00

Artículo que reproducimos de la prestigiosa revista «CUADERNOS DE AYALA», en esta ocasión Bicentenario de la Orden del Mérito Naval – Cruz de Distinción de la Marina (1816-2016)»artículo  firmado por D. Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila; Marqués de la Floresta y Vizconde de Ayala.

merito-naval-1816-2016-rgm

Bicentenario de la Orden del Mérito Naval

Cruz de Distinción de la Marina

(1816-2016)

 Luis y Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila

de la Real Academia de la Mar

 

            El pasado 2 de febrero se han cumplido los primeros dos siglos de existencia de la Orden del Mérito Naval, antigua Cruz de Distinción de la Marina o Cruz de Marina de Diadema Real, y parece obligado ofrecer al lector de la Revista General de Marina algunos comentarios sobre esta institución tan añeja y tan propia de la Armada.

            Al tiempo de iniciarse la guerra de la Independencia en 1808, el sistema premial de la Monarquía hispánica estaba preferentemente destinado a recompensar solo a las más altas jerarquías sociales, fuesen civiles o militares: así las Órdenes del Toisón de Oro, de Carlos III, de Santiago, de Calatrava, de Alcántara y de Montesa. Mientras que las clases sociales medias y bajas carecían de toda clase de premio o recompensa, salvo las militares, que contaban con la Medalla de la Real Efigie creada hacia 1630, y con los premios de constancia. Fue durante la campaña contra los franceses cuando los premios militares se hicieron más generales, y pasaron a ser dependientes solo del mérito personal, y no ya de la cuna o del empleo.

            También entonces nació y se difundió la moda de las cruces de distinción, una por cada batalla o acción memorable, que llenaron los pechos de los militares españoles de cruces y cintas, con desagrado de algunos ilustres soldados: la Real Armada no quiso seguir esa moda -aunque en 1808 había creado la Medalla de la Rendición de la Escuadra francesa en Cádiz-, y por eso estableció una sola cruz de distinción como premio general: la Cruz de Distinción de la Marina, creada por el Rey Don Fernando VII el 2 de febrero de 1816, conforme a las consultas que le elevaron el secretario de Estado y del despacho de Marina, don José Vázquez Figueroa, y el Infante Don Antonio María Pascual, almirante general de España e Indias.

merito-naval-1816-2016-rgm1

            El modelo adoptado fue el de una cruz aproximadamente maltesa, esmaltada de blanco para los oficiales y toda en plata para la tropa, con un ancla azul acolada, y en el centro un óvalo rojo con el busto del Rey en oro -y esto es notable, porque denota el recuerdo de la antigua Medalla de la Real Efigie-; en el reverso, el lema Al valor de los Marinos. La cinta era de los colores del pabellón bicolor dado a la Real Armada y a las plazas y fortalezas costeras en 1785, colocado en sentido vertical: rojo-amarillo-rojo, el central de ancho doble que los laterales. También esto es notable, porque confirma la absoluta identificación de la Real Armada con esos colores, como ya se había hecho en las precedentes medallas del Corso Marítimo (1777 y 1810), y de la Rendición de la Escuadra francesa (1808). Por cierto, que este premio pasó pronto a denominarse también Cruz de Distinción de la Diadema Real de Marina, debido a una modificación del modelo de la insignia, a la que se añadió la Corona Real española.

merito-naval-1816-2016-rgm2

            Según el reglamento aprobado por real orden de 6 de enero de 1817, los méritos y servicios imprescindibles para obtener esta recompensa eran los de rendir un buque de iguales fuerzas; sostener un combate obstinado contra fuerzas mayores sin rendirse; mantener un bloqueo impidiendo constantemente las entradas y salidas de los buques enemigos; privar de comunicación una plaza sitiada; remediar averías con facultativa maestría en casos de extremo apuro; verificar navegaciones muy difíciles y peligrosas con feliz suceso; y otras semejantes, calificadas todas debidamente. Además, este premio podía concederse también a los marinos civiles, y a los marinos extranjeros.

