Plaza Mayor n° 6, Soria, España

Doce Linajes de Soria

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22 06, 2016

Carlos de Gante: Sus primeros años y sus relaciones con Germana de Foix; por D. Luís Valero de Bernabé, Marqués de Casa Real

Por |2020-11-13T03:39:24+01:00miércoles, junio 22, 2016|

Escudo de armas del Marqués de Casa Real, con la Venera de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

Escudo de armas del Marqués de Casa Real, con la Venera de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

Magnífico artículo de  D. Luís Valero de Bernabé, Marqués de Casa Real, que nos remite en exclusiva para la publicación en el Blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

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22 06, 2016

MUESTRA Y CONFERENCIA SOBRE LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO; siendo el ponente D. Vitor Escudero Campos

Por |2020-11-13T03:39:25+01:00miércoles, junio 22, 2016|

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MUESTRA Y CONFERENCIA SOBRE LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO

Ayer 21 de Junio, en la Sociedade de Geografía de la Universidad de Lisboa,  se celebró la sesión de clausura del año académico 2015-2016, de la sección de Genealogía, Heráldica y Falerística, con más de cincuenta asistentes, entre los cuales  se encontraba Su Excelencia el Embajador de España, D. Juan Manuel de Barandica.

Con Segismundo Pinto

El acto principal de la sesión de clausura fue la una Muestra y Conferencia sobre la Orden del Toisón de Oro, que tuvo como organizador y ponente al Honorable Sr. D. Vitor Escudero de CamposCaballero Honorario y Canciller del Capítulo de La Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria en Portugal.

D. Vitor Escudero en un momento de su ponencia

D. Vitor Escudero en un momento de su ponencia

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Felicitamos por el éxito desde este -su blog y su casa- a D. Vitor Escudero Campos. 

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21 06, 2016

Don Alonso Pita da Veyga, héroe de la Batalla de Pavia en la que apresó al rey francés Francisco I; por el Dr. D. Luis Valero de Bernabé

Por |2020-11-13T03:39:25+01:00martes, junio 21, 2016|

 Hace pocos días publicábamos en este mismo blog un artículo en el que se atribuía la captura del rey francés Francisco I en la batalla de Pavía  a un hidalgo vascongado llamado Juan de Urbieta

Recibimos con agrado esta comunicación de nuestro colaborador habitual el Dr. Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio, Director del Colegio Heráldico de España y de las Indias; en la que se nos ruega que publiquemos su versión bajo el derecho a la discrepancia sobre tal hazaña, en los siguientes términos:

«Como descendiente del capitán Don Alonso Pita da Veyga, me veo en la obligación de rebatir dicho aserto por incierto, pues existe documentación conservada en el Archivo de Simancas y analizada por la Real Academia de la Historia en la que se prueba que el verdadero capturador del rey francés fue mi antepasado Alonso de Pavía».

Captura del rey Francisco I por Alonso de Pavía

Captura del rey Francisco I por Alonso de Pavía

Es por ello, que con mucho gusto publicamos este magnífico y documentado artículo de su autor el Dr. D. Luis Valero de Bernabé 

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20 06, 2016

Conferencia en la Real Asociación de Hidalgos de España

Por |2020-11-13T03:39:26+01:00lunes, junio 20, 2016|

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CONFERENCIA.

Miércoles, 22/06/2016, 19 horas

El Dr. D. Alberto de la Hera y Pérez de la Cuesta, Catedrático emérito de Derecho Canónico y de Historia de América, impartirá la conferencia “HERÁLDICA PONTIFICIA”

C/ Jenner 6, bajo dcha.
Entrada libre hasta completar aforo

20 06, 2016

Juan de Urbieta. El infante vascongado que capturó al rey de Francia Francisco I en la batalla de Pavía; por D. José M. Huidobro

Por |2020-11-13T03:39:26+01:00lunes, junio 20, 2016|

Artículo de fecha 15-04-2016 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 55 libros y más de 700 artículos.

 Juan de Urbieta. El infante vascongado que capturó al rey de Francia Francisco I en la batalla de Pavía

 Caballero de la Orden de Santiago y Contino de S. M., Capitán de Caballería bajo el mando de Hugo de Moncada. Prendió al rey de Francia en la batalla de Pavía, lo que supuso una de las capturas más sobresalientes de toda la historia de España.

