LA PRIMERA MISIÓN DIPLOMÁTICA PERUANA.
![]() |
| José de San Martín. |
![]() |
| Bernardo de Monteagudo. |
![]() |
| Orden del Sol del Perú. |
![]() |
| Augusto Federico de Hanover. |
![]() |
| Adolfo Federico de Hanover. |
![]() |
| Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. |
![]() |
| Leopoldo de Borbón-Dos Sicilias y María Clementina de Austria. |
Ahora si la corona peruana se hubiera ofrecido exclusivamente a los Romanov legítimos, la elección hubiera recaído en alguno los hermanos menores del Zar Alejandro I; habiendo solo dos opciones posibles. La primera opción recaía definitivamente en el Gran Duque Constantino Pávlovich Romanov (1779-1831), que se dice fue preparado intensamente por su abuela la Zarina Catalina II “la Grande” para ocupar un hipotético trono bizantino, tras una imaginada conquista de Estambul. Viendo la imposibilidad de vencer a los otomanos, las aspiraciones del Gran Duque se desvanecieron.
El Gran Duque Constantino había casado con la princesa Juliana de Sajonia-Coburgo, de la que se divorció en 1819. Al año siguiente, casó morganáticamente con la aristócrata polaca Johanna Grudna-Grudczinska, a quien se le concedió el título de Princesa Lowiczka; empero, tuvo que renunciar a la sucesión al trono ruso. Entonces, sin haber logrado en su juventud ser emperador de un resucitado imperio bizantino; menos aún podía aspirar en su madurez a la sucesión al trono ruso; era lógico que se considerase a éste como candidato para el Perú. La segunda posibilidad, recaía en el Gran Duque Miguel Pávlovich de Rusia (1798-1849), también hermano de Alejandro I, y dada su remota posición en la sucesión, era factible su elección como posible Emperador del Perú.
![]() |
| Miguel Pávlovich de Rusia. |
Con la caída de Napoleón Bonaparte, los Borbones fueron nuevamente restablecidos en el trono francés en la persona del rey Luis XVIII (1814-1824), hermano del ejecutado Luis XVI. De este linaje real tendrían que haber salido el candidato a la corona peruana; sin embargo, Luis XVIII no contaba con sucesión directa, entonces la elección pasaba a los colaterales. Luis XVIII tenía como hermano y sucesor al príncipe Carlos de Borbón, Conde de Artois (fututo rey Carlos X de Francia), cuyos dos hijos estaban directamente ligados a la sucesión del trono galo. En tal sentido, poco interés podían tener los príncipes franceses en un hipotético imperio peruano. Entonces ¿quién podía ser el candidato francés? consideramos que ninguno; salvo que se llegase a considerar a lejanos parientes como el príncipe Luis Felipe de Orleans (futuro rey Luis Felipe I de Francia) o en su defecto al príncipe Luis Enrique José de Borbón-Condé (1736-1830); aunque lo dudamos, pues viejo y sin hijos poco podía hacer en medio de la inestable situación americana.
6. Portugal. En el caso portugués, no se consideró de ninguna forma a la rama fundada por el emperador Pedro I del Brasil, quedando de este modo la candidatura libre al resto de sus hermanos. ¿Acaso había un rechazo peruano a que Brasil terminara por absorber a los países de la costa del Pacífico? ¿Esta decisión tenía alguna relación con las frustradas aspiraciones de la reina Carlota (madre de Pedro I)? Recordemos que el rey Juan VI de Portugal (1767-1826) había casado con la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hija del rey Carlos IV de España. Durante la invasión napoleónica la familia real portuguesa se estableció en el Brasil. Fue allí que la reina Carlota Joaquina de Portugal se enteró del encierro de la familia real española en Bayona y quiso de este modo hacerse con todos los territorios americanos alegando ser hija de Carlos IV, con igual derecho que sus hermanos, y además como residente en Brasil podía controlar fácilmente al Perú, Río de la Plata, etc. Esta aspiración no tuvo éxito pese a que algunos ilusionados prestaron su apoyo. Terminada la amenaza napoleónica, la familia real portuguesa regresó a Lisboa mientras que el hijo mayor don Pedro quedó en el Brasil donde proclamó la independencia y se coronó primer Emperador (6) .
