BATTEMBERG, publicado en su estupendo blog «SALÓN DEL TRONO» (que recomendamos) y que amablemente nos cede para su reproducción en esta su Casa Troncal.

 Fuente: http://salondeltrono.blogspot.com.es/2016/04/galeria-de-monarquicos-espanoles-y-x.html?spref=fb

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GALERÍA DE MONÁRQUICOS ESPAÑOLES y (X): DON JUAN DE BORBÓN Y BATTEMBERG

Don Juan de Borbón y Battemberg, conde de Barcelona

Don Juan de Borbón y Battemberg, conde de Barcelona

Culminamos hoy nuestra «Galería de monárquicos españoles» con la figura de Don Juan. Hijo de rey y padre de rey, nunca ciñó la corona, pero mantuvo durante largas décadas de exilio, la Jefatura de la Casa Real de España que recibiera de manos de su padre don Alfonso XIII.

Una vida entregada a la causa monárquica y a la restauración borbónica en nuestro país.

Don Juan de Borbón y Battenberg nació el el Palacio del Real Sitio de La Granja de San Ildefonso (Segovia), el 20 de junio de 1913. Fue el tercer hijo de SS.MM. los reyes de España, don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia de Battemberg. El 16 de mayo de 1927 su padre le nombra caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro.

S.M. la Reina doña Victoria Eugenia con don Juan en brazos y la infanta María Cristina

S.M. la Reina doña Victoria Eugenia con don Juan en brazos y la infanta María Cristina

Tras realizar sus primeros estudios en Madrid, ingresó en la Escuela Naval Militar pero tuvo que interrumpir su formación (que continuó en la Royal Navy) al tener que partir hacia el exilio al imponerse en España la II República el 14 de abril de 1931.

Como tercer hijo varón de Alfonso XIII, no estaba destinado a heredar la corona. Sin embargo, el primogénito, Alfonso, renunció a la corona para poder casarse con una persona que no pertenecía a la realeza en 1933, y el segundo, Jaime, fue obligado a renunciar porque quedó sordo a los cuatro años de edad (aunque más tarde se arrepintió y quiso recobrar sus derechos). También se utilizó como argumento, que reforzaría la renuncia de Jaime, su enlace con una mujer que, aunque noble, no pertenecía a la realeza. A continuación venían sus dos hermanas mayores, Beatriz y María Cristina, sobre las que tuvo preferencia por ser mujeres, lo que convirtió a Juan en heredero de los derechos dinásticos de la Casa Real Española.

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Don Juan de Borbón contrajo matrimonio con la princesa María de las Mercedes de Borbón y Orleans, el 12 de octubre de 1935, en la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Martires de Roma. Tuvieron cuatro hijos: las infantas doña Pilar, doña Margarita, el malogrado infante don Alfonso y el que sería Rey Juan Carlos I.

Al comienzo de la Guerra Civil Española, con el apoyo de su padre Alfonso XIII, pretendió unirse al bando sublevado contra el gobierno de la II República. El 1 de agosto de 1936 cruzó la frontera española con la intención de incorporarse a filas, pero fue interceptado en el parador de Aranda de Duero (Burgos) y el general Fidel Dávila, que transmitía órdenes del general Emilio Mola, le instó a volver al exilio, algo que hizo de inmediato. El 2 de agosto se encontraba de regreso en el sur de Francia.

A la largo de la Guerra Civil, don Juan de Borbón intercambió algunas cartas con el general Franco, a quien manifestó su apoyo.

Desde la renuncia de Alfonso XIII como jefe de la Casa Real de España el 15 de enero de 1941 (apenas un mes antes de su muerte), don Juan se convirtió en el Pretendiente al trono de España. 

Don Juan respaldó al régimen franquista en sus primeros años, lo que era coherente con sus convicciones políticas pues, durante la República, había mantenido relaciones estrechas con la derecha autoritaria de Acción Española, —uno de cuyos fundadores, Eugenio Vegas Latapié, fue su consejero durante muchos años—, y con su alineamiento con el bando nacional durante la guerra civil. Al término de ésta le envió un telegrama al general Franco felicitándole por su victoria, que acababa con el grito falangista «Arriba España». Franco le contestó haciendo referencia a los dos intentos de don Juan para luchar en el bando sublevado: «me es grato recordar que entre esa juventud admirable habéis intentado formar, solicitando reiteradamente un puesto de soldado».

La identificación con los vencedores se volvió a poner de manifiesto en enero de 1941 con motivo de la aceptación de la abdicación de su padre el rey Alfonso XIII en una ceremonia celebrada en Roma, en la que hizo referencia a la guerra civil como «esta Gran Cruzada Nacional» y volvió a repetirse durante el acto religioso celebrado en Roma el 1 de marzo de 1942 en conmemoración del primer aniversario de la muerte de su padre, durante el cual pronunció un discurso muy cercano a los principios políticos e ideológicos del franquismo.