 Juan de Urbieta Berastegui y Lezo, militar guipuzcoano natural de Hernani casó con Doña Marta de Alcayata y murió en dicha villa el 23 de agosto de 1553. Urbieta había nacido en tiempos de los Reyes Católicos y, después de servir como criado en la Casa de los Artola, durante su estancia en San Sebastián consideró que la mejor forma de defender a su país era comenzar con la carrera militar.

 

Juan de Urbieta

Juan de Urbieta

El destino de Juan de Urbieta parecía estar ya marcado por el contexto en el que nació. Su llegada a este mundo se produjo cuando los Reyes Católicos acababan de dar las primeras Ordenanzas Municipales con las que, a partir de entonces, debía regirse su Villa natal, pero la entrada del ejército francés en Guipúzcoa para apoyar a Navarra contra las tropas de Fernando el Católico provocó enfrentamientos que, en el caso de Hernani, supusieron un incendio que destruyó el lugar echando por tierra todos los planes previstos para su desarrollo económico, social y político.

Así, tras su estancia como criado a la Casa de los Artola, y durante su estancia en San Sebastián tomó la decisión de tomar la carrera de las armas llegando a Italia como arcabucero, según versión de Juan de Oznayo, paje que era del Marqués del Vasto y uno de los testigos de la batalla: Francisco I «iba casi solo cuando un arcabucero le mató el caballo, y yendo a caer con él, llegó un hombre de armas de la Compañía de don Diego de Mendoza, llamado Joanes de Urbieta, natural de la provincia de Guipúzcoa, y poniéndole el estoque a un costado por la escotadura del arnés, le dijo que se rindiese».

Captura del rey Francisco I en la batalla de Pavía

Captura del rey Francisco I en la batalla de Pavía

Urbieta adquirió celebridad por haber hecho prisionero a Francisco I, Rey de Franciaen la batalla que se libró entre españoles y franceses en los campos de Pavía (Italia) el 24 de febrero de 1525. Esta hazaña, se halla plenamente demostrada. Entre otras pruebas se podría aducir la carta que el citado Rey le escribió a Urbieta con fecha 4 de marzo del año siguiente, demostrando su gratitud por lo bien que le había defendido, ayudándole con todo su poder a salvar la vida. 

Francisco I, rey de Francia

Francisco I, rey de Francia

La captura fue y sigue siendo disputada por algunos historiadores al incluir en la misma a otros protagonistas. Aunque la Historia acepta a Juan de Urbieta como la persona que hizo prisionero al rey de Francia, de la misma forma que lo aceptó la Corona cuando decidió otorgar las debidas recompensas, no faltaron cronistas para hacerse eco de las demandas formuladas por Diego de Ávila, Alonso Pita y Juan de Aldama que reclamaban para sí la detención del monarca. Carlos I otorgó también privilegios a estos soldados, entre ellos el de hacerles hidalgos, pero no en la medida en que se le concedió a Urbieta, que ascendió a capitán de caballería e ingresó como caballero en la Orden de Santiago.

El motivo de la confusión lo encontramos de nuevo en la versión que de los hechos dejó escrita el ya citado Juan de Oznayo. Según este hombre, cuando Juan de Urbieta puso el estoque en el cuello a su prisionero sin saber de quién se trataba, el prisionero, viéndose en peligro de muerte, le dijo: «La vida, que soy el Rey». Entonces el hernaniarra, en mal francés, le ordenó rendición, contestando Francisco I: «Yo solo me rindo al Emperador».

Mientras se producía este diálogo, debemos imaginarlo en medio del fragor de la batalla, Juan de Urbieta observó que a pocos metros de distancia unos franceses habían cercado al alférez de su compañía con ánimo de arrebatarle la bandera y no estando dispuesto a dejar que tal cosa ocurriera se dirigió al preso diciéndole: «Si de verdad sois el rey, hacedme una merced»; obtenida la promesa, se alzó la visera del almete que protegía su cabeza y mostrándole sus dientes mellados, le dijo al monarca: «En esto me reconoceréis», y dejándole en el suelo con una pierna aprisionada debajo del caballo se alejó en defensa del pendón y de su oficial.

