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Doce Linajes de Soria

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7 08, 2017

Manuel Luis de Zañartu e Iriarte. Vasco ilustre. El corregidor de hierro; por D. José M. Huidobro

Por |2020-11-13T03:36:42+01:00lunes, agosto 7, 2017|

Artículo de fecha 08-04-2017 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 57 libros y más de 1.000 artículos.

Manuel Luis de Zañartu e Iriarte. Vasco ilustre. El corregidor de hierro

Su obstinación, su dureza y su carácter excéntrico, lo convirtieron en una figura de las más interesantes y enigmáticas del pasado colonial de Chile. Su fama se debió a la crudeza de sus procedimientos para contener el pillaje y la comisión de delitos y por la construcción de numerosas obras públicas en la ciudad de Santiago, capital del Reino de Chile.

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 Manuel Luis de Zañartu nació en Oñate, Guipúzcoa, en 1723, el feudo ancestral de los Velas y Guevaras. Hijo de José de Zañartu y Palacios y Antonia de Iriarte y Lizarralde, perteneció a una familia de nobleza vizcaína; de hecho, parte de sus ancestros ocuparon puestos concejiles en su pueblo natal, los cuales antaño estaban reservados a personas que acreditaran ser hidalgos. El progenitor era un próspero comerciante de productos agrícolas, y poseía graneros y bodegas en Valparaíso y tierras cerca de lo que ahora se llama Concón las cuales le fueron concedidas por el virrey de la época. .Murió en Santiago de Chile en 1782; siendo sepultado en el convento del Carmen de San Rafael, conocido después como “el Carmen Bajo”.

Luis Manuel llegó a Chile junto a sus padres y tíos en 1730. Ese mismo año fue puesto bajo la dirección de un preceptor jesuita, para después educarse en el Convictorio Jesuita de Santiago. Al cabo de cierto tiempo, fallecieron sus padres y, como único hijo, se convirtió en su heredero universal, transformándose en uno de los sujetos más ricos del reino.

El joven Luis Manuel recibió noticia de su hermana Margarita, de que sus heredades en España habían sido gravadas con los acostumbrados impuestos cobrados a los pecheros (no nobles), lo cual la indignó. Por esto, en abril de 1755 se resolvió viajar a España con el objeto de demostrar su calidad social y, con ello, impugnar y dejar sin efecto el cobro de tales gravámenes. Así, pues, en 1757 Zañartu otorgó poder al presbítero Juan José de Araos y Otálora para que lo representase ante el ayuntamiento de Oñate, y entablase juicio de ejecutoria de nobleza. Logró su cometido y fue declarado «caballero hijodalgo de casa y solar conocido»; a la vez, obtuvo que se suspendiera el impuesto sobre sus bienes.

Retrato del corregidor con su esposa y escudos de armas de ambos

Retrato del corregidor con su esposa y escudos de armas de ambos

Al año siguiente regresó a Chile, trayendo diversos artículos y mercaderías; luego, contrajo matrimonio en Santiago, el 24 de septiembre de 1758, con María del Carmen Errázuriz y Madariaga, natural de dicha ciudad, hija de Francisco Javier de Errázuriz y Larraín (el fundador de su linaje en Chile) y de María del Loreto Madariaga y Lecuna Jáuregui. De este matrimonio nacerían dos hijas: Teresa de Jesús Rafaela (nacida en 1759) y María de los Dolores (nacida en 1761), a quienes su padre confinó de por vida en un convento de la capital chilena. Poco tiempo después, su esposa falleció.

Zañartu, preocupado por el futuro de sus hijas, discurrió que lo mejor para ellas sería tomar los hábitos. En 1776, obtuvo permiso del Rey para fundar un nuevo convento, y él mismo financió las obras y dirigió la construcción del monasterio y de la iglesia.

En 1780, cuando los edificios estuvieron terminados, sus dos hijas -de 11 y 9 años de edad- fueron trasladadas al convento que se denominaba del Carmen Bajo y 7 años después fueron obligadas a profesar. Las dos niñas ingresaron a la orden con una cuantiosa dote proporcionada por su padre.

Así, el joven Luís Manuel, una vez autenticada la nobleza de su familia se inició en el comercio, pero lo que le daría fama en la historia de Chile sería su labor como corregidor de la ciudad capital del Reino, cargo en el que lo nombró el Gobernador Antonio de Guill y Gonzaga (11 de diciembre de 1762).

En 1762, el gobernador de Chile extendió a Zañartu el nombramiento de corregidor de Santiago, cargo que lo convertiría en una de los hombres más duros, famosos y enigmáticos de la historia de este país sudamericano. Unió a este empleo los títulos honoríficos de Justicia Mayor y Lugarteniente de Capitán General, situación que lo habilitaba para portar bastón de mando y le confería poder militar. Zañartu usó ampliamente estos poderes con mano firme e hizo caso omiso a las fuertes críticas de los vecinos de los cuales fue víctima, por lo cual recibió el apodo de “el corregidor de hierro”.