Don Juan en familia

Don Juan en familia

A principios de 1941 don Juan buscó el apoyo de Alemania para la restauración de la monarquía. En abril un representante suyo viajó a Berlín para establecer un enlace directo con el ministerio de asuntos exteriores alemán pero el representante de Ribbentrop le contestó que Alemania no estaba interesada en la propuesta, aunque mantendría buenas relaciones con un gobierno «nacional» que pudiera establecerse en Madrid. A pesar del fracaso del viaje a Berlín los contactos con la Alemania nazi prosiguieron en los meses siguientes después de que don Juan se trasladara de Roma a Lausana. El embajador alemán en Madrid von Stohrrer informó a su gobierno que don Juan «se ha declarado categóricamente a favor de Alemania» y que «sean cuales sean las circunstancias, no consentirá en acceder al trono con la ayuda de los ingleses». Sin embargo, don Juan rechazó el ofrecimiento de Ribbentrop para reunirse con él en Berlín y el de Göering para participar en una cacería reservada, pero la decisión «no procedía de escrúpulos ideológicos sino que estaba fundamentada exclusivamente en el temor de que la propaganda alemana no tardase en utilizar una posible aceptación de don Juan, estorbando con ello los contactos con los británicos».

A finales de 1942 don Juan manifestó por primera vez públicamente su aspiración a ocupar el trono de España y comenzó el distanciamiento con el régimen franquista. El 11 de noviembre de 1942, sólo dos días después del inicio del desembarco de los aliados en Marruecos y Argelia, el periódico suizo Le Journal de Génève publicó unas declaraciones suyas, que serían conocidas como el Manifiesto de Ginebra, en las que, tras asegurar «que la Monarquía será restaurada y… no vacilaré un instante en ponerme a su servicio», decía: «Mi suprema ambición es la de ser el rey de una España en la cual todos los españoles, definitivamente reconciliados, podrán vivir en común». Así frente a la tesis que sostenían Franco y su asesor el capitán de navío Luis Carrero Blanco, de la Monarquía como continuidad del régimen franquista, don Juan presentaba la Monarquía como alternativa al mismo. 

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Tras el fracaso de las conversaciones entre los generales monárquicos y la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, don Juan de Borbón envió una carta confidencial a sus partidarios dentro de España pidiéndoles opinión sobre si debía romper con el régimen franquista y publicar un manifiesto. El contenido de la carta llegó a conocimiento del general Franco quien inmediatamente ordenó al embajador español en Suiza que se entrevistara con don Juan en Lausana, donde residía. Tras la entrevista, el embajador informó a Franco del contenido de la misma mediante un telegrama en el que entre otras cosas le decía: don Juan «está preocupado por la propaganda republicana y disgustado por lo que califica de silencio del Generalísimo respecto a la Monarquía y sobre él mismo».

Finalmente, después de casi un año sin haber hecho ninguna declaración, don Juan hizo público el 19 de marzo de 1945 el Manifiesto de Lausana, en el que rompió con el franquismo. En él manifestaba que el régimen franquista «es fundamentalmente incompatible con las circunstancias presentes está creando en el mundo», es decir, con la victoria aliada, por lo que pedía a Franco que dejara paso a la «Monarquía tradicional» pues sólo ella «puede ser instrumento de paz y de concordia para reconciliar a los españoles».

El manifiesto fue silenciado por la prensa y la radio españolas, aunque sí lo difundió la BBC. El 25 de marzo don Juan pidió a sus partidarios que dimitieran de sus cargos, pero sólo lo hicieron dos de ellos: el XVII duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, que renunció a la embajada en Londres; y el general Alfonso de Orléans y Borbón, duque de Sevilla, que dimitió de su cargo de inspector de las fuerzas aéreas.

Busto de don Juan

Busto de don Juan

La reacción del general Franco fue inmediata. Desterró al general de Orleáns a la finca que poseía en Cádiz y envió dos emisarios, los católicos Alberto Martín Artajo y Joaquín Ruiz Jiménez, a que comunicaran a don Juan el total apoyo del Ejército, de la Iglesia, del partido único FET y de las JONS y de la mayoría de los monárquicos al régimen franquista. El 20 de marzo convocó el Consejo Superior del Ejército que estuvo reunido tres días y allí rechazó la petición de Kindelán de que se restaurara la monarquía.

Dos años después, en marzo de 1947, el general Franco promulgó la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, en la que se otorgaba de modo vitalicio la «Jefatura del Estado» al «Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos», y cuyo artículo 6° confería a Franco el derecho a designar sucesor «a título de Rey o de Regente» «en cualquier momento» y con plena capacidad de revocación de su decisión. Así pues, la Monarquía no sería restaurada sino instaurada en la persona de la realeza que el general Franco decidiera.

Don Juan con uniforme de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

Don Juan con uniforme de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

El contenido de la Ley de Sucesión fue conocido por don Juan de Borbón antes de que se promulgase gracias a la entrevista que mantuvo con el enviado de Franco, Luis Carrero Blanco. Al no hacerse mención a ningún derecho dinástico de sucesión, la respuesta de don Juan no se hizo esperar en forma de una nueva declaración —el Manifiesto de Estoril del 7 de abril de 1947— en la que rechazó la Ley y defendió los derechos hereditarios de sucesión al trono, que recaían en su persona. Este mensaje no se hizo público en España, donde la prensa lanzó una campaña contra «el pretendiente».