Parece ser que fue en este momento cuando llegaron Ávila, Pita y Aldama quienes viendo al rey caído creyeron poderle detener aún cuando de él mismo salieron las palabras de «Ya he sido hecho preso».

Escudo de armas, otorgado por Carlos V

Escudo de armas, otorgado por Carlos V

Confirma este hecho el escudo de armas que Carlos V concedió a Urbieta en Bolonia a 20 de marzo de 1530, en cuyo diploma se hace mérito del suceso. El mismo Urbieta hace mención de este escudo, y de la merced que de él le hizo el emperador, por la prisión del rey de Francia y otros servicios, en el testamento que otorgó en Hernani el 22 de agosto de 1553. Dicho escudo representa un campo verde junto a un río, un medio caballo blanco en cuyo pecho hay una flor de lis con corona, y la rienda caída al suelo, más un brazo armado con su estoque alzado. La significación de este emblema no es dudosa. El campo verde es el sitio donde ocurrió la prisión, el río representado es el Tesino, el medio caballo con la rienda caída, el que montaba el rey Francisco y cayó, la flor de lis y corona las armas de este monarca, el brazo armado alzado es Urbieta, que le rindió.

Colección de documentos inéditos para la historia de España, Volumen 38

Colección de documentos inéditos para la historia de España, Volumen 38

Sus restos mortales yacen al pie del Presbiterio de la iglesia parroquial de su pueblo natal con el epitafio correspondiente, restos que fueron ultrajados por los soldados, dos siglos y medio después de su muerte, durante la francesada. La espada tomada a Francisco I durante la batalla de Pavía adornó la Armería Real hasta que Napoleón la hizo volver a Francia durante la ocupación de 1808.

 Tres siglos después, el duque de Rivas recrearía esta hazaña en su romance La victoria de Pavía:

El hidalgo vizcaíno
Juan de Urbieta, que cubierto
de tosco arnés, es un potro
escaramuzaba suelto,
pasa y ve bajo el caballo
tan lucido caballero,
que por levantarse pugna
con inútiles esfuerzos.

 

 Publicado en el blog «Hidalgos en la Historia» cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/

19 06, 2016

Confesión de un arcabucero español que no halló perdón y fue ejecutado en Flandes

Por |2020-11-13T03:39:26+01:00domingo, junio 19, 2016|

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Confesión de un arcabucero español que no halló perdón y fue ejecutado en Flandes

Un documento hallado por Geoffrey Parker relata aspectos de la dura vida en los Tercios en el inicio de la guerra de los Ochenta Años

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Boceto de un arcabucero, por Augusto Ferrer-Dalmau

JESÚS GARCÍA CALERO 05/06/2016

 Un soldado español es apresado en Flandes mientras luchaba en las filas holandesas. Sus antiguos compañeros desconfían de él y lo llevan a Amberes. Desesperado, se ofrece para informar de los detalles que ha observado durante su estancia más allá de las líneas enemigas. Fortificaciones, movimientos subversivos… Pero todo es inútil. La justicia militar es rigurosa con los delitos de deserción en los Tercios. Su nombre es Pedro de Mondragón. Y va a morir al acabar la confesión. Corre el mes de mayo de 1575.

Su historia emerge de un papel amarillento, con huellas de intemperie, escrito en el frente durante los inicios de la guerra de los Ochenta Años, que ha sobrevivido desde entonces y terminó en los fondos de la Hispanic Society of America. Su signatura: «Altamira Papers, Box 18, Floder II, document 3». Quien lo ha hallado es el historiador Geoffrey Parker, uno de los más destacados especialistas mundiales del reinado de Felipe II y tal vez uno de los más brillantes historiadores militares de la época y el Imperio español. Pasados 440 años, sus manos pudieron desplegar los folios de aquella vieja confesión.

Maquinaria implacable

Pedro de Mondragón está asustado. Ante el auditor militar despliega un afán colaborador que pueda otorgarle perdón. Pero su confesión es caótica, nerviosa, en ella se mezclan informaciones de diversa naturaleza. La maquinaria de la justicia militar es paciente y escucha, pero será implacable. Relata que ha pasado siete semanas en «Luberstain» (Loevestein, cuyo castillo cambió dos veces de manos entre 1570 y 1572, quedando desde entonces en posesión de los holandeses). Debió desertar allá por marzo…

Queda la duda: ¿fue apresado o desertó? Tanto el hecho de que fue detenido en una escaramuza mientras luchaba para el enemigo como su ejecución posterior apuntan a que fue uno de los múltiples desertores de los Tercios en aquella época. Los veteranos llamaban «dar el tornillazo» al cambio de bando.