            La primera Cruz de distinción de la Marina que se concedió, queremos decir la primera que hemos podido documentar, se data el 9 de abril de 1816, y se dio a don José Mariano Ortega, brigadier de la Real Armada; y la primera dada a oficiales de mar y subalternos -los que después se llamaron clases de tropa, y hoy suboficiales-, se dio en octubre de 1816 a don Juan Nepomuceno Echave, condestable, graduado de teniente de brulote. Las primeras cruces que se dieron a marinos mercantes y a marinos extranjeros, parecen ser las concedidas en septiembre de 1816 a los oficiales portugueses del navío São Sebastião.

merito-naval-1816-2016-rgm3

            Durante medio siglo, la Cruz de Distinción de la Marina, o Cruz de Diadema Real de Marina, alcanzó un gran prestigio corporativo, debido a las estrictas exigencias de su concesión: baste decir que, durante el reinado fernandino, con tantas campañas navales, no llegaron a concederse ni doscientas cruces, incluyendo las muchas dadas a marinos mercantes y extranjeros, y a miembros de los Reales Ejércitos. Y esta misma prudencia y mesura en el otorgamiento de las concesiones parecen haberse observado en todo el reinado de su hija Doña Isabel II.

            Desde pocos años después de la fundación menudearon los intentos (1829, 1832, 1856) de convertir esta cruz de distinción naval en una verdadera Orden Militar, y esos intentos se inspiraron siempre en la antigua y extinguida Orden Militar de Santa María de España, que en el siglo XIII había establecido el Rey Don Alfonso X el Sabio. Tales intentos no se llevaron a cabo hasta que, a consecuencia de la reforma de la Real y Militar Orden de San Fernando por el general O’Donnell en 1862, y la subsiguiente creación de la Orden del Mérito Militar en 1864, la Armada tuvo necesidad de un premio que no se limitase a las acciones de campaña y de valor, sino que fuese más abierto a recompensar servicios más generales.

            La Junta Consultiva de la Armada elevó en 1866 una documentadísima propuesta al Gobierno, redactada por el sabio don Cesáreo Fernández Duro, manifestando el constante deseo de la Armada de contar con una Orden propia para premiar los servicios especiales, e instando a su creación a partir de la reforma y ampliación de la Diadema Real, de cuya insignia se conservarían el lema Al Valor de los Marinos, y la cinta con los colores de la antigua bandera de la Real Armada -que ya para entonces era, desde 1843, la Bandera Nacional-, ampliándose a cuatro grados o categorías. La Dirección del Personal de la Armada informó favorablemente la propuesta, pero cambiando el lema por el de Al Mérito Naval, que por ser más amplio y general serviría también para premiar servicios que no requiriesen de valor personal. Además, ese organismo propuso que esta Orden pudiera concederse también al personal de la Marina civil o mercante. Aprobado el proyecto por S.M. la Reina el 26 de abril de 1865, la Junta Consultiva redactó el reglamento, que elevó al ministro de Marina en 7 de junio de 1865.

            A los pocos meses, un hecho célebre en los anales de la Armada -las brillantes acciones de guerra de la Escuadra del Pacífico contra las repúblicas de Chile y Perú-, y la urgente necesidad de conceder diversas recompensas a aquellos valientes marinos, fue el detonante de la definitiva creación de la Orden del Mérito Naval, llevada a efecto por la Reina mediante su real decreto de 3 de agosto de 1866, firmado en el Real Sitio de San Ildefonso y refrendado por el entonces ministro de Marina, teniente general don Joaquín Gutiérrez de Rubalcava. Apareció publicado en la Gaceta de Madrid el 7 de agosto siguiente, constaba de 13 artículos, y enseguida se imprimió en tirada aparte -con grabados de las nuevas insignias-, para circularlo a toda la Armada.

merito-naval-1816-2016-rgm4

            En su preámbulo, ese real decreto inserta una interesante exposición de motivos, mencionando expresamente que no se trataba de establecer entonces una nueva institución premial, sino tan solo de dar nueva forma y ensanche de la condecoración existente de la Cruz de Distinción de la Marina, pero bajo una nueva faz, y reiterando, al referirse a los servicios especiales de mar o facultativos, que la cruz destinada a premiar semejantes hechos, como queda dicho, no es otra que la creada en 1816, con mayor prestigio…