La rehabilitación internacional del régimen franquista y la aprobación en referéndum de la Ley de Sucesión en julio de 1947 debilitó hasta tal punto a la opción monárquica, que don Juan de Borbón cambió de estrategia respecto a Franco y el 25 de agosto de 1948 se entrevistó con el Generalísimo en su yate «Azor», anclado en el golfo de Vizcaya, acudiendo a dicha entrevista a bordo del balandro Saltillo. Como resultado de la misma se acordó que el hijo de don Juan, Juan Carlos de Borbón, se educaría en España bajo la tutela del general Franco —el 7 de noviembre el príncipe, de 10 años de edad, llegaba a España—. La entrevista había sido promovida por los monárquicos colaboracionistas, como el duque de Sotomayor y Julio Danvila, y a la misma el general se hizo acompañar por el infante Jaime de Borbón, hermano mayor de don Juan, quizá como recordatorio de que había recambios en la pugna por la restauración de la Monarquía.

Entrevista de Franco y don Juan a bordo del "Azor"

Entrevista de Franco y don Juan a bordo del «Azor»

El acuerdo alcanzado entre Franco y don Juan, suponía un reconocimiento implícito de la legitimidad del régimen franquista, y dejó sin efecto el pacto formalizado en San Juan de Luz, tres días después, entre José María Gil Robles, en representación de los monárquicos juanistas no colaboracionistas de la Confederación de Fuerzas Monárquicas, e Indalewcio Prieto, en representación de una parte de la oposición republicana, en el que habían acordado luchar conjuntamente para derribar a la dictadura franquista, tras lo cual se formaría un gobierno provisional que convocaría un plebiscito para decidir el «régimen político definitivo», republicano o monárquico. 

En julio de 1951 don Juan escribió una carta a Franco en la que rechazaba la colaboración de los monárquicos con los socialistas y en la que le decía: «Pongámonos de acuerdo para preparar un régimen estable». Aunque Franco hizo caso omiso de la propuesta, don Juan proseguiría el acercamiento al franquismo durante la década de los cincuenta, entrevistándose en secreto con el general Franco en una finca extremeña propiedad del conde de Ruiseñada a finales de 1954.

En 1956 sufrió un duro golpe que afectó a su familia: la muerte accidental de su hijo más pequeño, el infante Alfonso, de 14 años, mientras jugaba con un revólver con su hermano Juan Carlos, durante las vacaciones de Semana Santa de 1956 en la residencia familiar de Estoril.

Don Juan siempre fue un apasionado del mar

Don Juan siempre fue un apasionado del mar

El nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco con el título de rey en la Jefatura del Estado, que se produjo oficialmente el 19 de julio de 1969, y la aceptación por parte de Juan Carlos de dicho cargo, provocó el distanciamiento entre padre e hijo durante algunos años, pues Don Juan se negó a ceder los derechos dinásticos que le había entregado su padre, Alfonso XIII, al no tolerar que su hijo aceptara ser rey de la monarquía instaurada por el general Franco (hasta el 9 de marzo de 1976 no tuvo el primer encuentro con su hijo tras su proclamación como rey. Para ello hizo un viaje a Madrid desde Lisboa, volviendo el mismo día).

Don Juan y su hijo don Juan Carlos

Don Juan y su hijo don Juan Carlos

Tras la muerte Franco, Juan Carlos I fue proclamado oficialmente rey de España el 22 de noviembre de 1975, pero don Juan seguía siendo el depositario de los derechos dinásticos.

El 14 de mayo de 1977, en una sencilla y breve ceremonia celebrada en el ámbito familiar del Palacio de la Zarzuela, don Juan renunció oficialmente a sus derechos dinásticos, cediendo a su hijo la jefatura de la Familia y Casa Real de España que había ostentado desde el 15 de enero de 1941.

Renuncia de don Juan de Borbón a sus derechos dinásticos Foto: EFE

Renuncia de don Juan de Borbón a sus derechos dinásticos
Foto: EFE

Mantuvo durante el resto de su vida el título de conde de Barcelona, vinculado al titular de la corona española y que ya había usado durante su exilio.

Fue nombrado almirante honorario de la Armada Española el 8 de julio de 1978. El gobierno le ascendió el 4 de diciembre de 1988 a capitán general de la Armada Española.

En 1990 se le diagnosticó en el Memorial Hospital de Nueva York un cáncer de laringe, enfermedad que le provocó la muerte el 1 de abril de 1993, a los 79 años de edad, en la Clínica Universitaria de Pamplona (Navarra). 

Fue enterrado en el Monasterio de El Escorial con honores de rey de España.