Mondragón señala las fortificaciones de once pies que están haciendo arrimadas a la muralla en Loevestein y les indica a sus antiguos compañeros por dónde podría resultar victorioso un ataque por sorpresa, poniendo un pontón por el otro extremo, donde el foso está seco, y utilizando un par de piezas de artillería. Lo tiene todo planeado.

Motines y deserciones

Siempre con retrasos en la paga y viviendo en condiciones durísimas, la deserción y el motín fueron los delitos más comunes en aquellos años de guerra. Hubo 46 motines entre 1572 y 1607. El desertor era castigado con la muerte, aunque cuando se atrapaba a un grupo de desertores no era poco habitual sortear a quién ejecutaban como escarmiento para que el resto tuviera buenos motivos de reengancharse.

Y tal es la intención que confiesa Pedro de Mondragón: quiere hacer un gran servicio «a su Magestad» e incluso habla de otros dos españoles apresados en el castillo que podrían ayudarle en un ataque por sorpresa. Da sus nombres: Juan López y Francisco Perpiñán, «de manera que fuesen perdonados, porque desean salir de los enemigos y volverse al servicio de su Magestad».

La mala fortuna

Pero la mala fortuna de Pedro de Mondragón ha comenzado antes. En la escaramuza en la que fue detenido murieron los otros dos españoles que luchaban con él contra los Tercios. Así que ya no queda con quién echar a suertes la ejecución. Era sí o sí. Estaba solo, a no ser que convenciese a todos de que tenía un as en la manga, una información que pudiera cambiar el curso de la guerra.

Geoffrey Parker ha encontrado otra referencia a estos hechos en el Archivo de Simancas. Una carta de don Diego de Zúñiga a Felipe II, con fecha de 29 de mayo, le informa de la escaramuza que debió ocurrir a mediados de mayo de 1575, y confirma que mataron a dos desertores y apresaron a un tercero, que será arcabuceado. Ese debe ser Pedro de Mondragón. Lo que esta carta añade de intriga es que si el desertor habla de López y Perpiñán como presos aún tras las líneas, no deben ser los dos que mataron al apresarle.

Toda guerra es escenario de inmensos y caóticos movimientos de seres humanos. Y Flandes no es una excepción. El duque de Alba había llegado a Flandes con 8.795 soldados en agosto de 1567. Diez años después, según se documenta en la monumental «Historia Militar de España», dirigida por Hugo O’Donnellquedaban solo 4.093. La dureza de la guerra, la hostilidad del ambiente, así como las carencias y el retraso de las pagas minaban la moral. Cierto que el ejército proveía alimentación, alojamiento, atención sanitaria y asistencia religiosa a los soldados. Casi siempre funcionaban bien.

Cola de civiles

Los soldados solían tener criados y a veces incluso la familia les acompañaba. En los campamentos cercanos al teatro de operaciones, donde se instalaban por nacionalidades, el ejército tenía asociada una cola de civiles, entre los que destacaban los criados, los asentistas que vendían alimentos y municiones, las prostitutas siempre reglamentadas, y algunas familias. En el caso de Flandes la cola de civiles llegó a superar más del 50% del total de volumen de gentes.

Al Rey no le gustaba que sus hombres casaran en el frente, pero lo hacían, por cientos. En el siglo XVII se registró un 50% de matrimonios mixtos de soldados españoles y mujeres holandesas. A pesar de todos estos detalles, la milicia era una carrera atractiva por la imagen de fortuna y acumulación de riquezas que se asociaba a quienes participaban en sitios y caídas de ciudades.

Orgullo de ser españoles y camaradería

Sin embargo, el oro y las joyas de los botines no era tanto como se decía, así que los Tercios fueron el lugar de las más estrechas solidaridades. El orgullo de ser españoles y la camaradería eran la verdadera argamasa de los asombrosos logros de aquellos hombres. Las unidades eran estables durante años. Tanto que, después de las viudas, fueron los compañeros de armas los destinatarios en sus testamentos de todos los bienes que poseían los veteranos, a veces después de 30 o 40 años de servicio.