Cuando asumió su cargo, Santiago había caído en cierto grado de corrupción, violencia casi cotidiana y falta de higiene, que hacían de este un lugar poco grato para habitar, lo que aprovechó Zañartu para elaborar un programa que comprendía la realización de un plan de obras públicas necesarias y que además servirían para dar trabajo remunerado a ociosos, vagos y maleantes, que en aquellos tiempos pululaban por las calles de Santiago. De ahí que surgiera la necesidad de reformular las pautas de convivencia urbana y de imponer drásticamente un nuevo ordenamiento tanto urbano como social. Zañartu se propuso como meta revertir el estado de las cosas en Santiago y definió un medio de acción: la firmeza de la autoridad para con los alteradores del orden público.

Su programa tuvo un gran éxito, lo que le valió para ser ascendido a Coronel del Regimiento de Infantería de Milicias de Santiago en 1778. También lo designó albacea testamentario con la expresa cláusula que lo liberaba de rendir cuentas. Pero mas allá de su eficacia en la planificación, lo que le hizo ganar celebridad, fue el mantenimiento del orden público en la ciudad y su esmero en inculcar en las muchedumbres los buenos hábitos de moralidad y decencia harto olvidados en el Santiago de la época, en especial entre negros y mulatos, pero también entre individuos de más alta alcurnia que en algo se desmandaban y cuyas buenas costumbres habían caído en el relajamiento.

Puente de Cal y Canto

Puente de Cal y Canto

Durante su regencia emprendió un vasto plan de obras públicas, que además de necesarias, embellecerían la ciudad y proporcionarían una fuente de trabajo para los desocupados, evitándose así un foco de delincuencia. Muchas fueron las obras en las que, de un modo u otro, intervino el corregidor Zañartu. Entre ellas, se pueden nombrar las mejoras introducidas en el sistema de abastecimiento de agua potable, la construcción de nuevos tajamares en el río Mapocho y la edificación de refugios en plena cordillera. La de mayor envergadura de todas y también la más perdurable, fue el Puente de Cal y Canto (202 m), una obra inaugurada en 1782 que prestó servicios durante más de 100 años, hasta que fue demolido mediante su minado en 1888.

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7 08, 2017

Visita a Medina del Campo de la Orden de Caballeros y Ballesteros de la Santa Vera Cruz del Rey Fernando III

Por |2020-11-13T03:36:42+01:00lunes, agosto 7, 2017|

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ORDEN DE CABALLEROS BALLESTEROS DE LA SANTA VERA-CRUZ DEL REY FERNANDO III

CABALLEROS DE LAS NAVAS. BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA. Santa Elena

Fuente: http://ordendecaballerosballesterosveracruz.blogspot.com.es/2017/08/visita-medina-del-campo.html?spref=fb

Autor: D. Raúl Torres; Cronista Rey de Armas del Solar de las Navas en Orden de Caballeros y B. de la Santa Vera Cruz del Rey Fernando III

Visita a Medina del Campo de la  Orden de Caballeros y Ballesteros de la Santa Vera Cruz del Rey Fernando III

La Orden de Caballeros y Ballesteros de la Santa Vera Cruz del Rey Fernando III, asistirá a los actos que tendrán lugar el 14 y 15 de agosto de 2017, en la localidad Castellana de Medina del Campo.

La asistencia está motivada, por la invitación recibida de parte del Maestre de la Orden de Caballería de la Jarra y el Grifo, para hacer acto de presencia en el día Mayor de la Orden; dentro del marco de las celebraciones de la VI Semana Renacentista.

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Publicado por Orden Caballeros Ballesteros Vera-Cruz

 

6 08, 2017

Comunicamos que las fechas del II Congreso de Hispanidad; se llevará a cabo del jueves 30 de noviembre, al domingo 3 de diciembre.

Por |2020-11-13T03:36:42+01:00domingo, agosto 6, 2017|

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Fuente: www.nuevostercios.com

Comunicamos que las fechas del II Congreso de Hispanidad; se llevará a cabo del jueves 30 de noviembre, al domingo 3 de diciembre.

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La fundación de fomento cultural Nuevos Tercios, desde su sección Idearium de estudios, análisis y actividades culturales, celebrará en el Municipio de Cuautlancingo, Puebla (México), el II Congreso de Hispanidad, cuyo fin es la difusión de la cultura y hermanamiento de todos los países de lengua española, y con ello crear enlaces comerciales que permitan el acercamiento, la ayuda y cooperación para el desarrollo de estos países.

En este congreso habrá exposiciones pictóricas, conferencias, foros, feria del libro, presentación de obras de nuestros invitados, visitas culturales en el Estado de Puebla y otras actividades encaminadas al conocimiento mutuo y hermanamiento de las naciones, así como abrir nuevos caminos de cooperación empresarial y comercial.

Las conferencias y todas las actividades del congreso, se retransmitirán a espacios de cultura (como universidades) y empresariales de distintos países, como Japón, EE.UU., España, Argentina, Guam…).

El congreso se desarrollará entre los días 30 de noviembre y 3 de diciembre de 2017, y cerrará las actividades con una comida de hermandad entre los distintos participantes, ponentes y expositores, autoridades municipales, organizadores, benefactores y público en general.

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Tras el congreso se prolongaran las actividades con las exposiciones pictóricas en otros emplazamientos, y reuniones y foros con empresarios.