            En consecuencia, la Orden del Mérito Naval, antes denominada Cruz de distinción de la Diadema Real de Marina, se organizaba a partir de entonces como recompensa especial de los servicios prestados por los Generales, Jefes, Oficiales, Guardias marinas y demás integrantes de los distintos cuerpos de la Armada. La Orden contaría con cuatro clases de cruces: la de primera clase, para distinguir en la Armada a los guardiamarinas, subtenientes, alféreces de navío y tenientes, tenientes de navío y capitanes; la de segunda clase, para tenientes de navío de primera clase y comandantes, capitanes de fragata y tenientes coroneles, y capitanes de navío y coroneles; y la de tercera clase, para los brigadieres, jefes de escuadra, tenientes generales y capitanes generales. La de cuarta clase, denominada gran cruz, se reservaba a los mismos empleos que tenían derecho a la cruz de tercera clase, pero en circunstancias más especiales. Además, para las clases inferiores a la de guardiamarina, se creó una cruz de plata. Los integrantes de los demás Cuerpos de la Armada optarían a dichas cruces según su asimilación a los citados empleos. También los miembros del Ejército, cuando hubiesen prestado servicios a bordo de los buques de la Armada, o en sus instalaciones o comisiones. Por último, también tenían derecho a ellas los marinos mercantes: los capitanes y pilotos podían obtener la cruz de primera clase; y las clases inferiores a la de tercer piloto, la cruz de plata.

merito-naval-1816-2016-rgm5

            Las insignias adoptadas entonces en sustitución de las de la Cruz de Diadema Real no eran del todo diferentes: una cruz latina de oro, esmaltada de blanco, y sobre ella un ancla; en el brazo superior, un pequeño rectángulo de oro para grabar en él la fecha de concesión; y timbrada de una corona real de oro. La cinta bicolor de aquella se mantuvo.

            Las acciones y servicios que daban derecho al ingreso en la Orden, serían las siguientes para los miembros de la Armada:

Primero, las acciones de guerra que se especifican en el reglamento de la cruz de San Fernando, u otras que sin llegar al grado heroico y eminentemente distinguido que se requieren para merecer esta, lo sean sin embargo a juicio del Gobierno, previo informe de la referida Junta.

Segundo, las acciones marineras, en el mismo caso.

Tercero, la redacción de obras originales de reconocida utilidad para cualquiera de los ramos de la Marina.

Cuarto, la economía justificada de gastos en provecho del Erario, comprendiendo a los comandantes que terminen el periodo de mando efectivo del buque que se les hubiere confiado sin que por efecto de su celo haya necesitado obra o reparación de ningún género, ni la necesite al ser relevado, por declaración de los estados de la revista de inspección; y los que, navegando por lo general a la vela, demuestren haber evitado considerable consumo de combustible, no en una navegación, sino en el mismo periodo y obrando dentro de las instrucciones recibidas.

Quinto, el distinguido desempeño de destinos en tierra, especialmente en los Arsenales, del Profesorado en el Colegio Naval y otras Academias o establecimientos científicos, de comisiones diplomáticas y científicas, y de trabajos no previstos que reporten beneficio al buen nombre y fomento de la Armada y al servicio general del Estado.

            Para los miembros de la Marina mercante, los méritos y servicios señalados para la concesión de la cruz eran los siguientes:

Primero, los prestados en buques de guerra o establecimientos de la Marina.

Segundo, el Capitán que con riesgo de su buque auxilie a otro español en varada, naufragio, incendio u otro accidente peligroso de mar.

Tercero, el que en circunstancias de mar y viento que hagan difícil la operación, salve la vida de náufragos españoles con riesgo de la suya.

Cuarto, el que en puerto español bloqueado por el enemigo, logre introducir auxilio de víveres, pertrechos o correspondencia, y el que en las mismas circunstancias salga del puerto con esta última.

Quinto, las acciones marineras especificadas en el reglamento de la Orden de San Fernando, que sin llegar al grado heroico y eminentemente distinguido que se requieren para merecer esa cruz, lo sean sin embargo a juicio del Gobierno, previo informe de la referida Junta.

Sexto, la redacción de obras originales de reconocida utilidad para cualquiera de los ramos de la Marina.

Séptimo, el descubrimiento y situación de escollos en la mar, la rectificación de los inciertos o dudosos, las observaciones y noticias hidrográficas que reportan beneficio a la navegación.

Octavo, el celo por la seguridad y rapidez de la correspondencia pública o de oficio, demostrado en el mando del buque correo por tres años consecutivos sin accidente y habiendo hecho cuando menos seis viajes en menor plazo del señalado en el itinerario oficial.