Pedro de Mondragón vivió y murió en ese torbellino. Habló a sus captores de que conocía gente que quería traicionar al príncipe de Orange y que lo había compartido con «López de Salcedo y Martín Ruiz». Con ellos quería organizar una matanza como la Masacre de San Bartolomé, ocurrida 3 años antes en París.

«Curioso –dice Parker– que Mondragón conociera tantos detalles». Al historiador le da la impresión de que fue una añagaza, trataba de que le encomendaran una misión para escapar al castigo. «Buen intento», añade el historiador. Además, indica a sus captores que los holandeses están desmoralizados y no podrán mantener la guerra un año, «porque los bastimentos valen caros, y la tierra esta necessitada, prque es menester un hombre hordinario en una villa para comer moderamente un escudo».

Pedro de Mondragón murió arcabuceado en la plaza del castillo de Amberes, como tantos desertores pagó con su vida. Parafraseando al Pound de los «Cantos», este soldado español fue un hombre sin fortuna cuyo nombre estaba por venir, …y ha llegado al desplegar un polvoriento papel.

17 06, 2016

Vídeo Promocional del II Congreso de Genealogía, Heráldica, Nobiliaria y Ciencias Instrumentales de la Historia “Joaquín Mercado” en Ateneo de Ilugo

Por |2016-06-17T15:29:20+01:00viernes, junio 17, 2016|

Vídeo Promocional del II Congreso de Genealogía, Heráldica, Nobiliaria y Ciencias Instrumentales de la Historia “Joaquín Mercado” en Ateneo de Ilugo

Tal y como nos hacíamos eco inicialmente del II Congreso de Genealogía, Heráldica, Nobiliaria y Ciencias Instrumentales de la Historia “Joaquín Mercado” en Ateneo de Ilugo, en la siguiente entrada publicada hace pocos días en este Blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria:

http://www.docelinajes.org/2016/06/ii-congreso-de-genealogia-heraldica-nobiliaria-y-ciencias-instrumentales-de-la-historia-joaquin-mercado-en-ateneo-de-ilugo/

 A continuación exponemos para nuestros lectores, el vídeo promocional del citado II Congreso.

https://youtu.be/2ONcPzscOoQ

 

 

17 06, 2016

Capítulo de la Orden de San Hermenegildo 2016, artículo que nos hace llegar D. Emilio Mora Lorenzo

Por |2020-11-13T03:39:26+01:00viernes, junio 17, 2016|

Capítulo de la Orden de San Hermenegildo 2016

 Emilio Mora Lorenzo

 El pasado martes 14 de junio, se celebró en el real monasterio de El Escorial, la solemnidad de San Hermenegildo, y el capítulo de su Real y Militar Orden. Creada por Fernando VII en 1814, como distinción militar y orden de caballería. Los actos fueron presididos por S.M. el rey Felipe, a quien -a su llegada a la lonja- se  rindieron los honores de ordenanza.

El Rey encabeza el cortejo hacia el templo

El Rey encabeza el cortejo hacia el templo

El rey saludó a las autoridades civiles y militares acompañado por el gran canciller de la orden. Posteriormente, condecoró con distintos grados de la misma a una representación de Generales, Jefes, Oficiales y Suboficiales de los Ejércitos y la Guardia Civil. Tras el homenaje a los que dieron su vida por España, se celebró un desfile militar a cargo de la Agrupación de Tropas de la Guardia Real.

S.M. el Rey Felipe escuchando la Marcha Real

S.M. el Rey Felipe escuchando la Marcha Real

La patrulla Águila, sobrevuela el monasterio

La patrulla Águila, sobrevuela el monasterio

Finalizado el desfile, los invitados formaron un cortejo que atravesando el Patio de los Reyes,  custodiado su pasillo central por dos filas de Alabarderos, se encaminó al interior del templo donde se celebró un breve oficio religioso presidido por su eminencia el arzobispo castrense de España.

Terminado este, se celebró el capítulo de la orden, mientras la Escolanía del real monasterio ofreció a los invitados un concierto de música sacra.