![]() |
| Gabriel de Borbón y Braganza. |
En tal sentido, el infante Don Sebastián Gabriel, al igual que su madre, habían quedado definitivamente relegados en la sucesión al trono luso. Su ideal alejamiento de las conjuras dinásticas que se fueron sucediendo durante todo el siglo XIX, hizo a Don Sebastián Gabriel candidato ideal al trono peruano; pese a que tan solo contaba con 11 años. Evidentemente, dada su minoría de edad, hubiera sido necesaria una corregencia compartida entre la infanta María Teresa y el propio Libertador San Martín, que seguro hubiera resultado muy conveniente.
7. España. En el caso de no encontrar un monarca para el Perú en todos los reinos anteriormente mencionados, quedaba como última posibilidad solicitar a España al Duque de Luca. Pero ¿quién era este Duque? Su nombre era Carlos II de Borbón-Parma, Duque de Luca, un príncipe italo-español que había sido hijo de Luis I, Duque de Parma, Plasencia y Guastalla y de la infanta española María Luisa de Borbón; y nieto por vía materna del rey Carlos IV de España. Empero, pese a sus excelentes conexiones dinásticas con varias casas reinantes europeas, la serie de vicisitudes que se sucedieron tras el advenimiento de Napoleón Bonaparte, lo convirtieron en un rey sin reino. Napoleón lo había despojado de Parma aunque lo indemnizó en 1803, por así decirlo, con el reino de Etruria, de breve duración, pues quedó disuelto cuatro años más tarde. Fue así como el príncipe Carlos II se vio obligado a trasladarse a la Corte de Madrid donde tenían la falsa promesa del emperador francés de que le sería entregado un nuevo reino al norte de Portugal. La invasión napoleónica a España desbarató todos los planes de Carlos II.
A la caída de Napoleón, se vislumbró la posibilidad de recuperar sus antiguos dominios parmesanos; sin embrago, el Congreso de Viena determinó que los Ducados de Parma, Plasencia y Guastalla pasaran a la esposa de Napoleón la archiduquesa María Luisa de Austria. A cambio se le entregó de forma vitalicia el pequeño ducado de Lucca, al norte de Toscaza; de allí que se le conozca como “Duque de Luca”. Como era evidente, su ducado era pequeñísimo y las rentas bajas, por lo que la propuesta de un rico imperio sudamericano pudo haberlo traído al Perú. Se sabe que el Duque de Luca conocía los planes monárquicos sudamericanos, ya que incluso en 1817 había sido voceado para coronarse Rey del Río de la Plata, a propuesta del Director Supremo don Juan Martín de Pueyrredón; sin embrago, la caída de su gobierno hizo que el proyecto monárquico argentino fracasara.
![]() |
| Carlos II de Borbón Parma. |
Fue así como, la primera Misión Diplomática peruana ya no tuvo más asidero acabándose de este modo con las aspiraciones monárquicas tantas veces anheladas. Pero ¿hubo acaso algún logro meritorio de esta primera Misión diplomática peruana? La respuesta es afirmativa, pues se logró afianzar las relaciones comerciales con Inglaterra lográndose además el primer empréstito de nuestro país por la elevada suma de un £ 1’200,000.00 (Un Millón Doscientas Mil y 00/100 Libras Esterlinas), que ayudó a solventar la crecida deuda que nos trajo la guerra de independencia.