Noveno, el rendimiento sin accidente de tres viajes

[en] dos días más breve del plazo señalado, verificados en cualquier tiempo.

merito-naval-1816-2016-rgm6

Las primeras concesiones, ciento treinta, tuvieron lugar enseguida, puesto que el 14 de aquel mismo mes de agosto de 1866 la Reina otorgaba diversas cruces a favor de los integrantes de la Escuadra del Pacífico, que se había cubierto de gloria en la expedición a las islas de Chiloé y el combate naval de Abtao (7 de febrero de 1866), en el bombardeo de Valparaíso (31 de marzo de 1866), y en el durísimo bombardeo del Callao (2 de mayo de 1866). Hemos logrado identificar a todos y cada uno de los recipiendarios, que fueron 3 capitanes de navío, 2 capitanes de fragata, un comandante de Infantería de Marina, 17 tenientes de navío, 8 alféreces de navío, dos tenientes de Infantería de Marina, 2 contadores, 4 médicos, 2 capellanes, 94 guardiamarinas, 3 contramaestres y 3 condestables. La primera cruz de 2ª clase se dio al capitán de navío don Miguel Lobo y Malagamba; la primera cruz de 1ª clase, al teniente de navío don Joaquín de la Torre Figueroa; y las primeras cruces de plata, al contramaestre don Antonio Sagristá Fernández y al condestable don Andrés López Parra. Del Cuerpo de Infantería de Marina, recibió entonces la primera cruz de la Orden el entonces comandante don Pedro Pastor Landero.

            La más antigua cruz otorgada a un marino civil parece que fue la de caballero de primera clase que dio la Reina con fecha de 20 de junio de 1867 a don Pedro Sabater García, piloto segundo particular, de la dotación de la goleta de guerra Wad-Ras, y se le premió por sus servicios durante el temporal que sufrió dicho buque en su travesía desde el Río de la Plata al Janeiro, en los días 2, 3 y 4 de agosto de 1866. La primera cruz dada a un marino extranjero fue la cruz de plata que, por los mismos hechos, se dio el 27 de septiembre del mismo año 1867 a mister John Kau Koow (sic), primer maquinista de la citada goleta. Notemos que, en ambos casos, se trataba de personas al servicio de la Armada.

merito-naval-1816-2016-rgm7

            Ya durante el Sexenio revolucionario se concedió la primera cruz de 3ª clase -que entonces era muy rara-: la que correspondió el 11 de enero de 1871 al capitán de navío de primera clase don Jacobo Oreiro y Villavicencio, comandante de Marina del puerto de La Habana. También se dieron entonces las primeras cruces a marinos mercantes y a civiles no vinculados directamente a la Armada: correspondieron a don Salvador Ybáñez, piloto de la matrícula de Villajoyosa (porque en la madrugada del 8 de octubre de 1870 salvó con grave riesgo de su vida la de los náufragos de la fragata inglesa Otodini, que se perdió por un temporal en la rada de Montevideo); y a mr. Auguste Decerf, capitán el puerto de Ismailía (por haber dirigido personalmente el paso de la fragata Berenguela por el Canal de Suez). La primera cruz dada a un miembro del Ejército fue la concedida el 18 de junio de 1869 al comandante don Virgilio Cabanellas Tapia.

            Las primeras grandes cruces o cruces de 4ª clase se retrasaron algunos años desde la reforma de 1866, hasta el 27 de abril de 1870, y curiosamente no se dieron a generales de la Armada, sino a dos civiles de La Habana, don Ramón de Herrera y Sanciprián, Conde de la Mortera, y don Pedro de Sotolongo Alcántara, financieros y armadores, por haber construido a su costa un buque semejante al cañonero Rápido, perdido en un naufragio, y ofrecerlo al comandante general del Apostadero de La Habana -ese buque fue el cañonero Cuba Española-. Desde entonces se han concedido 68 grandes cruces con distintivo rojo y al menos 2606 grandes cruces con distintivo blanco, la última hace pocas semanas, en junio de 2016. Tres de ellas lo han sido a título colectivo: al Excmo. Ayuntamiento de Palos de la Frontera (1959), a la Excma. Diputación Provincial de Pontevedra (1993), y al Excmo. Ayuntamiento de Pontevedra (1993). Hemos formado, y publicaremos pronto, la relación de todos los agraciados.