Escolanía de niños del real monasterio del Escorial

Escolanía de niños del real monasterio del Escorial

Acabado el mismo, se celebró un acto social en el  Patio de Carruajes en el que el rey agradeció la compañía de autoridades civiles, militares, corporaciones nobiliarias y caballerescas, así como tuvo un sentido recuerdo por las víctimas del último atentado acaecido en la ciudad de Orlando.

El rey saludó con mucho afecto a cuantos se acercaron a cumplimentarle. Los halconeros del Real Gremio, fueron honrados por S.M. quien los atendió con mucho afecto y se interesó por sus actividades, departiendo durante unos minutos con el halconero mayor del reino, quien le informó del estado de los halcones propiedad del rey padre, y del propio rey Felipe.

D. Antonio de Castro García de Tejada cumplimenta al Rey

D. Antonio de Castro García de Tejada cumplimenta al Rey

Los caballeros del Cuerpo de la Nobleza de Asturias y otras corporaciones fueron atendidos también con mucha amabilidad por parte del monarca. Quien tras saludar a  la gran mayoría de los asistentes, abandonó el real monasterio.

Don Francisco de Borbón y otros caballeros del Cuerpo de la Nobleza de Asturias

Don Francisco de Borbón y otros caballeros del Cuerpo de la Nobleza de Asturias

15 06, 2016

LA CASA REAL DE BORBÓN Y LA ORDEN DE SAN LÁZARO DE JERUSALÉN; por D. José María de Montells y Galán

Por |2020-11-13T03:39:27+01:00miércoles, junio 15, 2016|

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LA CASA REAL DE BORBÓN Y LA ORDEN DE SAN LÁZARO DE JERUSALÉN

Un episodio muy poco conocido, por silenciado y oculto, es el de la intervención de S.M. el Rey don Alfonso XIII en la elección como primer Gran Maestre de la Orden del siglo XX, de su pariente el Duque de Sevilla. Es, si se quiere, una anécdota, pero una anécdota muy reveladora que contradice totalmente la teoría de la desaparición de la milicia lazarista en 1830.

D. ALFONSO XIII

D. ALFONSO XIII

En los albores del pasado siglo, el Hospital de San Lázaro de Jerusalén, acosado por sus enemigos, dividido en facciones y casi sin recursos, reconsideró seriamente la posibilidad de rehabilitar al Gran Magisterio, vacante desde que Luis XVIII abandonase el cargo y se proclamara Protector. No es de extrañar entonces que el Consejo de la Orden, con la anuencia de los comendadores hereditarios, recabase de un Príncipe de la Sangre de Francia la aceptación de la jefatura de San Lázaro como en sus mejores tiempos.

Desempeñaba las tareas de Gran Bailío de España, el teniente coronel don Francisco de Borbón y de la Torre, descendiente directo y agnado de Luis XIV, que nacido en 1882, había cursado la carrera militar en la Academia de Infantería, en la que ingresó en 1895. Ascendido por méritos de guerra a comandante en 1914, durante el conflicto bélico en Marruecos, al advenimiento de la República, fue deportado al Sahara.

Exiliado en París posteriormente, había entrado en contacto con los problemas de la Orden, al aceptar primero, en 1929, la dignidad de Gran Bailío para España y al año siguiente, la Lugartenencia General del Gran Magisterio. Cabeza de la segunda varonía de la Casa de Borbón, el duque de Sevilla consorte, por su matrimonio con su prima doña Enriqueta de Borbón y Paradé, era el candidato ideal para desempeñar el Magisterio de una Orden tan vinculada a los príncipes de Borbón como la Religión de San Lázaro de Jerusalén. Si los lazaristas del XIX, aseguraron la plena independencia de la orden, recuperando su autonomía de la Corona de Francia, como en los tiempos heroicos de las cruzadas, el Grefier y más tarde Superintendente de la Orden, Otzenberger, en quien recae su moderna organización y existencia, sabe que el futuro de la Cruz Verde está en los Borbones. Según sus reglamentos y normas medievales cualquier caballero puede ser elegido Gran Maestre. Así fue en el pasado más remoto. Pero el período de predominio de príncipes vinculados a la Casa Real de Francia está demasiado cercano. 