Al magno acontecimiento vendrán figuras de relieve en el campo intelectual; en este momento están confirmados los siguientes ponentes y expositores: de Argentina D. Cristian Rodrigo Iturralde (escritor, investigador histórico, traductor y conferenciante) y D. Patricio Roberto I. Lons Fuentes Ortiz (periodista y conferenciante); de México D. Salvador Abascal Carranza (político, escritor, investigador, catedrático, conferenciante), D. Enrique Etsuo Tirado Hamasaki (médico, investigador histórico, conferenciante), D. Ángel González de la Tijera (pintor); D. Nemesio Rodríguez Lois (periodista y conferenciante); de España D. José Javier Esparza Torres (escritor e investigador histórico), D. Fernando Paz Cristóbal (historiador, profesor de historia, escritor, conferenciante), D. Jesús Ángel Rojo Pinilla (escritor, conferenciante e investigador), D. Joaquín Besoy Posada (pintor).

Estamos concretando la venida de otras ilustres personalidades, pero no las mencionaremos aquí por estar aún en negociaciones con ellos.

Dos bravos foros manifestarán la convicción y verdad de nuestra doctrina e historia: El Nuevo Orden Mundial y la Hispanidad» y » La Democracia Liberal como instrumento contra la Hispanidad».

Habrá una magnífica feria del libro con títulos que no podemos perdernos; presentación de obras de los ponentes y de otros autores; teatro a cargo de «El taller de Karol» con la obra, muy educativa y divertida, «Qué mandáis hacer de mí», sobre Santa Teresa de Jesús; bailes y música… y dos espléndidas exposiciones pictóricas de gran interés y sensibilidad que disfrutaremos, de los maestros D. Ángel González de la Tijera y de D. Joaquín Besoy Posada.

¡Todos al II Congreso de Hispanidad¡ ¡DIFUNDID!, que nadie pierda la oportunidad, porqué…

¡¡VIS UNITA FORTIOR!!

Buscamos la colaboración de instituciones educativas y empresariales para cubrir todas las necesidades del congreso, así como poder difundir las conferencias y actividades del mismo.  

Inscripciones desde la web: https://www.nuevostercios.com/copia-de-contacto

 

 Prof. Amadeo A. Valladares Álvarez Presidente.

5 08, 2017

NÚMERO 550 DE LA REVISTA HIDALGOS DE ESPAÑA

Por |2020-11-13T03:36:43+01:00sábado, agosto 5, 2017|

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Nuevo número de la revista HIDALGOS EL Nº 550;  ya disponible

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Revista Hidalgos | Real Asociación de Hidalgos de España

Una sección de toda la información de actualidad y noticias sobre la Asociación, actividades, órganos de gobierno, nuevas incorporaciones, proyectos, entrevistas, etc.

Descarga gratuita en https://www.hidalgosdeespana.es/wp-content/uploads/2017/08/Gacetilla-550-primavera-2017.pdf

5 08, 2017

El mapa con el que España se adelantó al resto representando el Nuevo Mundo

Por |2020-11-13T03:36:43+01:00sábado, agosto 5, 2017|

 D. Alfredo López Ares, colaborador habitual de este blog de la Casa Troncal de Los Doce Linajes, nos remite este interesantísimo artículo, que con mucho gusto publicamos.

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http://www.abc.es/historia/abci-mapa-espana-adelanto-resto-representando-nuevo-mundo-201707132235_noticia.html

RODRIGO ALONSO @abc_historia Madrid13/07/2017

ABC HISTORIA RECOMIENDA

El mapa con el que España se adelantó al resto representando el Nuevo Mundo

El primer documento en el que aparece cartografiada América es una de piezas más destacadas del Museo Naval de Madrid. El Capitán de Navío Fernández de Mesa señala la importancia de conocer un legado marítimo que es «la base de la Historia de España»

Para ver el video hacer click sobre la imagen o bien en el enlace:

http://www.abc.es/historia/abci-mapa-espana-adelanto-resto-5507880502001-20170714055416_video.HTML

Mapa de Juan de la Cosa - ABC

Mapa de Juan de la Cosa – ABC

Dentro de la gran variedad de útiles náuticos que alberga el Museo Naval de Madrid, y que representan como pocos la grandeza naval de una nación con la tradición marítima de España a lo largo de su historia, destaca la carta realizada por Juan de la Cosa. El primer mapa en el que apareció representado el continente americano.

Esta carta elaborada por el bregado marino cántabro allá por el año 1500 se ha convertido no solo en una de las joyas de la corona del museo madrileño, sino en un documento de un valor artístico e histórico incalculable. La representación de aquellas tierras «plus ultra» sumadas a los territorios europeos, asiáticos y africanos podría haber tenido por objetivo el mostrar a sus majestades, los Reyes Católicos, los territorios descubiertos por la corona allende los mares.

Esta carta realizada por el bregado marino cántabro allá por el año 1500 se ha convertido no solo en una de las joyas de la corona del museo madrileño, sino en un documento de un valor artístico e histórico incalculable.

 El territorio americano -representado en un color verde esmeralda– viene acompañado por una profusa descripción de todos los accidentes geográficos conocidos en el Nuevo Mundo. No en vano, de la Cosa formó parte de al menos dos de las travesías de Colón y participó a su vez en los llamados «viajes menores» junto a otros marinos  ilustres de la época como Alfonso de Ojeda. Los conocimientos resultantes de sus alrededor de siete viajes a los espacios recién descubiertos fueron determinantes a la hora de realizar la carta.