Monumento a don Juan en Madrid Foto: Xauxa

Monumento a don Juan en Madrid
Foto: Xauxa

De haber reinado, don Juan de Borbón lo habría hecho como Juan III de España, y diversos sectores monárquicos propugnan que se le reconozca como rey a pesar de no haber sido monarca.

En el Panteón de Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se encuentra su sepulcro con la inscripción latina: «Ioannes III, comes Barcinonae» («Juan III, conde de Barcelona»).

1 05, 2016

De la heráldica colonial: Las armas de la ciudad de Santa Isabel, en la Guinea española; por el Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala

Por |2020-11-13T03:39:41+01:00domingo, mayo 1, 2016|

Armas del Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta

Armas del Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta

Artículo del Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala y Marqués de la Floresta. Publicado en los Cuadernos de Ayala, 44 (2010)

Cuadernos de Ayala cabecera 2

De la heráldica colonial: Las armas de la ciudad de Santa Isabel, en la Guinea española

  Dr. D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala

 

    Los españoles llevaron a los lugares que conquistaron y poblaron, a más de su fe cristiana y a más de sus instituciones políticas, también muchos de sus usos y costumbres, desde los sociales y religiosos, a los culinarios. Entre estos usos, hallamos desde los heráldicos y emblemáticos: las primeras concesiones son muy tempranas, así las hechas en las islas Canarias (conquistadas en el siglo XV), en Cuba, en Santo Domingo y en la Nueva España (donde proliferaron las armerías personales y cívicas, concedidas por los Reyes Católicos y su nieto el Emperador).

   El caso guineano que voy a examinar es, naturalmente, mucho más tardío, toda vez que la colonización hispana, oficialmente inaugurada por el brigadier Conde de Argelejo en 1778 -de resultas del Tratado de El Pardo-, no comenzó en realidad hasta que en 1843 una flotilla española al mando del capitán de fragata don Juan José de Lerena y Barry, reocupó las islas de Fernando Poo, y los islotes de Anobón, Elobey y Corisco, éstos dos últimos en la desembocadura del Muni. Y aún se demoraría hasta el año 1900 la posesión formal de los territorios guineanos continentales, entregados entonces por Francia.

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   La ciudad de Santa Isabel se llama actualmente Malabo, y es la capital de la República de Guinea Ecuatorial, a más de la población más importante de la isla de Fernando Poo, actualmente denominada Bioko. Fundada en 1827 por los británicos con el nombre de Port Clarence, será rebautizada Santa Isabel en 1843, y Malabo en 1973.

   Fue en 19 de septiembre de 1912 cuando don Francisco López Canto, delegado general del Comité de Defensa Agrícola de Fernando Poo, solicitó al Gobierno -desde su residencia de Barcelona- la concesión de un escudo de armas que identificase dicha ciudad de Santa Isabel, y su aprobación por real orden. Y un mes más tarde presentó nuevo escrito, en el que hacía varios comentarios y precisiones sobre el asunto(1).

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   La propuesta consistía en un escudo cortado. En el cuartel superior, las Armas de Portugal y España, acoladas y puestas entre dos cintas, en la superior las fechas de 1472 (descubrimiento de la isla por el lusitano Fernando Poo) y 1778 (cesión por Portugal a España); en la cinta inferior, los nombres de los monarcas que firmaron en 1778 el Tratado de El Pardo: Doña María I de Portugal y Don Carlos III de España. En el segundo cuartel, una vista del monte Santa Isabel (hoy denominado pico Basilé), entre palmeras y follaje. Notemos, porque el caso es pintoresco, que las armas portuguesas son las de la monarquía que había sido abolida en octubre de 1910, y no las de la República Portuguesa proclamada entonces y vigente en 1912.

   Por real orden de 16 de octubre de 1912, la solicitud fue remitida por el Ministerio de Estado al Gobierno General de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, que recabó la opinión de la Corporación municipal y de la Junta de Autoridades, que se opusieron al proyecto por incluir las armerías de Portugal que, en su opinión, nada hizo por estos Territorios.

   Sometido luego el proyecto de López Canto al Consejo de Vecinos, en esa reunión el reverendo padre Ramón Albanell, misionero corazonista y representante del Vicario Apostólico en el Consejo de Vecinos, presentó un estudio sobre el proyecto que fue aprobado por unanimidad de todos los concurrentes, haciendo memoria de que ya el Consejo de Vecinos había propuesto la adopción de un escudo hacia 1905. El informe del P. Albanell es bastante extenso, y en sus páginas se exponen los fundamentos filosóficos de todo emblema:

un escudo debe representar las cualidades morales y materiales de la persona o colectividad…, pero de tal manera que le sean peculiares, de suerte que a la persona o colectividad únicamente convengan con exclusión de las demás similares…

   Y para criticar el proyecto del señor López Canto (a quien el Consejo de Vecinos agradeció sin embargo su iniciativa), se oponía a la presencia de las armas de España y Portugal en el primer cuartel -por considerar que en todo caso representarían a toda la colonia de Guinea, y no solamente a la ciudad de Santa Isabel-, y a la presencia en el segundo cuartel de piñas y cocoteros -por considerar que no eran exclusivos de la ciudad-; mientras que hacía suya la idea de utilizar la representación topográfica de la bahía de Santa Isabel porque es tan típica de esta Capital que no hay en toda la bahía

