Hemos recibido el núm. 30 de la revista ATAVIS ET ARMIS, órgano de difusión del Gran Priorato de España de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén. Entre los interesantísimos artículos que trae este número hemos decidido, -para empezar- hacernos eco del titulado «LA RELIGIÓN DE LOS HOMBRES HONRADOS», de la autoría del Doctor D. José María de Montells y Galán. 
LA RELIGIÓN DE LOS HOMBRES HONRADOS. 
POR EL DR. D. JOSÉ MARÍA DE MONTELLS Y GALÁN.

Tengo, desde mi más tierna mocedad, fascinación por todo lo militar. Quizá se deba al entusiasmo paterno, que era un enamorado de la historia del Ejército español y se sabía de memoria, miles de acontecimientos, contados con todo lujo de detalles bélicos y humanos.
Sin duda, todo aquello le venía de lo oído a su tío, el Teniente legionario, don Conrado Gimeno Castrillo, un aventurero genial, de quien he escrito aquí y alla (1) que, ya ciego, como consecuencia de sus heridas en la guerra de África, poseía el don de la narración expresiva, unos decires pausados y la palabra precisa. El tío Conrado unía a su condición de militar, su calidad de lazarista. El primero en mi familia en vestir los hábitos de la Orden.
Mi padre, todo hay que decirlo, era un conversador jovial y convincente. Hablar con él, era introducirse en territorios inexplorados y salir persuadido de que podías encontrar la ciudad perdida de Sangri-La, sin problema alguno. Yo conocí, al por menor, el viejo Museo del Ejército del Casón del Buen Retiro, gracias a él.
Mi conocida afición por la uniformología y la pintura, viene de aquellas visitas de la mano de mi padre. Allí aprendí a respetar el glorioso atavío de nuestros soldados. Y desde aquella tuve la tentación de ser militar. No lo fui, lo he explicado en algún que otro sitio, porque, de alférez de complemento de la IPS, condición ésta de la que me siento orgullosísimo, me di cuenta que uno no está hecho para las interminables guardias nocturnas, las marchas sin descanso, la instrucción de orden cerrado… en fin, para todas esas cosas que requieren un sacrificio vocacional del que carezco. Lo he dicho por activa y por pasiva, soy indolente.
Pero, sigo en las mismas: creo que España debe a su Ejército, el reconocimiento de haber sido y ser el más firme pilar de su acción histórica y que todo lo que se haga por divulgar este hecho, es poco. En el Ejército, reside el patriotismo, el honor, la generosidad y el sacrificio, como en ninguna otra institución.
El Teniente Gimeno, en Xauen, 1928.
Por el boletín de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, (en un artículo de su superprotegido Vicedirector, don Manuel Fuertes de Gilbert, el inefable Barón de Gavín) me entero de que existe una nueva Instrucción General procedente del Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) fijando los criterios de uso de las distinciones civiles sobre el uniforme militar. 
 Copio literalmente: El criterio básico sobre el que descansa esta instrucción General es que únicamente las distinciones concedidas con carácter oficial por las diferentes Administraciones Públicas puedan exhibirse sobre el uniforme. Todo ello sin perjuicio de que tal autorización de uso se extienda puntualmente a las insignias de determinadas órdenes de caballería y otras corporaciones históricas, algunas de las cuales han estado muy vinculadas al Ejército de Tierra.
El General Rada Peral con la cruz lazarista sobre su guerrera.
Entre estas últimas figuran las cuatro órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa(2), el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid y la Soberana y Militar Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta, así como otras dieciséis corporaciones, trece de ellas nacidas al mundo del Derecho antes de1931, lo que implica un reconocimiento oficial, al menos, desde la Monarquía de Alfonso XIII.
En su escrito, Fuertes, embalado por el entusiasmo que le produce esta disposición, especifica que éstas son las Reales Maestranzas de Caballería de Ronda, Sevilla, Granada, Valencia y Zaragoza, la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge, el Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña, los Solares de Tejada y Valdeosera, la Real Hermandad del Santo Cáliz, la Real Hermandad de Infanzones de Illescas y el Real Estamento Militar del Principado de Gerona.
Amén de no entender los criterios por los que el JEME haya elegido estas corporaciones y no otras (La Real Asociación de Hidalgos de España, el Real, Ilustre y Primitivo Capítulo Noble de Caballeros de la Merced; Ilustre y Antiquísima Hermandad de Caballeros y Damas Mozárabes de Nuestra Señora de la Esperanza de San Lucas de la Imperial Ciudad de Toledo; la Unión de la Nobleza del Reino de Mallorca; la Real Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano de Zamora, sólo por poner algunos ejemplos) uno no comprende la ofensa gratuita de no incluir en el listado a la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, tan vinculada al Ejército español, a no ser que el JEME haya sido sorprendido en su buena fe. Lo que no me extrañaría nada, dado que entre los supuestos asesores se encuentran significados especialistas que se han caracterizado públicamente por sus posturas nada favorables al Hospital de la Cruz Verde.