Con respecto a la representación de los otros continentes y espacios en el mapa, los mismos aparecen decorados con motivos variados (rosas de los vientos, reyes, personajes bíblicos, navíos) los cuales eran muy del gusto de la época así como de uso recurrente en la cartografía.

También debe destacarse el conocimiento que demuestra el marino en la representación de territorios como África, en donde pone en relieve los últimos hallazgos geográficos llevados a cabo por navegantes portugueses, los cuales como señala a ABC el Capitán de Navío Fernández de Mesa: «Eran los principales competidores de España por el dominio del mar durante esta época».

La enigmática desaparición de la carta

Con la llegada del siglo XIX el mapa desapareció misteriosamente. Se cree que pudo ser robado por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia debido a su posterior aparición en París. Fue en la capital francesa donde el barón de Walkenaer, embajador holandés destinado en el país galo, encontró el desaparecido tesoro español en el año 1832. Tras la muerte del diplomático, el hispano Ramón de la Sagra puso en conocimiento de las autoridades patrias el paradero de la carta, la cual fue finalmente comprada en subasta por parte del Depósito Hidrográfico por algo más de 4.000 francos.

Con la inauguración del Museo Naval de Madrid de manos de la reina Isabel II el 19 de octubre de 1843, la carta de Juan de la Cosa llegó al que hasta día de hoy es su hogar, el Museo Naval de Madrid. Donde el visitante puede encontrar tanto este como muchos otros tesoros nacionales.

«Una historia naval única en el mundo»

Con motivo del «VIII Congreso Iberoamericano de Educación Matemática, CIBEM 2017» que ha tenido lugar en Madrid entre los días 10 y 14 de julio, se han llevado a cabo unas visitas culturales en el Museo Naval.

Dichas visitas han sido dirigidas por un grupo de estudiantes universitarios, los cuales mostraron al público una gran variedad de útiles necesarios para la navegación, así como la importancia de las matemáticas aplicadas al gobierno de un barco. También explicaron varios hitos relacionados con la tradición naval española; como es el caso de la triangulación del Ecuador realizada por Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1736-1745) o la expedición realizada por A. Malaspina y J. de Bustamante y Guerra entre los años 1789 a 1791.

  Al mismo tiempo, dichos voluntarios tuvieron la oportunidad de recibir formación de uno de los más insignes marinos de la Armada española en la actualidad: el Capitán de Navío José Ramón Fernández de Mesa.

El ilustrado militar destacó las virtudes del Museo Naval, al que describió como «una joya» a través de la cual se puede entrar en contacto con «una historia naval única en el mundo» Capitán de Navío Fernández de Mesa

 En declaraciones a ABC, el ilustrado militar destacó las virtudes del Museo Naval, al que describió como «una joya» a través de la cual se puede entrar en contacto con «una historia naval única en el mundo», como es la propia de España, un país con una tradición marítima incomparable que «ha tenido la mar como marco en muchas de sus hazañas».

Es debido a ello que el ser conocedor de las grandes gestas náuticas de una nación que fue la potencia marítima indiscutible durante un periodo prolongado de tiempo se antoja imprescindible. A razón de esto, el capitán expresó muy acertadamente: «La historia naval es la base de la Historia de España».

3 08, 2017

Álvaro de Luna. Condestable de Castilla; por D. José M. Huidobro

Por |2020-11-13T03:36:43+01:00jueves, agosto 3, 2017|

Artículo de fecha 28-03-2017 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 57 libros y más de 1.000 artículos.

 

Álvaro de Luna. Condestable de Castilla

 Aristócrata castellano de raíces aragonesas, fue una de las personalidades más importantes en el confuso panorama de la Historia peninsular del siglo XV. Político hábil y tenaz, además de buen poeta y elegante prosista. Condestable de Castilla, maestre de la Orden de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla.

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  Álvaro de Luna, nacido hacia 1390, en Cañete (Cuenca) fue hijo ilegítimo del noble aragonés Álvaro Martínez de Luna, señor de los territorios de Cañete, Jubera y Cornado y copero mayor de Enrique III, y de María Fernández Jaraba, conocida como La Cañeta o Juana de Uranzadi. La familia Luna siempre tuvo buenas relaciones con la nobleza castellana, en especial con Fernando de Antequera, hecho que proporcionó a Álvaro la posibilidad de engrandecerse en los ambientes políticos de dicho reino; antes de ello, había sido objeto de una notable educación caballeresca, donde demostró su valía tanto en las armas como en las letras, bajo la admonición de un gran protector: Pedro Martínez de Luna (arzobispo de Toledo), su tío-abuelo, coronado Papa en Avignon bajo el nombre de Benedicto XIII.

