Artículo de fecha 18-03-2016 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 55 libros y más de 700 artículos.

Lope de Aguirre. Conquistador sin escrúpulos, que se rebeló contra Felipe II

 Lope de Aguirre el conquistador español inmortalizado en las películas «El Dorado» de Carlos Saura y «Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog». Simón Bolívar dijo que la rebelión de Lope de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América. Aguirre se rebeló contra el rey Felipe II, al que envió cartas con un lenguaje correcto pero rebelde. Como consecuencia, él y sus hombres fueron perseguidos a lo largo de miles de kilómetros.

Hidalgo segundón, que, ya que no va a heredar nada y que no tiene nada que perder en la Península, coge por uno de los pocos caminos que les queda a los de su condición social para, como mínimo, conservar lo que los suyos habían conseguido -su estatus, su manera de ser y vivir- y, si posible, volver a ascender socialmente: enrolarse para ir a prestar servicios militares en las Indias recién descubiertas. 

 Lope de Aguirre nació en  Oñate (Guipúzcoa) en torno a  1511/1515 siendo hijo segundón de una familia hidalga acomodada, con cierta cultura, posiblemente de familia de escribanos, y murió en Barquisimeto (Venezuela) el 27 de octubre de 1561.

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 Cuando Lope de Aguirre llegó a Sevilla, el Consejo de Indias ponía restricciones y la Casa de Contratación, fundada en 1503, exigía fianzas y otros requisitos para viajar a América. En aquel tiempo llegaban a Sevilla las fabulosas noticias sobre los tesoros del Perú. Hernando Pizarro había llegado con el quinto real del tesoro de Atahualpa. Lope de Aguirre, en plena juventud, pues apenas contaría veintiún años, se encuentra en aquel mundo de aventureros, soldados, mercaderes y ambiciosos de todo orden que esperaba embarcar para América. Las restricciones, como ocurría otras veces, desaparecen, pues Rodrigo Durán, contador de D. Pedro de Heredia, reclutaba hombres para su gobernación de Nueva Lombardía. Entre los 250 escogidos se cree figuraba Lope de Aguirre.

 Pasó al Perú poco después de su descubrimiento, hacia 1536. Participó en la conquista y colonización de varios lugares, pero sobre todo se vio involucrado en las luchas entre los colonizadores españoles; primero en las guerras civiles entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro (1537-1554) y, más tarde, apoyando al virrey Blasco Núñez de Vela en la implantación de las Leyes Nuevas contra la resistencia de parte de los colonos, encabezados por Gonzalo Pizarro (1544-1546).

 Condenado por un juez a ser azotado públicamente por incumplir las leyes que protegían a los indios (1551), persiguió a dicho juez hasta matarle; su fuga de la Justicia cesó en 1554, al acogerse a la amnistía concedida por Pedro de Alvarado a los que se alistaran para luchar contra la rebelión de Hernández Girón.

 En 1559 se encontraba Aguirre entre los soldados de peor fama del Perú, donde era conocido con el sobrenombre de el Loco. Era de corta estatura pero vigoroso, tenía el aire atravesado y arrastraba una cojera, secuela de las heridas recibidas en el campo de batalla. Su mala reputación era para él una especie de gloria, pero para los administradores españoles la presencia de aquel hombre pendenciero e indomeñable suponía un peligro. Por ello se decidió embarcarle con el grupo de agitadores del cual era cabecilla en la primera expedición a tierras lejanas que se dispusiera, para mantenerlo a raya. Y esa expedición fue la que Pedro de Ursúa, del que Aguirre había sido compañero en varios viajes, emprendió con el objetivo de conquistar la legendaria tierra de El Dorado.

 Así, en 1560 se embarcó en la expedición de Pedro de Ursúa en busca de las legendarias riquezas de Eldorado; una flota con centenares de soldados descendió por los ríos Huallaga y Amazonas, sin encontrar rastro de riqueza alguna: el descontento consiguiente fue aprovechado por Lope de Aguirre para organizar un motín, asesinar a Ursúa y tomar el mando de la expedición. Apodado por sus hombres como «El Loco» o «El Tirano».

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Mapa del recorrido, desde los Andes hasta Barquisimeto (Venezuela). La más aterradora aventura americana es el desvío de la expedición a El Dorado. Lope de Aguirre decidió que estaba en el Perú, y ordenó la vuelta.

En lugar de regresar al punto de partida, como pretendía Ursúa, Aguirre continuó el descenso por el Amazonas, en medio de una sucesión de crímenes. En 1561 se rebeló contra el rey de España (a quien hizo llegar una carta) y proclamó a uno de sus colaboradores (Fernando de Guzmán, a quien también mataría poco después) «Príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile»; no sin anacronismo, algunos historiadores han querido ver en este gesto alucinado un precedente de la independencia americana.

Navegó hasta el Atlántico y bordeó la costa hasta Venezuela, con intención de llegar a Panamá, apoderarse de la flota y fomentar una sublevación contra la metrópoli. Allí donde arribaba, Lope se dedicaba al pillaje, saqueando los puertos, quemando todo cuanto se le ponía por delante, llevado de su loca furia. El fraile de la flotilla se permitió aconsejar, suplicar a su capitán que no fuera tan cruel. Aguirre le escuchó atentamente, y lo mandó ahorcar.

De los cuatrocientos hombres que salieron con Ursúa, no le quedaban a Lope más que ciento cincuenta, y de éstos, muchos iban, por días, desertando. Aguirre, al verse sin la tripulación necesaria para sus barcos, les pegó fuego, y luego se refugió, con su hija y algunos compañeros fieles, en las proximidades de Barquisimeto, de Venezuela. Allí, en el campo, en una casa abandonada, Aguirre escribió un memorial a Felipe II, justificándose de sus desmanes, y para dar más fuerza a su documento, lo firmó de esta manera audaz, cínica y absurda: «Hijo de fieles vasallos tuyos vascongados, y yo, rebelde hasta la muerte por tu ingratitud, Lope de Aguirre, el Peregrino».

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Las tropas del rey, al mando del maestre de campo Diego García de Paredes y del capitán Hernando Cerrada Marín, unidas con algunos desertores de Aguirre, fueron acorralando al capitán vasco como a una bestia feroz, para darle muerte. Quebrantado, cercado, cuando se vio irremisiblemente perdido, Lope, sacando su daga, la hundió hasta el puño en el corazón de su hija, que era todavía una niña. No quiero -dijo- que se convierta en una mala mujer, ni que puedan llamarla, jamás, la hija del traidor. Después mandó a uno de sus soldados fieles que le disparara un tiro de arcabuz. Después de muerto le cortaron la cabeza y descuartizaron el tronco, conservándose la calavera en la iglesia de Barquisimeto, encerrada en una jaula de hierro.

 

Publicado en el blog «Hidalgos en la Historia» cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

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