A la íntima relación de la Milicia lazarista con el Ejército, ya me referí en otra ocasión(3). También el Marqués de la Floresta expuso en memorable artículo (4) la contribución de la Orden a la victoria del Ejército en la guerra de 1936 a 1939, contra quienes se llamaban a sí mismos, Ejército Rojo. No sé qué pensarían los generales vencedores en aquella de guerra de esta inexplicable decisión del JEME, aunque me lo figuro.
Ni siquiera voy a señalar las nuevas corporaciones caballerescas dignas de toda consideración (la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, el Cuerpo de la Nobleza de Asturias, la Maestranza de Caballería de Castilla y algunas más) también apartadas inexplicablemente, a menos que exista animadversión e intereses creados. Y no lo voy a hacer para que no me acusen de arrimar el ascua a mi sardina, aunque podría hacerlo. Lo que me ocurre que todo esto me parece inaudito y desde luego, injusto e intolerable.
Y que conste que no dudo de la buena intención de su autor oficial, al que habría que avisar que tal Instrucción está en contradicción con la doctrina emanada del Ministerio de Defensa que, aprueba, sin restricciones, salvo las usuales, el uso de las insignias de la Milicia lazarista en el uniforme militar.
El General Hernández Rovira, Comendador de la Orden, vilmente asesinado por ETA.
Alguna vez he citado como ejemplo, al general Juan José Hernández Rovira, apasionado lazarista, vilmente asesinado por ETA en 1994. Siempre que puedo hablo de mi dilecto y admirado amigo, el coronel artillero, don Eduardo Rodríguez Agustín, Presidente del Secretariado de Cámara y Gobierno del Gran Maestre, Gran Cruz de Justicia y formidable caballero lazarista que, a buen seguro, no comulgará con ruedas de molino.
Me he referido a dos brillantes soldados de admirable ejecutoria personal, pero la lista de notables militares de los tres Ejércitos, de la Guardia Civil y de la Policía Nacional que pertenecen al Hospital de la Cruz Verde, sería interminable.

¿Por qué se les afrenta? No lo puedo entender. Así que forzosamente tengo que colegir que toda esta maniobra que, según Fuertes, pone un poco de orden y cordura en el no siempre diáfano panorama de las corporaciones nobiliarias españolas, responde tan sólo a los caprichos nada inocentes ni científicos de los de siempre. (¡¡¡¡Orden y cordura!!! Dicho por un señor como el citado personaje no deja de ser un patético sarcasmo).
El General Saliquet en animada charla con un jerarca italiano, detrás el General Pablo Martín Alonso, ambos con la cruz lazarista.
El general de división de Artillería, lamentablemente ya fallecido, don Juan José Bonal Sánchez, Vicepresidente de la Asociación de Hidalgos, caballero sepulcrista, Gran Cruz de Justicia de nuestra Orden, antiguo Prior del Gran Priorato, nada sospechoso de connivencia con corporaciones de guardarropía me lo advirtió una vez: La envidia es un motor gigantesco que en España mueve voluntades a un nivel inimaginable.
 Eso creo yo.
José María de Montells y Galán.
Portada del último núm.30 de la revista Atavis et Armis.
Notas:
(1) El Blasón del último Condotiero, Revista Iberoamericana de Heráldica nº 3. Madrid. Junio.1994 o en Historia apasionada de la Religión de San Lázaro. Academia Internacional de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Malta. 2003.
(2) El Tribunal Supremo, según sentencia de 28 de noviembre de 2008, ha declarado de manera firme y definitiva que estas cuatro asociaciones civiles privadas, llamadas de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, no pueden ser consideradas en modo alguno herederas, sucesoras ni causahabientes de las antiguas cuatro Órdenes Militares españolas extinguidas desde 1931.
(3) El Ejército español y la Cruz de Sinople. Marzo, 2011. Atavis et Armis nº 23.
(4) La Orden de San Lázaro y el sistema de inteligencia exterior del Gobierno de Salamanca durante la guerra Civil de 1936 a 1939. Julio, 2010. Atavis et Armis nº 21.
(5) Ver mi artículo, Alfonso XIII y el Hospital de la Cruz Verde. Julio, 2010. Atavis et Armis nº 21.