 El joven Álvaro, a la edad de unos diez años, entró a formar parte del séquito del monarca castellano Juan II como paje y compañero de juegos. Tras servir en la corte en asuntos de poca importancia, contrajo matrimonio en 1419 con su primera mujer, doña Elvira de Portocarrero; un año más tarde hizo su primera gran acción en el denominado Atraco de Tordesillas. La influencia de los hijos de Fernando de Antequera en la política castellana propició que uno de ellos, el infante don Enrique, efectuase un ataque por sorpresa a la Guardia Real establecida en Tordesillas y tomase prisionero a Juan II. Álvaro de Luna, con la ayuda de la familia de su esposa y de las tropas de la Hermandad concejil de Toledo, consiguió huir con el rey de su prisión en la ciudad toledana de Talavera de la Reina para hacerse fuerte en el inexpugnable castillo de Montalbán. A raíz de ello fue nombrado conde de San Esteban de Gormaz y recibió, por los excelentes servicios prestados a la corona, entre otros bienes, los señoríos de Gormaz y Ayllón. El poder de Álvaro de Luna se vio nuevamente favorecido en 1423, año en el que fue nombrado Condestable de Castilla en sustitución del defenestrado Ruy López Dávalos, antecesor suyo en el cargo acusado de aragonesista. Desde la condestablía de Castilla, Álvaro de Luna no dejó de aumentar su poder y de sostener la política del reino a modo de valido con la anuencia de Juan II, monarca que prefería la literatura y las artes a las complejas relaciones entre la nobleza y la monarquía.

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 Álvaro de Luna se decantó siempre como el más firme defensor de la monarquía, en contra de una nobleza dominada por las intrigas palaciegas y las conspiraciones, conjuras que amenazaban con destrozar la unión del reino merced a la conjura de los infantes de Aragón. Dicha labor tuvo momentos de gran éxito y otros de rotundo fracaso, como las dos veces en las que fue desterrado por la unión de la nobleza en su contra (1427-1428 y 1439-1441). En su puesto de Condestable, instigó a las tropas castellanas a continuar con la labor de Reconquista del territorio islámico en la célebre campaña de Granada (1430-1431), consiguiendo la victoria en la batalla de Higueruela (1431) y mantener entretenidos a los aristócratas castellanos mientras sus leales se hacía con la maquinaria del poder.

 Pese a todo, la política autoritaria de Álvaro de Luna siempre tuvo enemigos, no sólo los infantes de Aragón, sino también varios destacados personajes de la aristocracia castellana, como el Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, el linaje Pimentel (hasta su matrimonio en segundas nupcias con doña Juana de Pimentel, hija del conde de Benavente, en 1431), los Stúñiga, don Íñigo López de Mendoza (marqués de Santillana) y quizá los dos personajes que precipitaron su triste final: el Príncipe de Asturias, futuro Enrique IV de Castilla, y su valido, don Juan Pacheco, el todopoderoso marqués de Villena. Por contra, Álvaro de Luna contó siempre con el apoyo de familias segundonas que, gracias a su mecenazgo interesado, consiguieron levantar sus linajes por encima de donde realmente les correspondía. Entre los partidarios del condestable se pueden citar a los Carrillo, a los Álvarez de Toledo y a los Guzmán, además del importantísimo apoyo que para su política le prestaban las minorías de judíos conversos, encabezadas por el burgalés Alvar García de Santamaría.

 Unas y otras facciones acabaron por encontrarse en el campo de batalla situado en la castellana villa de Olmedo. El choque, escasamente sangriento, sí tuvo una honda consecuencia política, principalmente porque Alfonso V de Aragón abandonó a su suerte a sus hermanos, y porque una de las escasas muertes que se produjeron fue la del infante don Enrique, por lo que Álvaro de Luna también fue investido (al menos de facto) como Gran Maestre de Santiago, incrementando con el poder económico de dicha orden sus innumerables señoríos, repartidos por las actuales provincias de Madrid, Toledo, Ávila, Cáceres y Segovia.

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Sin embargo, su gloria decayó en apenas ocho años. Tradicionalmente, la caída del poderoso valido se ha explicado por una mera decisión personal de Juan II, cansado de las constantes quejas de la nobleza acerca de la política de su gobernador; incluso se ha especulado con el hecho de que la segunda mujer del monarca castellano, la princesa Isabel de Portugal (madre de la futura Isabel la Católica) fuese la instigadora de la prisión del condestable, pero parece ser que las verdaderas razones fueron la política monetaria del condestable que había provocado su rechazo por la burguesía urbana, que apreciaba claramente que las devaluaciones monetarias estaban hechas con el único y exclusivo motivo de enriquecer al valido y de perjudicar al comercio castellano. Por otra parte, el acaparamiento del poder en sus manos le había hecho perder el apoyo de varios de sus más firmes partidarios, sin olvidar que el constante clima de guerra civil encubierta en Castilla durante todo el siglo XV hacía necesaria una solución.

 Todos estos argumentos fueron hábilmente mezclados y utilizados por la nobleza castellana, que merced a la constitución de la denominada Gran Liga Nobiliaria (Coruña del Conde, 1449), se presentó como paladín de un reino oprimido por el condestable aunque, naturalmente, ello fuese sólo media verdad de la situación real. Con todo, Álvaro de Luna fue hecho prisionero por Álvaro de Estúñiga en Burgos y, tras un proceso carente de toda garantía judicial, fue llevado al cadalso situado en la plaza pública de Valladolid el día 2 de junio de 1453, poniendo fin a uno de los mayores poderes nobiliarios de la Edad Media castellana. 

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Sepulcro de Don Álvaro y su esposa Juana, en la Catedral de Toledo

 Don Álvaro está velado por cuatro caballeros santiaguistas y Doña Juana por cuatro frailes franciscanos

Solo algunos años después, muertos todos los instigadores, su figura fue rehabilitada, trasladándose sus restos a la catedral de Toledo, donde hoy todavía reposan.