[quiere decir golfo] de Biafra otra que se le parezca, y por eso debía incluirse en el nuevo escudo el mapa desde la punta Fernanda a la punta Cristina, e islotes Enríquez, más un ancla como recuerdo de la digna Marina española que por tantos años rigió esta Colonia en nombre de Su Magestad. Esto en cuanto a la parte material del símbolo; para la parte de las cualidades morales proponía el P. Albanell proponía la imagen de Santa Isabel, Reina de Hungría, proclamada muy poco antes divina patrona de la ciudad por el Santo Padre, acompañada de sus símbolos propios: la bolsa de las limosnas, la cruz de su paciencia y el cetro y corona principescos. Finalmente, el P. Albanell incluía un cuartel con la Bandera Nacional y las lises y cifra de la Reina Doña Isabel II, en cuyo reinado se colonizó la isla. Esta propuesta se describe y blasona así:

   Escudo medio partido y cortado. Primero, de azur con un cetro y una cruz puestos en aspa, y pendiente del centro una bolsa o escarcela; en punta, una corona de princesa (sic). Segundo, de gules con una faja de oro, y brochante un escusón oval de azur con tres lises de oro y la cifra “E II”. Tercero, la representación a modo de mapa de la bahía de Santa Isabel, de verde o sinople, en campo de plata y con ancla de azur. Y como escusón, una franja (sic) verde con el lema “FIDES” escrito en letras de oro.

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   También gustó el proyecto del P. Albanell al gobernador general don Ángel Barrera y Luyando, si bien éste opinó que deberían incluirse las Armas de España por tratarse de una colonia, a lo que el P. Albanell replicó que ninguna provincia española las tenía en sus armerías. Y en tal estado se remitió todo el expediente e informes a Madrid el 18 de abril de 1913.

   A los pocos meses de su arribo a Madrid, el ministro de Estado recabó el informe de la Real Academia de la Historia. La docta Corporación desechó los proyectos de López Canto y del P. Albanell porque ni el uno ni el otro entran en absoluto en las buenas reglas de la crítica heráldica, aunque las ideas que los inspiran y los recuerdos que quieren perpetuar sean en ambos dignas de todo encomio. Y, en su lugar, propuso al Gobierno un escudo de armas que incluía las representaciones del pico de Santa Isabel; de la cifra coronada de la Reina Doña Isabel II y de la Reina Santa Isabel de Hungría; y del puerto de la ciudad, más una bordura componada de Castilla y de León, y en el jefe de Borbón-Anjou como homenaje al Rey Carlos III. Un escudo de armas muy bien concebido y muy equilibrado, que se describe y blasona así:

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   Escudo cortado y medio partido. Primero, de plata con el pico de Santa Isabel al natural. Segundo, de azur con la cifra Y coronada, de oro. Tercero, de oro con ancla de sable entre ondas de plata y azur, y en jefe el lema BIAFRA en letras de sable. Bordura componada de Castilla y de León, y en el jefe de Borbón-Anjou. Timbrado de la Corona Real española, y rodeado por la punta de un listel verde con el lema FIDES en letras de oro.

   El boceto del dibujo representativo de estas armerías, fue dibujado por el académico y notable heraldista, nobiliarista y genealogista don Juan Moreno de Guerra(2), a quien presumimos autor de todo el proyecto. Poco después de la aprobación oficial, se hizo un nuevo dibujo, por cierto de gran calidad, realizado por el acreditado artista don Nicanor Manzano de los Ancos(3), quien percibió por su trabajo unos honorarios elevados: doscientas cincuenta pesetas.

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   Finalmente, en vista de dichos informes sobre las tres propuestas presentadas, el Marqués de Lema, ministro de Estado, propuso al Rey en 2 de febrero de 1914 la aprobación del escudo de armas propuesto por la Real Academia de la Historia, que el monarca llevó a efecto mediante real orden.

  El escudo municipal de Santa Isabel permaneció vigente hasta algunos años después de la independencia de la desde 1964 denominada Provincia de Fernando Poo, ocurrida el 12 de octubre de 1968. En los turbulentos días republicanos mudó el timbre por la corona mural, y se suprimió -no siempre- el escudete de Borbón-Anjou en el jefe de la bordura; tras el triunfo de Franco, la corona volvió a mudarse, para adoptar la real abierta clásica de aquel régimen. Así figura en varios sellos de correos de la época, dos en particular: el emitido el Día del Sello de 1956, y el que formaba parte de la conocida serie de los escudos de armas de las Provincias españolas, emitida por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en 1963. También en las insignias -gorra, palas, placa- de la Policía Municipal de la ciudad.

