El presente artículo de D. Federico de Montemayor (Ilustre miembro del Capítulo Noble de Fernando VI) ha sido publicado en la importante revista italiana Il Mondo del Cavaliere, Rivista Internazionale sugli Ordini Cavallereschi (año XV, enero-marzo 2015, número 57).

Esta publicación se encuentra dirigida por Pier Felice degli Uberti, Presidente del ICOC (International Commision on Orders of Chivalry) y es una de las más afamadas, prestigiosas y rigurosas que existen en Europa sobre temas nobiliarios, caballerescos, heráldicos, etc…

UNA CORPORACIÓN NOBILIARIA ESPAÑOLA DE INSPIRACIÓN BORBÓNICA: EL CAPÍTULO NOBLE DE FERNANDO VI

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El contexto histórico de la llegada a España de la Casa de Borbón:

 Durante el último tercio del siglo XVII la Monarquía Universal Española adolecía de graves y crecientes dificultades políticas y económicas. Desde 1665 se sentaba en su trono Carlos II, al que había accedido siendo todavía un niño, razón por la cual hasta 1675 su madre, la Reina viuda Dña. Mariana de Austria, asumió la Regencia.

 Al comienzo de este reinado, España conservaba aún su hegemonía y preponderancia en Europa y en el Nuevo Mundo. Su bandera ondeaba en Flandes, Luxemburgo, Franco Condado, Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, numerosas plazas del Norte de África, inmensos territorios en la América continental, las más importantes y estratégicas islas del mar Caribe y, en el lejano Oriente, en el archipiélago filipino. Sus Tercios de Infantería todavía eran objeto de temor y sus escuadras surcaban todos los mares y océanos del globo. No obstante, la Francia de Luis XIV había salido fortalecida de la Paz de los Pirineos de 1659 y amenazaba las plazas y territorios españoles; Portugal se había separado de la Corona; y las Provincias Unidas de los Países Bajos e Inglaterra se mantenían como los sempiternos enemigos. Por otro lado, hacia 1650 las vetas de plata de Potosí, en Bolivia, comenzaron a extinguirse, por lo que las finanzas de la Monarquía Española decayeron considerablemente.

 Estos factores contribuyeron en gran medida a que el poderío militar español disminuyese y tras dos desafortunadas guerras que culminaron con las paces de Nimega (1679) y de Ryswick (1697). En la década de 1690 el reinado de Carlos II se hallaba en su momento más difícil.

 A todas estas adversidades, se añadía el problema sucesorio. Carlos II no había conseguido tener heredero alguno de ninguno de sus dos matrimonios con María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo. En su testamento de 1696, Carlos II designó heredero al Príncipe Elector José Fernando de Baviera, sobrino nieto suyo. Pero José Fernando falleció a comienzos de 1699.

 Tras su muerte, y ante la evidencia de que Carlos II fallecería pronto, la Corte de Madrid se dividió en dos bandos o facciones que propugnaban diversos sucesores de la Corona. Un grupo, liderado por la propia Reina Mariana de Neoburgo, postulaba la candidatura de su sobrino, el Archiduque Carlos de Austria, hijo del Emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano. El otro, cuya cabeza era el Cardenal Luis Fernández de Portocarrero, Arzobispo de Toledo y Primado de España, era favorable a que el sucesor fuese Felipe de Borbón, Duque de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia.

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 El 1 de noviembre de 1700 Carlos II falleció en el Palacio de El Escorial. Apenas un mes antes, el 3 de octubre, había otorgado testamento, nombrando heredero de todos los reinos de la Monarquía Española al Duque de Anjou, que asumiría la Corona con el nombre de Felipe V, inaugurando en España la Dinastía de Borbón que, todavía hoy, se sienta en el trono.

 La posible unión estratégica entre la España de Felipe V y la Francia de su abuelo, Luis XIV, fue interpretada por las potencias europeas como una alteración del equilibrio estratégico del continente. Inglaterra y las Provincias Unidas no estaban dispuestas a consentir esta posible alianza. El Sacro Imperio Romano se sentía personalmente agraviado en la persona del Archiduque Carlos y temía haber perdido el apoyo de España en su lucha contra los príncipes luteranos de Europa Central. Saboya se encontraba incómoda con la presión francesa en el norte de Italia. Portugal deseaba una España debilitada como garantía de su recuperada independencia treinta años antes.