 

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 Publicado en el blog «Hidalgos en la Historia» cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/

3 08, 2017

Cuadernos AYALA: “DON JOSÉ JULIÁN DE ACOSTA Y CALBO, EL JOVELLANOS PUERTORRIQUEÑO DEL SIGLO XIX”, de Jaime Alberto Solivan de Acosta

Por |2020-11-13T03:36:43+01:00jueves, agosto 3, 2017|

   Artículo que reproducimos de la prestigiosa revista «CUADERNOS DE AYALA», en esta ocasión: “DON    JOSÉ    JULIÁN    DE    ACOSTA    Y    CALBO,    EL    JOVELLANOS PUERTORRIQUEÑO DEL SIGLO XIX”, de Jaime Alberto Solivan de Acostarecensión realizada por D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila; Marqués de la Floresta y Vizconde de Ayala.

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2 08, 2017

Agradecimiento por el envio del Tomo II de «LA BATALLA» a la «Orden de Caballeros Ballesteros de la Santa Vera-Cruz del Rey Fernando III»

Por |2020-11-13T03:36:44+01:00miércoles, agosto 2, 2017|

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ORDEN DE CABALLEROS BALLESTEROS DE LA SANTA VERA-CRUZ DEL REY FERNANDO III

CABALLEROS DE LAS NAVAS. BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA. Santa Elena

En otra entrada en este blog del pasado mes de Julio, dábamos cuenta de que en fecha 15 de julio de 2017, y en el marco de los actos de conmemoración de la Batalla de las Navas de Tolosa, se presentaba el libro titulado «La Batalla».  Libro, que es el segundo volumen editado de la colección «Tras las huellas de la Batalla de las Navas de Tolosa».

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Este redactor del blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, quiere agradecer el haber recibido en su domicilio, cortesía de la «Orden de Caballeros Ballesteros de la Santa Vera-Cruz del Rey Fernando III»  (CABALLEROS DE LAS NAVAS DE TOLOSA -SANTA ELENA-), y en su nombre D. Nicolás Callejas Sánchez, el TOMO II -ya recibí con anterioridad y tras su publicación en 2015 el TOMO I-.

Dedicatoria del libro a este redactor

Dedicatoria del libro a este redactor

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Diploma Manel

gracias Manel

 

2 08, 2017

Los Ducados Concedidos por los Reyes de España; por el Dr. D. Luís Valero de Bernabé y Martín de Eugenio. Marqués de Casa Real.

Por |2020-11-13T03:36:44+01:00miércoles, agosto 2, 2017|

Artículo para su publicación en el Blog de la Casa Troncal, remitido por el Dr. D. Luís Valero de Bernabé y Martín de Eugenio. Marqués de Casa Real y Honorable Caballero de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

Escudo de armas del Marqués de Casa Real, con la Venera de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

Escudo de armas del Marqués de Casa Real, con la Venera de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

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30 07, 2017

ARMAS DE ALEJANDRO DE FARNESIO DUQUE DE PARMA

Por |2020-11-13T03:36:44+01:00domingo, julio 30, 2017|

ARMAS DE ALEJANDRO DE FARNESIO DUQUE DE PARMA

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Anónimo. Fecha: datado entre 1555 y 1592.

Alejandro Farnesio, el invicto «Rayo de la Guerra» de los Tercios Españoles

El sobrino de Felipe II consiguió recuperar para la causa española los apoyos de los nobles católicos en la interminable guerra que desangró a la Monarquía hispánica en Flandes. Su mayor victoria, el sitio de Amberes, ha pasado a la historia como un prodigio de la ingeniería militar

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Retrato de Alejandro Farnesio por Otto van Veen

 de su amigo Don Juan de Austria y la capacidad diplomática de Luis de Requesens, Alejandro Farnesio congregaba todos los ingredientes necesarios para alcanzar la victoria española en los Países Bajos, donde varias provincias permanecían en rebelión contra su soberano, el Rey Felipe II, desde hacia una década. Solo la interferencia del Monarca, siempre involucrado en una infinidad de frentes, evitó que Farnesio pusiera punto final a una guerra que terminó desangrando al Imperio español. No en vano, además de un héroe de los Tercios Españoles, el hispano-italiano es considerado hoy como uno de los padres políticos de la nación belga.

Aunque fue tratado siempre como un pariente del Rey Felipe II, la sangre de Alejandro Farnesio no era excesivamente azul. Hijo de Octavio Farnesio, nieto del Papa Pablo III –que evidentemente había sido fruto de una relación prohibida–, y de Margarita de Austria, hija bastarda de Carlos I de España, Alejandro pasó su adolescencia en Madrid bajo invitación de su tío materno Felipe II. Tras estudiar en Alcalá de Henares junto al infante Don Carlos  –luego llamado «el Príncipe Maldito»– y de Don Juan de Austria, sus vínculos con la Corona hispánica quedaron fuertemente arraigados. Don Juan y su sobrino, de su misma edad, aprendieron el manejo de las armas juntos combatiendo entre sí a menudo. Los cronistas destacan del hermanastro del Rey su extraordinaria elegancia y agilidad de movimientos en el combate. Alejandro, por su parte, disfrutaba asombrando a los presentes al combatir siempre semidesnudo, sin ningún tipo de protección. Su actuación como comandante –salvo cuando convenía ser templado– también se caracterizó por una exposición temeraria al combate físico en muchas ocasiones.