Si en algún momento pensó en una solución con los Orléans a la cabeza del hospital, la atenta lectura de Watrin, otro caballero de la Orden, le ha disuadido. La orden de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazareth no puede acudir al abrigo de una estirpe de perjuros y usurpadores, descendientes todos ellos de un regicida. Desvinculada por la fuerza de las circunstancias de los reyes de Francia, con una vida independiente que dura casi un siglo, será la propia orden la que busque su protección. En los Borbones de España, está la continuidad legítima del Trono francés y, por tanto, el hospital debe encaminarse, sin más dilaciones, a conseguir alguna clase de tutela que garantice su futuro, puesto en solfa, por sus enemigos. 

Conviene recordar que el Rey Sol, tronco de las dinastías reales de la Casa de Borbón por sus Cartas Patentes de 3 de febrero de 1701 y sobre todo en su Reglamento de 12 de Mayo de 1710, reconocía la denominación de Hijo de Francia y de Príncipe de la Sangre, no sólo a los hijos del Rey, sino también a aquellos que pertenecían a las líneas directas y agnadas, presuntas herederas de la Corona. Para disfrute de esta calidad no se exigía, ni lógicamente puede exigirse nunca, la nacionalidad francesa ni otro requisito que la legitimidad civil y canónica, por lo que el duque de Sevilla apareció ante los ojos de los lazaristas como un Hijo de Francia, predestinado a la salvación del Hospital.

 

EL DUQUE DE SEVILLA

EL DUQUE DE SEVILLA

Dice Stephen Friar en su muy documentado Nuevo Diccionario de Heráldica que fue la Católica Majestad de Alfonso XIII, quien concediera permiso al duque de Sevilla, su cercano pariente, para aceptar en 1935 el Magisterio lazarista. Otzenberger, ayudado por Paul Bertrand, comienza, desde la aceptación de don Francisco de Borbón de la Lugartenencia General, una intensa relación con el príncipe español, desplegando todos los recursos a su alcance que culminan en una cena, dada en honor de los Duques de Sevilla y sus hijos, en el Hotel Jena de París, en 1933, de gran trascendencia para los acontecimientos que seguidamente se iban a producir. Es allí donde se establece una primera estrategia para proveer en persona de sangre real la vacante del Gran Magisterio.

 

Es allí donde don Francisco de Borbón se compromete a gestionar ante don Alfonso XIII, su primo y rey, en un Consejo de Familia, el unánime deseo de los caballeros de restaurar el Gran Magisterio y como en otras épocas, que la jefatura suprema de la religión recaiga en un Borbón. Preocupado por las críticas a la vigencia de la orden que se hacen desde algunos círculos, Otzenberger incorpora a las conversaciones con el Duque de Sevilla, a Jean des Courtils de Bessy, séptimo comendador hereditario de la Encomienda de la Motte des Courtils, establecida el 14 de diciembre de 1702, para asegurar precisamente en todo tiempo la continuidad fidedigna de la religión. Nacido en 1871, el comendador formará parte del Capítulo General que restablecerá el Gran Maestrazgo el 15 de diciembre de 1935.

A él se debe una más que rotunda afirmación: Nuestra Encomienda Hereditaria es una de las instituciones históricas de la Orden que han contribuido a su continuidad hasta nuestros días … ya que su existencia y testimonio contradicen a los adversarios de la milagrosa permanencia en el tiempo de la orden. Debe recordarse a este respecto, como ya se escribió en su momento que, en caso de dispersión o disolución del hospital, cualquier comendador hereditario tiene el derecho y la obligación jurídica de salvaguardar la milicia de los pobres leprosos, para siempre jamás, esto es a perpetuidad, tal como se especifica en las cartas de creación de las antiguas Encomiendas, suprimidas por Luis XIV (contraviniendo las constituciones) y restablecidas por Luis XVIII, en su exilio de Mitau.

En consecuencia, la sola presencia del comendador des Courtils (demostrando la transmisión hereditaria de la encomienda lazarista de agnado en agnado) acallaba las críticas de quienes se empeñaban en las tesis de la desaparición de la orden en 1831 y representaba un indudable marchamo de autenticidad ante el príncipe español.

Muy poco difundida resulta la circunstancia, revelada por Zeininger de Borja, por la cual, el Lugarteniente General de San Lázaro, el duque de Sevilla, poco antes de aceptar el Gran Magisterio, quiso con el respaldo del Consejo, ofrecerle tan alta dignidad al Príncipe de Asturias , rehusando éste, por orden de su padre el Rey don Alfonso XIII, que no deseaba por aquel entonces enfrentamiento alguno con la Santa Sede.