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   Cuando en 1973 se modificó toda la toponimia de la isla de Fernando Poo para adaptarla a la lengua bubi, la ciudad de Santa Isabel tomó el nombre de Malabo, él último rey bubi de la isla, muerto en 1937; y su escudo municipal, aunque conservó curiosamente la corona real franquista y la disposición de sus tres cuarteles y de su bordura, sustituyó todos los elementos españoles por otros locales, y pasó a blasonarse así:

   Escudo cortado y medio partido. Primero, la isla vista desde el mar, con dos barcos y un gran pez cetáceo, todo al natural. Segundo, representación naturalista de cocoteros y piñas. Tercero, una lanza-arpón y un bastón de autoridad, puestos en aspa, y sobre ellos un trofeo de armas indígenas. Bordura componada con diversos frutos isleños, al natural.

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   Creo que no hará falta señalar al lector heraldista que esta nueva versión de las armas de la ciudad, tan colorista y tan naturalista, no es nada afortunada, ni tampoco sigue las pautas de presentación propias del sistema heráldico.

NOTAS

   1)Casi todo cuanto se expone en estas páginas consta en el expediente administrativo que hoy se conserva en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (Madrid), grupo de fondos de África, fondo (15)04, caja G-795.

   2) Don Juan Moreno de Guerra y Alonso Cróquer, que a partir de 1917 fue Conde de Casa Lasquetty, nació en Puerto Real (Cádiz) el 28 de julio de 1878. En 1896 ingresó en la toledana Academia de Infantería, y tras su ascenso a teniente fue destinado a Ceuta. Tras muchos años de servicios se retiró con el empleo de comandante en 1913, y aquel mismo año fue electo académico correspondiente de la Real Academia de la Historia en su villa natal. Precisamente en 1912 había iniciado sus numerosas publicaciones con el estudio Reseña genealógica del apellido Auñón; al año siguiente publica Relación de los caballeros cadetes de las Compañías de Guardias Marinas, uno de sus principales trabajos; y en 1917 su celebrada Guía de la Grandeza. Fue fundador y asiduo colaborador de la Revista de Historia y Genealogía Española, en sus dos etapas, y de la Guía Nobiliaria de España en dos tomos (1931-1932). En los años de 1932-1933, el Diario de Málaga publicó su estudio Los Corregidores de Málaga (1487-1836). Fue asesinado por las milicias izquierdistas en Paracuellos del Jarama (Madrid) el 7 de noviembre de 1936.

   3) Nicanor Manzano de los Ancos nació en Nambroca (Toledo) el 10 de enero de 1847, y fue un acreditado calígrafo y profesor de enseñanza privada, especialmente dedicado a la producción de certificaciones de nobleza y armas. También lo fue su hijo don Juan Manzano López (Madrid, 1875), premiado en varias exposiciones nacionales de Bellas Artes. Manuel RICO SINOBAS, Diccionario de calígrafos españoles (Madrid, 1903), pág. 243.

1 05, 2016

Asamblea General Ordinaria de la Academia Portuguesa de Ex-Líbris

Por |2020-11-13T03:39:41+01:00domingo, mayo 1, 2016|

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Academia Portuguesa de Ex-Líbris

 Assembleia-Geral Ordinária

 CONVOCATÓRIA

  Nos termos estatutários convoco a Assembleia-Geral Ordinária da Academia Portuguesa de Ex-Líbris para se reunir no próximo dia 11 de Maio de 2016, Quarta-Feira, pelas 17.30 horas, na sede social, Rua dos Jasmim, nº 14 – 1º, em Lisboa, com a seguinte

Ordem de Trabalhos:

 1. – Apreciação e votação do Relatório e Contas da Direcção, no exercício de 2014/2016;

 2. – Apreciação e votação do Parecer do Conselho Fiscal;

 3. – Eleição dos Corpos Sociais para 2016/2018;

 4. – Outros assuntos de interesse para a Academia.

 Caso não haja quorum, à hora marcada, a Assembleia-Geral terá início meia hora depois, ou seja, pelas 18.00 horas.

 Só poderão exercer o seu direito de Voto, os Académicos com a sua quotização de 2015 já cumprida.

 Lisboa, 24 de Abril de 2016

O Presidente da Assembleia-Geral

Segismundo Ramires Pinto

30 04, 2016

Escudo de la ciudad de Santa Isabel , de Fernando Poo; artículo que nos remite D. Fernando D.Rossi y Delgado

Por |2020-11-13T03:39:42+01:00sábado, abril 30, 2016|

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   Interesante artículo que nos remite para su publicación en el Blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, D. Fernando D.Rossi y Delgado, presidente de la Sociedad de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Canarias y que versa sobre las armas de la ciudad de Santa Isabel, de Fernando Poo, fruto de la comparación entre su publicación oficial en 1954 y el informe emitido por las académicos Herrera y Fernández de Béthencourt en 1913

ESCUDO DE LA CIUDAD DE SANTA ISABEL, DE FERNANDO POO

 

Francisco Fernández de Béthencourt es universalmente conocido por su obra Historia genealógica y heráldica de la monarquía española, Casa Real y Grandes de España, publicada entre 1897 y 1920, Nobiliario y blasón de Canarias: diccionario histórico biográfico, genealógico y heráldico de la provincia, que vio la luz entre 1878 y 1886o los Anuario o Anales de la Nobleza de España. Sin embargo, desde que ingresó en la Real Academia de Historia en 1900, demostró una actividad que sólo la enfermedad frenó y que le llevó a redactar numerosos y variados informes. La Historia en general, la genealogía, la heráldica o la nobiliaria en particular, centran su labor académica. Uno de estos informes, signado el 17 de octubre de 1913 y publicado en el Boletín de la Real Academia de Historia

[i], cobró actualidad cuarenta y un años más tarde.