De Lepanto a la Guerra de Flandes

Las obligaciones con el ducado de su padre, Duque de Parma, le alejaron de la esfera hispánica hasta 1571. Cuando su tío y gran amigo Don Juan de Austria fue puesto a la cabeza de la Santa Liga que pretendía hacer frente a la flota otomana en el Mediterráneo, el sobrino acudió a su lado. Se conocen pocos detalles del ejercicio de Alejandro Farnesio en Lepanto, pero consta que acompañó a Juan de Austria en la galera «La Real». Probablemente, como bisoño en el combate y dadas las circunstancias de la lucha entre galeras, la integridad de Farnesio debió quedar expuesta repetidas veces, el propio Don Juan de Austria estuvo cerca de ser herido y por pocos metros no cruzó acero con el comandante turco. La experiencia del hispano-italiano debió ser similar puesto que las galeras dejaban escaso espacio para guarnecerse de las flechas turcas.

Otra vez alejado momentáneamente de los intereses hispánicos, Alejandro Farnesio fue reclamado por Don Juan de Austria, junto a los Tercios Españoles, para acudir a Flandes en 1578. El héroe de Lepanto, que había tratado de alcanzar una solución por la vía pacífica, acabó pidiendo, hastiado de las falsas promesas rebeldes, el regreso de los tercios. En el primer encuentro, la batalla de Gembloux, 17.000 soldados del bando hispano se impusieron a 25.000 rebeldes. Después de que un capitán español se excediera en sus órdenes y avanzara en exceso, auspiciando que los rebeldes los flanquearan, Farnesio, al frente de la caballería, se encargó de alejar las dudas: «Id a Juan de Austria y decidle que Alejandro, acordándose del antiguo romano, se arroja en un hoyo para sacar de él, con el favor de Dios y con la fortuna de la casa de Austria, una cierta y grande victoria hoy», afirmó Farnesio antes de iniciar la carga que terminó decidiendo el combate. La victoria fue de entidad, con 34 banderas capturadas y 10.000 bajas rebeldes.

Don Juan de Austria, sin embargo, no estaba nada contento con la actuación de Alejandro Farnesio que había arriesgado su vida en las repetidas cargas «como si fuera un soldado y no un general». «El Rayo de la Guerra» replicó a su tío que «él había pensado que no podía llenar el cargo de capitán quien valerosamente no hubiera hecho primero el oficio de soldado». Así lo hizo en posteriores intervenciones, siempre a la vanguardia del ejército, acompañado de la infantería de elite: los soldados castellanos. No en vano, la amistad de Farnesio y Juan de Austria se interrumpió dramáticamente con la inesperada muerte del segundo en Namur. El héroe de Lepanto dejaba tras de sí una carrera militar en ciernes y un rompecabezas en forma de país. Felipe II confirmó a Alejandro Farnesio como gobernador de Flandes, el cual acertaría en las dosis correctas de mano dura y diplomacia. La solución definitiva nunca pareció más cerca que bajo su gobierno.

Dar la vuelta a una situación crítica

Al inicio de su gobierno en Flandes, el panorama era todavía crítico. Solo tres, y parte de una cuarta, de las diecisiete provincias eran leales a la Corona de España y los rebeldes contaban con el apoyo de varias potencias extranjeras, que, como Inglaterra, veían en el conflicto una manera de debilitar al imperio del sur. Lo primero que estimó Farnesio fue continuar con la campaña militar sobre la provincia de Brabante y sus alrededores. Durante el largo sitio a la ciudad de Maastricht al frente de 15.000 infantes y 4.000 caballos, Farnesio –suponiendo poca resistencia– lanzó a la infantería española cuando no habían hecho más que comenzar las obras de asedio contra las fuerzas sitiadas, que rechazaron a los asaltantes con un alto coste en vidas. Entre las bajas se encontraba un pariente de Alejandro Farnesio, Fabio, lo cual provocó la ira del joven general: «Yo voy allá. Yo mudare como general la fortuna del asalto, mudando el orden de asaltar; o como soldado más con mi sangre que con el mando».

Aunque sus oficiales próximos consiguieron que desistiera de sus intenciones –Felipe II le reprendería por su actuación colérica–, no consiguieron apaciguar su determinación e intensifico el asedio. Tras un nuevo asalto, esta vez exitoso, el general Farnesio cayó enfermo de lo que todos suponían la peste, pero se recuperó milagrosamente para nunca olvidar una importante lección de la guerra: las obras de ingeniería pueden reducir al mínimo los riesgos de un asalto. En Amberes, donde volvería a exponer su persona, pondría especial énfasis en este aspecto.