 Todas estas potencias, a las que se unirían Prusia y muchos estados alemanes, se coaligaron en la Gran Alianza de la Haya de 7 de septiembre de 1701, por la cual no reconocían a Felipe V como Rey de España, en detrimento del Archiduque Carlos, y aunaban sus fuerzas militares para la derrota de España y Francia. A comienzos de 1702, las hostilidades comenzaron en todos los campos de batalla de Europa. Había comenzado la Guerra de Sucesión Española.

 La contienda comenzó con un desarrollo favorable a la Gran Alianza y al Archiduque Carlos. Sin embargo, la situación dio un vuelco favorable a los borbónicos a partir de 1707. Por el Tratado de Utrecht de 1713 se puso fin a las hostilidades y todas las potencias europeas reconocieron a Felipe V como Rey de España, si bien éste debió aceptar unas duras condiciones en cuanto a cesiones territoriales se refiere. La Casa de Habsburgo dejaba de reinar en España para no volver a hacerlo nunca más y comenzaba la era de los Borbones.

 Fernando VI y su reinado (1746-1759):

 El Infante D. Fernando nació en el Alcázar Real de Madrid el 23 de septiembre de 1713, cuarto hijo de Felipe V y de su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya. Por linaje paterno, era nieto del primogénito de Luis XIV de Francia, el Gran Delfín Luis, y de María Ana Victoria de Baviera, hija a su vez de Fernando María de Wittelsbach, Duque Elector de Baviera y de Enriqueta Adelaida de Saboya. Por linaje materno, era nieto de Víctor Amadeo II, Duque de Saboya, que sería Rey de Sicilia (1713-1720) y de Cerdeña (1720-1732), y de Ana María de Orleáns.

 Su infancia fue solitaria e infeliz. Apenas seis meses después de su nacimiento, su madre, la Reina Dña. María Luisa Gabriela de Saboya, falleció. A fines de ese mismo año de 1714, Felipe V volvería a contraer matrimonio, en esta ocasión con Isabel de Farnesio, hija de Eduardo II Farnesio, Príncipe Heredero de Parma, y de Sofía Dorotea de Baviera-Neoburgo. La nueva Reina ejercerá un control férreo y una postergación sobre los hijos de su antecesora, que aventajaban en la línea de sucesión a los que posteriormente tendrá con Felipe V. Esto marcaría el carácter de Fernando durante toda su vida y le haría acumular un profundo resentimiento hacia Isabel de Farnesio.

 El primogénito, Luis, sucedió a su padre a comienzos de 1724. Sin embargo, falleció ocho meses después poniendo fin al reinado más breve de la historia de España y obligando a Felipe V a asumir de nuevo la Corona. La muerte de Luis, que había estado precedida por las de los infantes Felipe (1709) y Felipe Pedro (1719), ambas en la infancia, dejó como único heredero a Fernando, que apenas contaba diez años de edad. Ante esta eventualidad, las Cortes, reunidas en el Monasterio de San Jerónimo el Real, juraron a Fernando como Príncipe de Asturias el 25 de noviembre de 1714.

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 Una vez proclamado heredero, arreglar un matrimonio para el joven Príncipe se convirtió en una verdadera necesidad de estado. A fines de 1714, recién concluida la Guerra de Sucesión, el mapa de las alianzas políticas en Europa había sufrido una profunda alteración y España deseaba recomponer algunas relaciones con otras potencias. Después de algunos infructuosos intentos con la Corte de Viena, Juan V de Portugal dio su conformidad para que su hija, la Infanta Dña. Bárbara de Braganza, se casase con el Príncipe de Asturias. Bárbara era la única hija de Juan V y de María Ana de Austria.

 El matrimonio tuvo lugar el 20 de enero de 1729 en la Catedral de Badajoz. Esta unión supuso un paso decisivo en la mejora de las relaciones hispanoportuguesas, muy deterioradas desde 1640, con la separación de Portugal de la Corona de España, y con la militancia portuguesa en la coalición antiborbónica durante la Guerra de Sucesión. La propia ciudad de Badajoz, ahora escenario nupcial, había sufrido durante la guerra el asedio y el bombardeo de la artillería portuguesa.

 Los nuevos Príncipes de Asturias vivieron sus primeros años de matrimonio en el Alcázar de Sevilla, alejados de la Corte, a instancias de la Reina Isabel de Farnesio. Durante su etapa como heredero de la Corona, Fernando no manifestó ambición política, o impaciencia por suceder a su padre. En estos años se fue cimentando un gran amor entre ambos esposos, sentimiento que perduraría hasta el final de sus días.