merito-naval-1816-2016-rgm8

            Las cruces con distintivo rojo, es decir por méritos y servicios en campaña, se crearon en 1869. Las primeras se dieron respectivamente: la gran cruz, al almirante Vigodet (por razón de su cargo). La cruz de 3ª clase, al capitán de navío de primera clase don Victoriano Sánchez Barcáiztegui (por permuta de una de las antiguas cruces blancas dadas por mérito de guerra). La cruz de 2ª clase, al coronel de Estado Mayor don Luis de Cubas (por sus servicios durante un huracán en Batabanó, Cuba). Las cruces de 1ª clase a don Antonio Rovira Revosillas, ayudante de Marina de Torrevieja, y a don Simón de Juan Puigservet, notario de Torrevieja (por sus servicios durante un temporal ocurrido en aquellas aguas a finales de octubre de 1869, que causó la pérdida de once buques); mientras que el primer marino de guerra que tuvo la cruz roja de 1ª clase fue el teniente de navío don Salvador Carviá López, futuro almirante y ministro de Marina-. Las primeras cruces de plata con distintivo rojo correspondieron al contramaestre don Andrés Fernández Alonso, y a los cabos de cañón don Juan Carmona Sanabria y don José Martínez Baeza.

            Las cruces con distintivo rojo se dieron durante todas las campañas que España sostuvo desde entonces en Cuba, Filipinas y África; pero curiosamente apenas se concedieron durante la guerra civil y la posguerra – entonces sí se dieron a marinos mercantes, pero apenas a miembros de la Armada, los que, por imposición reglamentaria, recibieron en cambio abundantes cruces rojas del Mérito Militar-. En los días 10 de enero de 2010 y 26 de octubre de 2011, el Boletín Oficial del Estado publicó respectivamente las concesiones de la Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo a favor de don Lorenzo Vingut Harrington, teniente de Infantería de Marina, y de don Rafael López de Anca García, capitán de Infantería de Marina. El entonces teniente Vingut Harrington, ibicenco, se distinguió en un combate habido en Afganistán en septiembre de 2009; mientras que el capitán López de Anca lo hizo a su vez durante el peligroso rescate de una ciudadana francesa secuestrada por piratas somalíes, en aguas de Yemen, en septiembre de 2011. Ambos son, por ahora, los últimos condecorados con la Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo.

merito-naval-1816-2016-rgm9

            A partir de aquellos años del turbulento Sexenio de 1868-1874, la Orden del Mérito Naval se difundió enormemente y pasó por muy diversas vicisitudes. Pero para no ser prolijos, diremos solo de las principales, que se fechan en 1869 (creación de las cruces con distintivo rojo), 1870 (segundo reglamento), 1891 (tercer reglamento, que creó las cruces pensionadas), 1921 (cuarto reglamento), 1925 (quinto reglamento, con cruces bicolores, derogado en 1931), 1970 (sexto reglamento), 1976 (séptimo reglamento), y 1995 (octavo reglamento, que suprimió los grados intermedios y que introdujo los distintivos rojo, azul, amarillo y blanco), 2003 (noveno reglamento), 2007 (concesión de cruces con distintivo rojo) y 2015 (normas de tramitación y uso de insignias).

merito-naval-1816-2016-rgm10

            Actualmente, la institución premial se rige por ese Reglamento general de recompensas militares promulgado el 1º de agosto de 2003, que en esencia es muy semejante al de 1995; después se han promulgado algunas normas complementarias. Ha perdido el dictado de Orden, y se denomina simplemente Cruz del Mérito Naval -tal y como en sus orígenes, en 1816, se llamó solo Cruz de distinción de la Marina-.

            Notemos que la Orden del Mérito Naval, creada en 1816 y reformada en 1866, no ha sido derogada nunca, por ninguno de los sucesivos regímenes políticos que han regido en España desde aquel ya tan lejano reinado de Don Fernando VII -aunque, eso sí, algunos de ellos han modificado las insignias o las cintas-.

Es una condecoración muy apreciada, no solamente en el seno de la Armada, no solo en todo el ámbito marítimo nacional e internacional, sino por toda la sociedad española.

image001