Artículo de fecha 22-04-2016 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 55 libros y más de 700 artículos.

 Diego Hurtado de Mendoza. I Duque del Infantado y II Marqués de Santillana

 La familia Mendoza tuvo unos inicios realmente humildes pues al comienzo eran unos hidalgos vascos, dispuestos a ascender aprovechando las luchas, los casamientos y el favor real, dueños de una torre en una pequeña aldea de Álava: Mendoza, situada cerca de Vitoria.  Uno de sus miembros destacados fue Don Diego Hurtado de Mendoza, primer Duque del Infantado y segundo Marqués de Santillana.

 El pacto entre los Mendoza, los Haro y los Hurtado, a través de diversos matrimonios, elevaron el estatus de esta familia. Emigrados y asentados en Guadalajara en el Siglo XIV, los Mendoza fueron aumentando sus posesiones siendo señores de Hita, Buitrago (mayorazgos en 1380), Guadalajara , el Real de Manzanares (1383), y luego de Colmenar, Liébana, Tendilla (1395), Señores (por matrimonio) de los Estados de las Asturias en Santillana (Santander, 1445) y otros lugares de Castilla e incluso del Reino de Aragón. Alrededor de Mendoza (Alava) sus dominios constituían las «Tierras del Duque» (por el Duque del Infantado).

I Duque del Infantado (Museo del Prado)

I Duque del Infantado (Museo del Prado)

Son miembros destacados de este linaje Pedro González de Mendoza (1340-1485), Diego Hurtado de Mendoza (1365-1404), Íñigo López de Mendoza (1398-1458), Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares, Pedro González de Mendoza (1428-1494), llamado el cardenal Mendoza, y Diego Hurtado de Mendoza y Suárez de Figueroa (1415-1479), el primer Duque del Infantado.  Don Diego Hurtado de Mendoza, nacido en Guadalajara hacia1415, era el primer hijo y heredero de Don Iñigo López de Mendoza (primer Marqués de Santillana) y de Doña Catalina Suárez de Figueroa, y fue llamado como su abuelo. Fue, pues, el segundo marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares, donde falleció en su castillo en el año 1479.

 El Rey Enrique IV no se llevaba bien con Diego y aunque primero le expulsara de Guadalajara en 1459, le concedió en 1460 el título de Conde de Saldaña para los primogénitos de su Casa (en pago al apoyo de los Mendoza) volviendo Diego a Guadalajara en 1462. Diego también luchó en la frontera de Granada.

 Como todos los Mendoza fue primeramente partidario y guardián de la princesa Juana «la Beltraneja», pero tras el nombramiento de su hermano Pedro como Cardenal éste se decantó en 1473 hacia el bando de Isabel y Fernando, y tras unas entrevistas secretas con Fernando e Isabel, Diego pasaría con toda su familia, en mayo de 1474, a apoyar a los futuros Reyes Católicos. En estos «tejemanejes políticos» Diego siguió la línea marcada por su hermano el Cardenal Pedro de Mendoza.

Palacio del Infantado, antes de su restauración tras la Guerra Civil

Palacio del Infantado, antes de su restauración tras la Guerra Civil

En la guerra civil por la sucesión al trono al morir Enrique IV, su actuación, fue agradecida por la Reina Isabel. Por ello unió en 1475 al título (y las riquezas) de Marqués de Santillana el de Duque del Infantado, que posteriormente formaría parte de la llamada «Grandeza de España de Primera Clase». El título completo es «Duque de las Cinco Villas del Estado del Infantado», destacando entre esas villas las de Alcocer, Salmerón y Valdeolivas. La divisa de los Duques era «Dar es señorío, recibir es servidumbre», indicando que por sus riquezas no necesitaban servir a un señor más alto que ellos para recibir a cambio recompensa alguna. Los Mendoza capitaneados por el duque y el gran Cardenal ayudarían en 1476 a ganar la decisiva batalla de Toro (Zamora).

Castillo de Manzanares el Real (Madrid)

Castillo de Manzanares el Real (Madrid)

  El duque tuvo posesiones tanto en Castilla como en Aragón, pero su relevancia política no es comparable a la de su hermano Pedro (el Gran Cardenal) y su padre. Mejoró el castillo de Manzanares y las posesiones en Guadalajara capital, y fue devoto del Monasterio de Sopetrán. Él y sus descendientes eran, en la práctica, los dueños de la ciudad de Guadalajara, aunque no sus Señores, pues la ciudad era de Realengo. Casó en 1436 con Brianda de Luna, prima del antiguo enemigo de su padre el Condestable D. Alvaro de Luna, con lo que comenzaran a unirse las casas de Mendoza y Luna, pudiéndose contemplar escudos con ambas armas en el patio del Palacio del Infantado en Guadalajara.

Escudos de los Mendoza-Luna

Escudos de los Mendoza-Luna

El escudo de los Mendoza

 Las primitivas armas de este linaje son «una banda de gules perfilada de oro en campo de sinople». A partir de este origen ha habido muchas modificaciones, pero siempre tiene «la banda roja sobre el campo verde»,

 La más famosa modificación fue la que ideara el marqués de Santillana y que se representa en un sello hacia 1440, escudo cuartelado en sotuer: 1º y 4º en campo de sinople una banda de gules perfilada de oro, 2º y 3º en campo de oro la salutación angélica AVE MARIA GRATIA PLENA en letras de sable. El marqués conoció el cuartelado en sotuer durante su estancia de juventud en el reino de Aragón y combinó las armas paternas de los Mendoza con las maternas del «Ave María» de los «de la Vega».

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 La confusión de los apellidos

 El caos que existió en España durante la Edad Media, en el uso de los apellidos hace muy difícil identificar los protagonistas de la historia y establecer las genealogías con resultados satisfactorios. Esta irregularidad llegó a ser casi una anarquía, extendiéndose, no sólo a las familias de rancio abolengo, sino a los estratos sociales más pobres, e incluso a los conversos a la fe cristiana, perdurando también en América hasta bien entrado el siglo XVIII.

 Un típico ejemplo de esta irregularidad de apellidos es evidente en los hijos e hijas de Don Íñigo López de Mendoza (1398-1458), mejor conocido como el marqués de Santillana, y de su esposa doña Catalina Suárez de Figueroa. La sucesión fue la siguiente:

     Diego Hurtado de Mendoza

    Íñigo López de Mendoza

    Lorenzo Suárez de Figueroa

    Pedro González de Mendoza

    Pedro Hurtado de Mendoza

    Juan Hurtado de Mendoza

    Pedro Lasso de la Vega

    Mencía de Mendoza

    María de Mendoza

    Leonor de la Vega

 De todos los hijos mencionados, siete de ellos ostentaban el apellido paterno de Mendoza; dos llevaban el apellido paterno de la abuela, de la Vega; y uno tenía el apellido materno de Figueroa.

 Publicado en el blog «Hidalgos en la Historia» cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/