 Felipe V falleció el 9 de julio de 1746. A partir de este momento comenzaba el reinado de Fernando VI. Una de las primeras decisiones del nuevo Rey fue la expulsión de la Reina viuda Isabel de Farnesio del Palacio del Buen Retiro y, poco después, su destierro al Palacio de la Granja.

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 Fernando VI no heredó un Reino en paz. Desde 1740 España luchaba en la Guerra de Sucesión de Austria, merced a las ambiciones políticas de Isabel de Farnesio, que deseaba conseguir territorios políticos para sus hijos en Italia. Por la Paz de Aquisgrán de 1748, España obtuvo los Ducados italianos de Parma, Piacenza y Guastella. Desde entonces, Fernando VI consagró su reinado a la paz y no volvió a emprender guerra alguna. Comienza, pues, en España la verdadera era de la Ilustración.

 Concertado el fin de las hostilidades, el Rey encargó las riendas del gobierno al prudente juicio del Marqués de la Ensenada. Más ilustrado que reformista, Ensenada era partidario de toda reforma que redundase en el beneficio del Reino. En el ánimo de Fernando VI y de sus ministros fue forjándose rápidamente la idea de que una larga época de paz redundaría en el mayor beneficio que precisaba en aquel momento la Monarquía. La experiencia reciente demostraba que el reinado de Felipe V había estado jalonado por muchos conflictos bélicos, lo cual había resultado en extremo oneroso para la Real Hacienda. Igualmente, que España se había visto forzada a combatir a menudo en situaciones desventajosas, al carecer de fuerzas de mar y guerra proporcionadas al tamaño de las contiendas. Era, pues, primordial lograr un intervalo de paz suficiente para lograr la suficiente fortaleza económica y militar que posibilitaría seguir siendo una de las naciones preponderantes de Europa. Así, de los trece años de su reinado, Fernando VI mantuvo una política inteligente y pragmática, preservando a España neutral en todo conflicto habido y por haber, durante once, desde la Paz de Aquisgrán de 1748, hasta su fallecimiento en 1759.

 Bajo esta primera premisa de diplomacia, que no de debilidad, fueron desarrollados y ampliados los arsenales de El Ferrol, Cádiz, Cartagena y La Habana, para la construcción de buques de guerra suficientes para la defensa de las costas y del ultramar, la protección del comercio y la formación de potentes escuadras que fuesen oponibles a las de Inglaterra. Fue la creación y mantenimiento de esta gran flota uno de los elementos esenciales que permitieron a España continuar en una posición preeminente en el concierto mundial, así como rechazar con total éxito cuantos intentos practicaron los británicos de arrebatarle su Imperio.

 Obra fundamental del período fernandino fue la acertada política económica, hacendística y de fomento. A partir de 1749 fue acometida la reforma de la Real Hacienda, mediante el establecimiento del catastro de 1752, y del proyecto de contribución única. Otra medida fundamental fue el establecimiento en 1752 del Giro Real, una entidad financiera de interés público intermediaria de todas las transacciones internas y externas, verdadero y primigenio antecedente del Banco de España.

 En cuanto a las medidas de fomento cabría citar la mejora de los puertos del Mediterráneo, en especial de Barcelona y de Palma de Mallorca, así como los de Indias. El inicio de la construcción en 1753 del Canal de Castilla, como arteria fundamental de comunicación y comercio a través de la meseta. Pero, sobre todo, el impulso del denominado navío de registro. Esta innovación mercantil permitió un intercambio más rentable y eficaz, una mayor agilidad de las transacciones y una disminución del contrabando.

 Gracias a Fernando VI fue posible también, en otro orden de cosas, la restauración de las relaciones amistosas con la Iglesia. El Papa Clemente XI había reconocido como Rey de España al Archiduque Carlos de Austria en detrimento de Felipe V, lo que había tensado las relaciones hasta un punto insostenible. Pero la política de moderación de Fernando VI posibilitó el entendimiento con el Pontífice Benedicto XIV, que culminó con la conclusión del Concordato de 1753.

 También el ámbito cultural el de Fernando VI fue un reinado fructífero, al compás de la política ilustrada de sus ministros. Uno de los mayores eventos en este campo, por citar uno, fue la fundación en 1752 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que todavía hoy conocemos.