Una Orden[ii] de 7 de diciembre de 1954, firmada por Carrero[iii] hizo oficial el escudo de la ciudad de Santa Isabel, de Fernando Poo, en la entonces colonia española de Guinea Ecuatorial.

Sin hacer referencia a la que era preceptiva consulta con la Real Academia de Historia, dice que a fin de dotar a la ciudad de un escudo heráldico la Presidencia de Gobierno de España “se ha servido” aprobar un escudo, que blasona sin seguir el lenguaje heráldico de la siguiente forma:

Cortado primero: en campo celeste un monte agudo al natura de sinople; segundo partido: a la diestra, en campo de azur una I ele oro sumada de una. Corona y a la siniestra, en oro, un ancla de gules sumergida en ondas de azul y plata y en el Jefe la inscripción BIAFRA en letras negras; bordura general campanada con las armas reales de Castllla y León. Castilla, sobre gules un Castillo Real de oro con tres torrecillas aclarado de azur. León, en plata león de púrpura, coronado, armado y lampasado de oro. Al timbre corona de la época de los Reyes Católicos. Al pie una cartela con fondo sinople y la divisa <<Fides>> en oro.

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Hasta aquí todo normal, un acuerdo gubernamental dotando a un territorios de armas propias en una época en la que comienza a despertarse el interés por extender la heráldica cívica más allá de los territorios que ya la venían usando. Interés particularmente patente en los antiguos territorios africanos que comienzan a llenar el Boletín Oficial del Estado con nuevas concesiones: en 1954 la ciudad de Sidi Ifni;en 1955 el Aaiun, Puerto Iradier, la ciudad de Bata, la Villa Cisneros, la población de Micomeseng, la ciudad de San Carlos y el Patronato Indígena de la Guinea española; en 1956 Villa Bens; en 1957 la población de Annobon ; en 1961 la provincia de Ifni[iv] y  la Provincia de Río Muni; en 1962 el Ayuntamiento de San Fernando y la Diputación Provincial de Fernando Poo. Es evidente el interés oficial por dotar a cada territorio de una imagen propia y distintiva que afiance los vínculos culturales con la metrópolis.

Sin embargo, al menos en lo que respecta a las armas de Santa Isabel, la historia no es tan sencilla y se remonta cuarenta y un años, concretamente al 17 de abril de 1913, fecha en la que Francisco Fernández de Béthencourt[v] y Adolfo Herrera[vi] firman un informe, a solicitud del Ministerio de Estado, en relación al futuro escudo de la ciudad.

Comienzan congratulándose por la iniciativa de los residentes en la ciudad de Santa Isabel, pero no desaprovechan la oportunidad para lamentarse del abandono y el desconocimiento que se tiene de esta materia en España. En este punto nos parece ver la mano de Francisco Fernández de Béthencourt siempre tan pendiente de los incumplimientos y tan puntilloso con el adecuado uso de las normas que son de aplicación, y no desperdicia el momento al criticar el “moderno blasón episcopal español”, tan diferente del de Francia, que, pese a ser una democracia más o menos profunda, conoce a la perfección estos asuntos.

No una, sino dos, fueron las propuestas que se sometieron al juicio, primero del Consejo de Vecinos y de la Junta de Autoridades de Santa Isabel y después al dictamen de Fernández de Béthencourt y Herrera en nombre de la Academia. La primera, presentada por el Sr. López Cantó[vii], fue rechazado por los vecinos; el segundo, del P. Albanel, aunque aceptado por éstos, tampoco obtiene el beneplácito de los Académicos que optaron por rechazar ambas por alejarse de una de las mayores características que debe de primar en la heráldica: la sencillez.

Justo, reconocen, es que se quiera resaltar la unidad de la Patria fundamentada en largos siglos de lucha, grandes esfuerzos y sacrificios y la sangre derramada en ese tiempo, pero para ello nada mejor que hacer uso del simbolismo que de forma sencilla representa la granada que figura en el la punta de las armas de España.

Los académicos se posicionan claramente contra lo que denominan “Heráldico republicana-americana” que, contradiciendo todas las reglas de la ciencia, se presenta recargada sin la necesaria sobriedad y nos recuerdan que lo que quiera decirse al blasonar debe de hacerse de la forma más concisa, lo que siempre es más elegante y elocuente.        