Tampoco prosperó la candidatura del Infante don Jaime, duque de Segovia, quizá por las mismas razones o por otras asociadas a su minusvalía, lo que no impidió a su augusto padre conceder real licencia para que fuera don Francisco, quien finalmente accediese a la jefatura lazarista.

Y es que, para el Rey, conocedor como pocos de la historia de su familia, los Borbones tenían un compromiso histórico con el Hospital de los leprosos, que solucionaría a la postre, el propio duque de Sevilla.

Piénsese que, para ese año, la República Española había abolido todas las órdenes nobiliarias y que un súbdito español, como el duque de Sevilla, no podía ejercer legalmente el Gran Magisterio de San Lázaro de Jerusalén sin inscribir a la institución como asociación civil al amparo de la ley de asociaciones republicana. 

Para un hombre de vigorosas convicciones monárquicas como el nuevo Gran Maestre, a cuyo natural repugnaba la práctica de tales triquiñuelas legalistas, no había más legitimidad que la emanada directamente del Rey, aunque éste se encontrase en el exilio. Por ello y pese a legalizar la Orden en España el 17 de junio de 1935, pidió la aprobación de don Alfonso XIII para su elección como Gran Maestre de San Lázaro, que finalmente se produjo el 15 de diciembre de aquel mismo año. Debe repararse que al poco de la elección, don Alfonso XIII heredó de su tío don Alfonso Carlos, la Jefatura de toda la Casa Real de Borbón esto es la de la Casa de Francia, por lo que su permiso al Duque de Sevilla para aceptar el Gran Maestrazgo de San Lázaro devuelve la Orden a la protección tradicional ejercida por los reyes legítimos de Francia. 

Un autor de gran crédito y autoridad, don Manuel Rodríguez de Maribona, en la ponencia que presentó al Congreso de Estudios Históricos de la Orden, se decanta por considerar la aquiescencia de don Alfonso, como un marchamo de incuestionable legitimidad: No es baladí esta real licencia de quién se consideraría (a la muerte de don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este) Jefe de las Casas Reales de España y de Francia, titulándose Jefe de Familia, esto es, de toda la Casa de Borbón. Con don Francisco, encontraría el Hospital de los pobres leprosos de San Lázaro, el Borbón providencial que le apartaría del ostracismo, al que había sido condenado por los excesos de la Revolución francesa y el papanatismo de la monarquía burguesa de Luis Felipe de Orleans.
En definitiva, lo que interesa resaltar aquí es que la Casa de Borbón, representada por Alphonse I de Francia (S.M. el rey Alfonso XIII de España) no abandonó a su suerte a la antiquísima orden cruzada de San Lázaro y que, de acuerdo con quienes querían restaurar la estrecha vinculación de la gloriosa Cruz Verde con los príncipes de su Casa, otorgó su aquiescencia para que fuera un genuino Hijo de Francia quien tomase en sus manos la jefatura de la Orden.

¿Debemos inferir de este episodio una cierta simpatía secreta de Alfonso XIII por la insigne Orden lazarista? La realidad es que no consta en ningún documento que la supervivencia del Hospital preocupase mínimamente al rey. Sabemos que don Alfonso durante su reinado, tuvo en alta consideración a las cuatro órdenes militares españolas, pero no tenemos ningún indicio sobre su interés por las órdenes reales francesas, a las que ignoró olímpicamente, ya que cualquier manifestación en este sentido, hubiera sido interpretada como una concesión a los pretendientes carlistas.

Lo que es evidente es que, una vez en el exilio, don Alfonso se interesó cada vez más por los asuntos de Francia y que en ese contexto, contribuyó personalmente a rehabilitar el Gran Maestrazgo (en una persona de su confianza y familia) de una orden que por avatares históricos muy concretos había devenido en una caballería del antiguo patrimonio ecuestre de la Casa de Borbón, de la cual se había proclamado Jefe. El conocimiento cabal de este asunto demostraría, una vez más, lo poco documentado de las tesis anti-lazaristas que la sinrazón interesada y la ignorancia han hecho circular como verdad absoluta.

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