 Durante todo su reinado estuvo próxima a él Bárbara de Braganza, siempre su apoyo y aliento. Su muerte, ocurrida el 27 de agosto de 1758, fue para el Monarca un duro golpe del que nunca se recuperó. Apenas un año después la seguiría. Fernando VI falleció el 10 de agosto de 1759 en el castillo de Villa Viciosa de Odón. Su hermano Carlos, hasta entonces Rey de Nápoles, regresaría a España para reinar como Carlos III.

 El Capítulo Noble de Fernando VI

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 La corporación fue fundada el 10 de febrero de 2011 por una asamblea de promotores decididos a honrar la figura de Fernando VI y su reinado.

 Considerando todos los antecedentes históricos y la eminente inspiración borbónica de la corporación, sus promotores proyectaron que una alta personalidad de la nobleza española vinculada a la Casa de Borbón asumiese una función representativa. Así, en calidad de Protector Honorario y Diputado Delegado, tuvo a bien dar su aceptación en el momento fundacional, el Excmo. Sr. D. Rafael Melgarejo de la Peña, Duque de San Fernando de Quiroga, Grande de España.

 La vinculación del Duque de San Fernando de Quiroga con la Casa de Borbón resulta notoria. Este título nobiliario, con Grandeza de España como todos los Ducados, fue concedido por Fernando VII el 13 de noviembre de 1815 a D. Joaquín José Melgarejo y Saurín, Brigadier de los Reales Ejércitos, Caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, Caballero de la Orden Militar de Calatrava y Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

 El primer Duque de San Fernando de Quiroga contrajo matrimonio en 1817 con Dña. María Luisa de Borbón y Vallabriga, hija del Infante D. Luis Antonio de Borbón, Conde de Chinchón, sexto hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio. Dña. María Luisa de Borbón fue, asimismo, Dama de la Real Orden de Damas Nobles de la Reina María Luisa.

 La finalidad esencial de la corporación no puede ser otra que la difusión del conocimiento del reinado de Fernando VI, dado su injusto olvido histórico. Pero no se trata de la única. Otros fines serían el fomento de la práctica de las virtudes civiles y cristianas, premiando las más significativas; labores benéficas y asistenciales; etc…

 En cuanto a la forma de ingreso en la corporación, puede hacerse en la clase ordinaria o en la extraordinaria. En la clase ordinaria, pueden ingresar personas españolas o extranjeras en dos categorías, a saber, Justicia y Mérito. Para el ingreso en la categoría de Justicia se ha de estar en posesión de título nobiliario español o Grandeza de España, probar la hidalguía o nobleza del linaje de varonía, ser Caballero de la Orden del Toisón de Oro, estar en posesión de la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, u otros supuestos tradicionales de nobleza de sangre y de privilegio que sean aceptados por la Diputación. En el caso de los extranjeros, pueden alegar una prueba de nobleza que sea aceptada por el estamento nobiliario en sus países de origen. Por su parte, para el ingreso en la categoría de Mérito, pueden ingresar aquellas personas que, a juicio de la Diputación, acrediten suficiente mérito y virtud personal a nivel social, académico, profesional, cultural, humanitario, o en otros ámbitos.

 Una vez que se ingresa en la categoría de Justicia o de Mérito, se recibe una de las dos condecoraciones que la Diputación otorga. La Cruz, en los casos usuales, y la Placa, cuando tanto la nobleza como los méritos alegados son extraordinariamente relevantes. Conviene señalar también que la Placa de Justicia es la condecoración habitualmente reservada a los poseedores de títulos nobiliarios.

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 Caso diferente es el de la clase extraordinaria. En esta clase no existen diferentes categorías, como la de Justicia y la de Mérito, ni varias condecoraciones, como la Cruz y la Placa. Es una clase única para la que la Diputación discierne una sola condecoración: el Collar. El Collar se encuentra reservado exclusivamente para las personas de la más elevada nobleza, Jefes de Casas Reales y altas dignidades de la Iglesia Católica. Para preservar su exclusividad, su atribución se halla limitada por un estricto numerus clausus de veinticinco concesiones.

 La corporación ha venido desarrollando de manera continuada y satisfactoria los fines para los que fue creada y se ha situado en el panorama nobiliario español e internacional, pudiendo contar entre sus miembros a destacadas personalidades de la realeza, la nobleza y la Iglesia Católica. Así, entre otros, han recibido el Collar las siguientes personalidades:

 ● S.A.R. D. Duarte Pío de Braganza, Duque de Braganza, Jefe de la Casa Real Portuguesa.

 ● S.A.R. D. Enrique de Braganza, Duque de Coimbra e Infante de Portugal.