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Dicen los autores recoger las ideas que plantean las dos propuestas que llegan a sus manos: los valores cristianos, la unión con la Patria, la historia compartida con Portugal y la propia España del territorio, así como la representación significativamente paisajística del territorio que aspira a tener armas propias. Aunque en realidad, en nuestra opinión, a la vista de lo que veremos, el dominio de la ciencia heráldica y la claridad y naturalidad con la que tratan estas cuestiones, acabarán por proponer un blasón nuevo, por diferente a los planteados, lleno de simbología histórica.

Comienzan por reflejar el territorio al poner de plata el pico de Santa Isabel, que es la que le da nombre a la ciudad. No se olvidan de Isabel II y de la reina Santa Isabel de Hungría, patrona de la ciudad, al cargar las armas, en un segundo cuartel, con una Y, griega, de oro recortada de la corona real. Otro elemento fundamental de Santa Isabel, su puerto, lo hacen figurar representado en el tercer cuartel empleando para ello un áncora de sable sobre ondas de plata y azur y de sable en el jefe la palabra BIAFRA que recuerda el golfo en el que se encuentra.

Y la vinculación con España, de la que ya comentamos se pretendía reflejar en los bosquejos heráldicos en el primer caso haciendo figurar los colores de la bandera española o el propio escudo de la nación, en el segundo, la resuelven de la mejor manera posible, añadiendo una pieza honorable como la bordura que, componada de Castilla y León, es la más clásica forma de simbolizar a España.

Esta bordura, en la propuesta que realizan Herrera y Fernández de Béthencourt, lleva en jefe el escusón de Borbón-Anjou en recuerdo de Carlos III, durante cuyo reinado este territorio se incorpora a la Corona, constituyendo la primera de las dos diferencias entre la propuesta de los académicos de la de la Historia en 1913 y la aprobada por el gobierno de España en 1954, ya que en esta última versión las armas de Borbón-Anjou no figuran.

Rematan la propuesta académica recuperando el lema FIDES que el Sr. López Cantó sitúa en el corazón de su diseño heráldica, colocándolo en letras de oro sobre una cinta de sinople bajo el escudo.

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Escudo cortado y partido, primero, de plata el pico de Santa Isabel; el segundo de azur la Y de oro recortada de la corona real; el tercero de oro, el ancla de sable entre ondas de plata y azur y en jefe las letras BIAFRA de sable. Bordura companada de Castilla y León, en jefe el escusón de Borbón-Anjou.

Ni las ideas pseudo heráldicas ni el blasonado académico timbran las armas. Es el escudo heráldico oficial el que aparece timbrado con la corona o coronel de la época de los Reyes Católicos. Realidad ésta que se repite en prácticamente todos los escudos de los territorios africanos de España aunque en su blasonado no figure.

De 1913 a 1954, casi medio siglo y un nuevo dibujante que, como no podía ser de otra manera, no restaron corrección al blasonado realizado por los académicos Herrara y Fernández de Béthencourt.

 Islas Canarias, 29 de abril de 2016

 

[i] Boletín de la Real Academia de Historia (número 63, 1913), pp 566-570.

[ii] Boletín Oficial de Estado, nº 346, pg. 8191, del 12 de diciembre de 1954.

[iii] Este Carrero que figura como firma del Director General de Marruecos y Colonias, no es otro que el que años más tarde sería nombrado presidente del Gobierno de España, Luís Carrero Blanco.

[iv] En 1962 fue modificado.

[v] FERNÁNDEZ DE BÉTHENCOURT, Francisco, nació en Arrecife (Lanzarote – Islas Canarias) el 3 de agosto de 1850 y falleció en Madrid el 2 de abril de 1916. Tomó posesión como Académico Numerario de la Real Academia de Historia el 29 de junio de 1900. Renovador de la ciencia genealógica fue también Académico de la Real Academia Española, en la que tomó posesión el 10 de mayo de 1914.

[vi] HERRERA y CHIESANOVA, Adolfo de, nació en Cartagena en 1847 y falleció en Madrid en 1925. Historiador y numismático. Tomó posesión como Académico Numerario de la Real Academia de Historia el 29 de diciembre de 1901.

[vii] En la edición del 3 de octubre de 1912 del diario ABC el Sr. López Cantó figuraba como el Delegado del Comité de defensa agrícola de Fernando Poo, y el 19 de diciembre de 1918 el mismo periódico lo identificaba como director del periódico La Voz de Fernando Poo.

30 04, 2016

Cuadernos AYALA: “EL ARCHIDUQUE ALBERTO. PIEDAD Y POLÍTICA DINÁSTICA DURANTE LAS GUERRAS DE RELIGIÓN”

Por |2020-11-13T03:39:42+01:00sábado, abril 30, 2016|

Artículo que reproducimos de la prestigiosa revista «CUADERNOS DE AYALA», en esta ocasión  “EL ARCHIDUQUE ALBERTO. PIEDAD Y POLÍTICA DINÁSTICA DURANTE LAS GUERRAS DE RELIGIÓN, recesión hecha y firmada por D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila; Marqués de la Floresta y Vizconde de Ayala.

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