Finalmente, debemos referir que el ingreso de un príncipe europeo como Emperador del Perú solo hubiera retrasado lo inevitable. Las ambiciones particulares de los caudillos militares peruanos, tarde o temprano, hubieran aflorado, resquebrajando el poder real y haciendo que la monarquía peruana cayese, en un simil a lo sucedido en México con Agustín I de Iturbide, primer emperador mexicano que había sido proclamado como tal en mayo de 1822. Su breve reinado duró hasta marzo de 1823 en que abdicó, trasladándose a Europa.
En breve el Congreso Mexicano mediante Decreto del 23 de abril de 1824, decretó la proscripción de D. Agustín de Iturbide, declarándolo traidor y fuera de la ley, así como enemigo público, en caso de que se presente en cualquier parte del territorio mexicano; igual suerte correrían todos aquellos que lo ayudasen a su regreso. El Decreto decía textualmente lo siguiente:
“1. Se declara traidor y fuera de la ley á D. Agustin de Iturbide, siempre que bajo cualquiera titulo se presente en algun punto de nuestro territorio. En este caso queda por el mismo hecho declarado enemigo público del estado. 2. Se declaran traidores á la federación, y serán juzgados conforme á la ley de 27 de setiembre de 1823, cuantos cooperen por escritos encomiásticos ó de cualquier otro modo á favorecer su regreso á la república mexicana” (7) .
Iturbide, que ignoraba esta amenaza contra su vida, regresó a México, siendo arrestado y posteriormente ejecutado en Padilla, Tamaulipas el 19 de julio de 1824. En tal sentido, podemos concluir que la suerte de un príncipe europeo en el Perú pudo haber sido la misma que la del tristemente célebre Iturbide (8).
(2) Cfr. DE IZCUE, Luis. La nobleza titulada en el Perú colonial. Lima: Casa Editorial La Opinión Nacional, 1927. Asimismo, en: ROSAS SILES, Alberto. La Nobleza titulada del virreinato del Perú. En: Revista del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas No. 21. Finalmente, se puede consultar también: VARGAS UGARTE, Rubén. Títulos Nobiliarios en el Perú. Lima: José de Lamar y Cortazar, 1958, p. 32-33.
(3) Cfr. PACHECO VÉLEZ, César. La Sociedad Patriótica de Lima: un capítulo de la historia de las ideas políticas en el Perú. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1973.
(4)PAZ-SOLDÁN, Mariano Felipe. Historia del Perú independiente. Lima: 1868, p. 271.
(5) Ibíd., p. 272.
(6)El caso brasileño resulta sumamente interesante, Pedro I había sido proclamado primer emperador del Brasil el 12 de octubre de 1822; sin embargo, la guerra de independencia brasileña finalizó recién con la firma del Tratado de Río de Janeiro el 29 de agosto de 1825. El imperio del Brasil tuvo dos monarcas el ya mencionado Pedro I y su hijo Pedro II, estupendo gobernante, que trajo al Brasil no solo estabilidad política sino también un gran auge económico. La monarquía solo caería tras un burdo golpe de Estado militar en 1889, fecha en la que se depuso al ya cansado Pedro II quien prefirió marchar a Europa, desilusionado por el destino que le había tocado, no intento recuperar nunca su corona
(7) Colección de Órdenes y Decretos de la Soberana Junta Provisional Gubernativa, y Soberanos Congresos Generales de la Nación Mexicana. Tomo III. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo, 1829, p. 44.
(8) Los Iturbide nuevamente resurgirían cuando Maximiliano I de Habsburgo, segundo emperador de México (1864-1867) por obra y gracia de Napoleón III, adoptó a los nietos del primer emperador (Agustín y Salvador) a los que convirtió en sus herederos dándoles además su apellido “de Iturbide-Habsburgo”. Sin embargo, la monarquía mexicana caería una vez más, siendo igualmente fusilado este segundo emperador en la ciudad de Querétaro el 19 de junio de 1867; demostrando así la imposibilidad de que en México pudiera subsistir la monarquía.








