 ● S.A.R. Víctor Manuel de Saboya, Duque de Saboya y Príncipe de Nápoles, Jefe de la Casa Real de Saboya.

 ● S.A.R. Emmanuel Filiberto de Saboya, Príncipe del Piamonte y de Venecia.

 ● Su Exca. Rvdma. D. Julián Barrio y Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela.

 ● Su Exca. Rvdma. Jules Mikhael Al Jamil, Procurador ante la Santa Sede del Patriarcado de Antioquía de los Sirios (†).

 ● S.A.R.I. Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena y Salm Salm, Archiduque de Austria, Príncipe de Toscana y Príncipe Real de Hungría.

 ● S.A.R. Davit Bagrationi Mukhran Batonishvili, Jefe de la Casa Real de Georgia.

 ● Su Exca. Rvdma. D. Jorge Ferreira da Costa Ortiga, Arzobispo de Braga.

 ● Su Exca. Rvdma. D. Manuel Antonio Mendes dos Santos, Obispo de Santo Tomé y Príncipe.

 ● Su Exca. Rvdma. el Dr. Bruno Platter, Gran Maestre de la Orden Teutónica del Hospital de Santa María de Jerusalén.

 ● Excmo. Sr. D. Rafael Melgarejo de la Peña, Duque de San Fernando de Quiroga, Grande de España.

 Igualmente, la nómina de agraciados con la Placa de Justicia, entre otros, está formada por las siguientes personalidades:

 ● S.A.R. Eudes de Orleáns, Duque de Angulema.

 ● S.A.R. Marie Liesse de Rohan-Chabot, Duquesa de Angulema.

 ● Excmo. Sr. D. Luis Jaime de Carvajal y Salas, Duque de Aveyro, Marqués de Puerto Seguro, Grande de España.

 ● Excmo. Sr. D. Juan Manuel Mitjans y Domecq, Duque de Santoña, Grande de España.

● Excmo. Sr. D. Cristóbal Colón de Carvajal y Gorosábel, Duque de Veragua, Grande de España, Marqués de la Jamaica, Almirante de la Mar Océana, Adelantado Mayor de las Indias.

 ● Excmo. Sr. D. Juan Pedro de Soto y Martorell, Marqués de La Lapilla, Grande de España.

 ● Excmo. Sr. D. Carlos Gereda y de Borbón, Marqués de Almazán.

 ● Excmo. Sr. D. José María Horrillo y López del Rey, Marqués de Vivanco.

 ● Excmo. Sr. D. Fernando Molina y Alcalde, Conde de Quinta Alegre.

 ● Excmo. Sr. D. Fernando María Musoles y Martínez-Curt, Barón de Campo Olivar.

 También han sido condecorados con la Placa de Justicia, a nivel internacional, otras personalidades del panorama nobiliario.

 Por Portugal, la han recibido el Excmo. Sr. D. Lourenço Manoel de Vilhena, Conde de Vila Flor y Duque da Terceira y el Excmo. Sr. D. João Vicente de Saldanha Oliveira e Sousa, Marqués de Rio Maior.

 Por el Reino Unido, lord Henry Herbert Kitcher, Conde Kitchener de Jartum y Vizconde de Broome (†), lord Simon Abney Hastings, conde de Loudun.

 La insignia de la corporación es una cruz patada de gules fileteada de oro, cargada al centro de cuatro espadas también de oro y de un medallón de lo mismo con una efigie laureada del Rey Fernando VI.

 Su representación en las diversas condecoraciones es diferente según de la que se trate. La Cruz de Justicia es la cruz corporativa pendiente de una cinta grana con dos filetes blancos y que se ostenta en el lado izquierdo del pecho. La Placa de Justicia, es la misma cruz, colocada sobre un rafagado de oro. Por su parte, la Cruz de Mérito es igual que la de Justicia, si bien en plata, lo mismo que la Placa de Mérito, siendo el rafagado sobre el que se alza, también de plata. La Placa, tanto de Justicia como de Mérito, puede acompañarse de una banda grana con dos files blancos, con una venera con la cruz capitular. En el caso de la Placa de Justicia, la venera de la banda añade un trofeo militar de oro.

 Finalmente, el Collar está formado por diecisiete eslabones unidos por una cadena de oro y rematado en la cruz corporativa.

 La Corporación mantiene en internet la siguiente página web, a través de la cual puede contactarse:

 http://www.capitulonoble.org/