Pero antes de alcanzar Amberes, las prioridades militares tuvieron que retroceder ante las necesidades políticas. Alejandro Farnesio había logrado aunar a las provincias católicas en una misma empresa, la Unión de Arras, cuyo primer punto exigía, de nuevo, la retirada de los Tercios Españoles. Por tanto, el «Rayo de la Guerra» tuvo que conformarse con reanudar las acciones militares –la principal en el asedio de la ciudad de Tournay– al frente de un bisoño ejército formado por tropas locales. Los soldados valones –los católicos– se comportaron con disciplina durante las obras de asedio, pero titubearon a la hora del asalto. Cuando una compañía valona de 50 soldados alcanzó el primer baluarte defensivo, en vez de atrincherarse, los soldados se quedaron festejando la acción y fueron masacrados por los holandeses. Mientras Alejandro Farnesio instaba a los artilleros a a asistir a los asaltantes, una ráfaga de artillería enemiga bombardeo su posición. El «Rayo de la Guerra» apareció debajo de tres cadáveres bañado en sangre, herido en la cabeza y el hombro. Salió vivo por muy poco. Los asaltos posteriores. a su vez, se saldaron con idéntica suerte hasta que la ciudad se rindió más por cansancio que por miedo.

Alcanzado este punto, fueron los propios nobles valones quienes pidieron el regreso de los tercios. Alejandro Farnesio eligió una presa de gran calado para su siguiente movimiento ya con las tropas de élite castellanas a su disposición: Amberes. Una ciudad que a principios de siglo XVI fue la principal urbe de Europa, pero a finales de siglo, tras ser asolada en el famoso saqueo de 1576, había quedado en un segundo plano a nivel económico. No en vano, su otrora esplendor quedaba patente en su sistema de fortificaciones, que no conocía parangón en todo el continente, y tenía por objeto proteger a una población de 100.000 personas. Una presa a la medida de un cazador temerario. Así, 10.000 soldados acometieron una monumental serie de obras orquestados por el general y sus ingenieros. Construyeron un canal de 22,5 kilómetros de longitud para drenar parte de las aguas que rodeaban la ciudad; y levantaron un puente compuesto de 32 barcos unidos entre sí para poder entrar en la muralla principal de Amberes.

El sitio de Amberes, una gesta memorable

Cerca de finalizar las obras del puente, los holandeses lanzaron tres barcos-mina hacia la obra de ingeniería española. Aunque solo uno alcanzó a encallarse contra el puente, la explosión causó la muerte de 800 soldados católicos y la onda expansiva envió a Alejandro Farnesio varios metros despedido. Con todo, las heridas no revistieron gravedad y el ataque no tuvo consecuencias. Nada comparado con el enésimo y último contraataque rebelde que arrojó con furia sus mejores tropas y 160 barcos para evitar la pérdida de la ciudad. El ataque estuvo cerca de alcanzar su objetivo pero de nuevo la infantería castellana, secundada por la italiana, neutralizó la ofensiva. El propio Alejandro Farnesio, con espada y broquel, se unió a la primera línea de combate entonando: «No cuida de su honor ni estima la causa del Rey el que no me sigue» La jornada terminó con los holandeses huyendo en desbandada, muchos barcos encallados a causa de la marea baja, que permitió la captura de 28 navíos enemigos.

Finalmente, en agosto de 1585, las tropas españolas entraron en Amberes. Los gobernadores habían decidido aceptar las generosas condiciones que el general Farnesio planteó, lo cual evitó un nuevo saqueo de la ciudad. La noticia corrió por Europa. «Nuestra es Amberes», anunció un emocionado Felipe II a su hija Isabel Clara Eugenia a altas horas de la noche. Jamás se vio al Monarca tan exultante. «El Rayo de la Guerra», que fue premiado con el Toisón de Oro por Felipe II , continúo con éxito las hostilidades en Flandes los siguientes 7 años, donde su mayor avance fue de carácter político. Para muchos historiadores, lo que hoy conocemos como Bélgica tiene su origen en este periodo, gracias a las maniobras políticas de Farnesio, que bien puede considerarse el padre de la patria belga.

A pesar del esfuerzo, Alejandro se quedó a las puertas de la victoria completa. La impidió Felipe II, siempre empeñado en encontrar empresas mesiánicas  donde arrojar los recursos que tanto se requerían en Flandes. La conquista de Portugal de 1580 obligó a desviar tropas y fondos, la Armada Invencible forzó al ejército de Flandes a abandonar numerosas guarniciones, y, en 1593, la Guerra Civil de Francia se llevó la vida de Alejandro Farnesio que había acudido en contra de su voluntad, mientras sus enemigos aprovecharon para recuperar ciudades en Flandes. El 3 de diciembre de 1593, el general hispano-italiano falleció por hidropesía, tras verse afectada su salud por la herida mal curada de un disparo de arcabuz recibido mientras supervisaba un asedio en la ciudad francesa de Caudebech.

La muerte de Farnesio le ahorró la humillación que Felipe II planeaba contra él. Cansado de las idas y venidas de Flandes a Francia, el sobrino del Rey empleó parte de los fondos reales enviados para la campaña francesa en la de Flandes, donde prácticamente solo las provincias de Holanda y Zelanda permanecían en manos rebeldes. Conmocionado ante tal desafío, el Rey nombró a un sucesor que falleció en el viaje –luego remplazado por el Conde de Fuentes– el 31 de diciembre de 1591 para deponer (y si era necesario arrestar) a su sobrino como gobernador de Flandes. Irónicamente, Farnesio murió antes de enterarse de la cruel decisión del Rey.

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